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Full text of "Américo Vespucio"

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LIBRARY 

UNIVE^lTY OF 
CALIFORNIA 



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A1ERIC0 VESPUGIO. 



N SALVADOR & 



«. > 



AUÉR1C0 VESPUCIO 



POR 



GREGORIO PÉREZ GOMAR. 



^rffá(ffir^ 



BUENOS AIRES. 

Imprenta de La Ondina del Plata, 
Santiago del Estero 170. 

-1880. 



ADVERTENCIA. 



El trabajo que ahora ofrecemos al público lo 
emprendimos como un estudio de mera curiosi- 
dad, ya que nos hallábamos en Florencia, patria 
de Américo Yespucio y donde suponíamos debian 
hallarse los datos suficientes para determinar la 
misión que este habia desempeñado en el descu- 
brimiento de América, punto tui someramente 
tratado por los escritores modernos. 

x\l principio hallábamos gran dificultad para 
conciliar las contradicciones que resultaban de la 
comparación de los distintos documentos, hasta 
que el estudio de la carta del mismo Yespucio, 
dirigida á Lorenzo de Medici, comparada con las 
referencias del historiador Herrera, nos dio la cla- 
ve para resolver tan complicadas cuestiones. 

SO 



VI ADVERTENCIA. 

No estábamos aun satisfechos, porque sabíamos 
que el Sr. F. A. de Varnhagen, habia escrito algo 
sobre esta materia, mereciendo su obra tal aprecio 
que por ella fué ennoblecido con el título de Barón 
de Porto Seguro. 

Al fin pudimos ver su obra en la Biblioteca Pro- 
vincial de esta Ciudad y hallamos que no ha tenido 
á su disposición mas datos de los que nosotros he- 
mos consultado. 

Como ha apreciado él esos datos y como los he- 
mos apreciado nosotros, tendrá ocasión el público 
de conocerlo y como llegamos á resultados opues- 
tos, el público también fallará de parte de quien 
está la razón. 

Para el autor brasilero el documento auténtico 
de Vespucio es la carta dirigida á Pedro Soderini, 
Gonfaloniero vitalicio de la Eepública Florentina, 
carta que comprende la relación de los cuatro via- 
jes ó jornadas emprendidas por el explorador flo- 
rentino. Para nosotros el documento digno de fé, 
es al contrario la carta dirigida á Lorenzo de Medici, 
de la cual se encuentra un códice en la Biblioteca 
Kieardiana de Florencia. 

En el Apéndice publicamos ambas cartas, para 
que á mas de las razones que exponemos pueda el 
lector en vista de esos documentos, apreciar mejor 
Ja verdad de éste punto histórico. 



ADVERTENCIA. VII 

Parecerá extraño que después de una vida tan 
contrariada y de decepciones tan amargas, tenga- 
mos valor de hacer un paréntesis á la labor cotidia- 
na para importunar al público pidiendo su atención 
sobre un trabajo literario; pero queremos dar 
una prueba práctica de que la inteligencia no debe 
abatirse jamás y que es en las épocas que le son 
mas adversas, que debe dar señales de existencia. 

Así, si nuestro trabajo no tiene importancia, 
alíñenos habremos dado un buen ejemplo á la 
juventud estudiosa que viene tras de nosotros con 
mayores brios y con mas brillantes luces, pero á 
la cual detiene en "su marcha de progreso el fana- 
tismo político y el mercantilismo de sociedades que 
se hallan recien en estado de incubación, 

Buenos Aires, Octubre de 1879, 



1SO 



AMÉRICO VESPUCIO. 



INTRODUCCIÓN. 

Los mares unen y no separan los Continentes — La navegación 
es tan antigua como la humanidad misma — Europa, tierra de 
promisión de los antiguos — América, tierra de promisión de 
los modernos — Exploración terrestre del Asia — Marco Polo 
— Camino marítimo — Gran problema económico — Grandes 
descubrimien tos . 



Los Océanos que parecen separar los continentes, han 
tenido y tienen al contrario el grandioso destino de facilitar 
su comunicación recíproca; esa gran masa de agua que 
apenas deja sin inundar las elevaciones de la tierra, apare- 
ciendo los grupos de la humanidad refugiados en ellas como 
náufragos de una universal catástrofe, la ha derramado el 
Creador para nivelar las profundidades del abismo y ofre- 
cer el camino mas practicable en todas las latitudes. 

Es sobre la superficie variable, hermosa ó imponente de 
esos mares, que la no menos variable atmósfera de la tierra 
se renueva cotidianamente y el Dios de las energías del 
mundo la distribuye en todas direcciones, ya con la violen* 
cia de los huracanes, ya con la suavidad de las brisas. 

Tres cuartas partes del Globo son necesarias para esa 
asombrosa elaboración, sin la cual no seria habitable y ese 
puñado de seres esparcidos sobre las cumbres superiores 
al nivel de las aguas, puede decir con orgullo que respira 
el álito de la mas gigantesca Creación del mundo. 

Nada es mas seductor que el mar; nadie permanece 
impasible en sus orillas; nadie escucha su murmullo, nadie 

2 



2 INTRODUCCIÓN. 

admira su azulada superficie, nadie gira la mirada en el 
círculo de sus horizontes sin sentirse conmovido y atraido 
con el transporte de una pasión mas sublime que todas las 
pasiones y cuando el cielo se oscurece, cuando el huracán 
se desencadena y terribles ondas se levantan bramando, 
hirviendo y formando en sus cúspides blanca y vaporosa 
espuma, como otros tantos monstruos que escupen con furor 
al firmamento, el alma mejor templada reconooe su miseria 
y su impotencia, y en el momento de encarar el abismo, 
piadosa se eleva á las alturas. 

Asi, aun en el estado mas primitivo, los grupos humanos, 
no han permanecido en las orillas de los mares sin lanzar 
á ellos bajeles mas ó menos poderosos que les trasportasen 
á desconocidas regiones. 

; La civilización, que empieza donde quiera que el hombre 
reposa de su lucha con la naturaleza por haberla ya domi- 
nado; cuando la inteligencia se aclara como un líquido se 
transparenta si no se agita; cuando el pensamiento se 
produce y la razón se eleva; la civilización, que busca 
siempre espacio donde extenderse como la luz, si surgió en 
los mas risueños climas del Asia, preparada por una raza 
poética y vigorosa, no pudo quedar estacionaría, y buscó 
donde esparcirse. 

La Europa debió ser como á su vez lo fué la América, 
la tierra de promisión, y el Mediterráneo el fácil camino 
por donde se llevasen colonias, mercancías y riquezas. Des- 
pués, cuando por esa ley de la continuidad del progreso, la 
Europa superó á todo el mundo en civilización, retornó al 
Oriente su poderosa influencia. 

Las Naciones privilegiadas que se acrecentaban con ese 
movimiento, con ese flujo y reflujo del esfuerzo humano, 
eran ^as que tenían un puerto sobre el Mediterráneo, lá 



INTRODUCCIÓN. 3 

España, la Italia, la Francia. Ellas recogían las riquezas 
del tráfico y hacían tributarias á las otras naciones alejadas 
del gran camino surcado por las naves del comercio. 

Esa marcha retrospectiva, ese reflujo de corriente civi- 
lizadora hizo fijar mas tarde la atención en las riquezas 
del centro del Asia. Ellas eran un miraje encantador, un 
delirio, un sueño, una adivinación del Paraíso y entre otros 
exploradores menos felices, esa fantasía llevó en 1253 al 
veneciano Marco Polo á grandes exploraciones y venciendo 
obstáculos al parecer insuperables, penetró en las regiones 
misteriosas y codiciadas. Muchos años después, en 1295 
regresó con los honores de un gran explorador, pero sin 
poder ofrecer los medios prácticos para establecer un 
comercio fructífero y continuo. Sus relaciones eran como 
cuentos de Hadas; excitaban á la vez la imaginación y la 
codicia, pero no habia mar; el agua no nivelaba el abismo 
para lanzar los bajeles; no habia sino llanuras y montañas 
que exigían mayores riquezas para atravesarlas, que las 
riquezas que pudiese producir el cambio. 

No eran aquellos tiempos como los presentes en que el 
amor á la ciencia es bastante estímulo para armar y dirigir 
expediciones aunque sea al Polo, donde no existen sino 
desiertos y montañas de hielo. Grandes perspectivas de 
riqueza se necesitaba entonces para arrostrar los peligros 
de lo?, mares. 

Pero el explorador veneciano habia dado el primer paso 
de los grandes descubrimientos. 

El objetivo era hallar ricos mercados para el comercio; 
eso estaba ya descubierto ; faltaba solamente el camino que 
á ellos condujese. 

Los antiguos habían navegado alguna extensión de la 
costa de África y se sabia que esa costa se prolongaba ai 



4 INTRODUCCIÓN. 

Sur; pero era todo lo que se sabia aun dos siglos después 
de la exploración de Marco Polo. 

Las Islas Afortunadas, llamadas después Canarias, nabian 
sido descubiertas por algunos viajeros, antes que Betan- 
court las conquistase en 1339 y aunque circulaban noticias 
de otras tierras, nada mas se conocia de un modo positivo. 

Divulgáronse por toda la Europa las relaciones de Marco 
Polo; prisionero de los genoveses y puesto por estos en 
libertad, habia referido, primero de palabra y después por 
escrito, todas las peripecias de su viaje. Eran conocidas 
con el nombre de El Millón de Marco Polo, por las gran- 
dezas que mencionaban. Desde entonces era el gran 
problema económico hallar un paso marítimo á las regiones 
del Oriente. 

El Nuevo Reyno de Portugal con una población marítima 
considerable y en una época de entusiasmo y audacia, en 
que se creía, capaz de todas las grandes empresas resolvió 
buscar el paso á lo largo de la costa de África. 

En sus expediciones sucesivas descubriéronse las Azores, 
las Islas del Cabo Verde y varios puntos de la mencionada 
costa, hasta que Bartolomé Diaz llegó hasta el Cabo de 
las Tormentas, que el Monarca, por una feliz inspiración, 
quiso fuese llamado Cabo de Buena Esperanza. 

Tenian lugar estos sucesos en 1487 quedando recono- 
cida toda la costa Africana hacia el Sur, suspendiendo los 
portugueses sus exploraciones, que diez años después debia 
continuar Vasco de Gama, doblando ese Cabo y realizando 
esa esperanza. 

Pero entretanto un movimiento Geográfico menos em- 
pírico habia tenido lugar y es de ese movimiento que 
vamos á ocuparnos en los Capítulos siguientes. 



AMÉRTCO VESPÜCIO. 



CAPITULO PRIMERO. 



Teoría del descubrimiento — Pablo Toscanelli — El descubrimiento 
de América como revolución geográfica y económica — Teoría de 
Toscanelli — Viaje de circunvalación — Itinerario— Cálculo de las 
distancias. 



En tanto que las imaginaciones se exaltaban con los 
relatos de Marco Polo que suplian entonces la falta de 
amenísimos romances; en tanto que los eruditos discutian 
platónicamente sobre las comarcas descubiertas que ensan- 
chaban el horizonte geográfico de la tierra; en tanto que 
los mercaderes sufrían el suplicio de Tántalo conociendo 
riquezas que fueron ignoradas sin poderlas alcanzar, un 
sabio florentino, inspirado en las ideas de Toloméo, pro- 
puso levantar á mas serias consideraciones los descubri- 
mientos del intrépido veneciano y fundar sobre ellas 
sistema cosmográfico que llevase al descubrimiento de 
todo el mundo marítimo y terrestre. 

Muy significativo es este hecho en el descubrimiento de 
América y debe fijarse en él la atención con el deteni- 
miento que merece. En toda revolución es necesario 
buscar primero las ideas que la produjeron y no concretarse 
al hombre ú hombres que fueron sus órganos; asi, la histo- 
ria de la Reforma no es la historia de Calvino y de Lutero 
sino la historia de las ideas que precedieron á esos hombres 
y asi la historia de la revolución francesa es la historia de 
todo el siglo XVIII en que ella se elaboró. 



6 AMERICO VESPUCÍO. 

El descubrimiento de América fué la revolución mas 
universal y mas grandiosa de la época histórica. Para 
ella fué necesario demoler sistemas, destruir errores teoló- 
gicos, levantar teorías nuevas hasta que llevada á cabo, 
resolviese el gran destino de la humanidad. 

Pablo Toscanelli era ese sabio florentino que se afanaba 
por llevar á una asombrosa práctica las teorías de la 
ciencia; pero todo parecia oponerse á su designio; la 
navegación era entonces imperfecta y medrosa y apesar 
de las recientes invenciones de la brújula y del astrolabio 
nadie creía posible aventurarse en el mar, perdiendo la 
vista de las costas, porque el problema de las longitudes 
fluctuaba en perpetuas alternativas, sin salir de la infan- 
cia de tantos siglos. 

Pero estos inconvenientes de la práctica no arredraban 
al teórico, al pensador profundo y como si tuviese el Globo 
en su mano y la verdad á su alcance, entró con la valentía 
del genio, en sus cálculos y deducciones. 

Había Tolomeo e:: tendido su carta del mundo á los ciento 
ochenta grados y en el vacio que esa extensión dejaba, colocó 
una Tierra Incógnita. Pero una tierra incógnita no dá 
idea alguna de su situación, es apenas una X del pro- 
blema de su descubrimiento. 

Esa incógnita había permanecido inabordable; no fal- 
taban quienes la considerasen menos aun que una incóg- 
nita, como un sueño, como una quimera ó sino como 
un problema para cuya resolución faltaban los datos ne- 
cesarios. 

Y sin embargo, la tierra incógnita de Tolomeo que an- 
te la razón aparecía tan poco probable fué para Tosca- 
nelli, en cuya mente estaba ya encendida la inspiración 

y el ansia de lo maravilloso, riquísima mina de conje- 
turas y de luces. 



AMÉRICO VESPÜCIO. 1 

Pensó que aquella tierra que él creía el Catai se ex- 
tendiese hasta el hemisferio opuesto y que tomándose la 
vía de Occidente llegariase pronto á los felices Países 
que descrito había Polo y de los cuales tan distantes es- 
taban aun las flotas de Portugal, errantes por las Occi- 
dentales playas del África y detenidas por accidentes con- 
tinuos. 

Reducíase ya la cuestión á definir la longitud del idea- 
do viaje, cuestión imprescindible no solo para la seguridad 
de los aventureros que arrostrasen esos peligros, sino tam- 
bién para garantía del buen éxito. 

Reeogió el sabio florentino datos é informaciones de 
embajadores, mercaderes y doctos sobre las tierras del 
Oriente; halló todo concordante con la relación de Polo 
y estos resultados prácticos avivaron sus especulaciones 
y sirviéronle de guia para apreciar las longitudes. 

Sobre la certeza del viaje de circunvalación ninguna 
duda podía levantarse, ya que el mismo Toscanelli igno- 
raba como todos, la existencia del Continente America- 
no que oponer debía un insuperable obstáculo al recto 
y marítimo curso desde la Europa á la China y apare- 
cerse con no menos asombro que fortuna. Pero la bre- 
vedad del trayecto ó sea la longitud, era punto dema- 
siado interesante para que descuidase demostrarlo. 

Dibujó con su propia mano una carta náutica donde 
marcó, según él mismo lo dice en la primera de sus 
carta?, iodo el confín oíd poniente partiendo de Islán- 
día al Austro hasta Guinea con todas las Islas que 
encuentránse en ese camino, en cuyo frente al poniente 
hallase dibujado el principio de la India, 

Esta carta importantísima por ser el primer monumento 
del descubrimiento de América no la conocemos sino por 






8 AMÉRICO VESPUCIO. 

las referencias del mismo Toscanelli y de contemporá- 
neos que la vieron y juzgaron. Aseguran estos que 
tenía una graduación y dos escalas, cosa de que carecían 
entonces las cartas geográficas supliéndose en ellas su 
falta, para conocer el derrotero y longitud de los viajes, 
con líneas rectas entre los puntos de partida y de llegada, 
indicándose con un número sobre ellas las millas longi- 
tudinales. 

Esto se vé en la Biblioteca de Santa María Novella 
en Florencia, en una carta del mundo, manuscrita por el 
geógrafo Dati contemporáneo de Toscanelli. Pero sea de 
esto lo que sea, afortunadamente hizo la descripción 
minuciosa de los espacios, de las millas de Lisboa al Catai 
ó tierra incógnita y merced á esta descripción conocemos 
su sistema. 

Además de la situación de la famosísima Isla Antilla, 
de la no menos célebre de Cipango, de la Provincia de 
Mangui, del Catai y de muchos otros lugares de la India, 
veíase en la carta de Toscanelli una línea que dirigién- 
dose hacia poniente de Lisboa á la gran ciudad de Quinzai 
la moderna Hong-Cheu, comprendía veintiséis espacios de 
doscientas cincuenta millas cada uno, estableciendo por 
tanto un intervalo total de seis mil quinientas millas 
entre aquellas dos ciudades, una á la extremidad Occidental 
de la Europa, otra al conocido confín Oriental del Asia, 
abrazando según la expresión del mismo Geógrafo, casi 
la tercera parte de la Esfera, ó una longitud de cérea 
ciento veinte grados; de manera, que sin contar el 
enorme giro de los portugueses al rededor del África, 
su vía oriental de Lisboa á China, era doble de la via 
occidental por él imaginada. 

Suponiendo que las millas de que hablaba Toscanelli 



AMÉRICO VESPUCIO. 9 

fuesen millas Italianas de las que cuatro forman la legua 
portuguesa ó española, he aquí el cálculo de las distancias 
según lo oue respecto á la Antilla, escribía al Canónigo 
Martínez de Lisboa: 

"De esta ciudad, derecho hacia el poniente, hay en 
"dicha carta veintiséis espacios conteniendo cada uno 
"doscientas cincuenta millas hasta la nobilísima Ciudad 
"de Quinzai. Y desde la Isla Antilla, que llamáis vo- 
" sotros de las siete Ciudades, de que tenéis noticia, hasta 
"la nobilísima Isla de Cipango, hay diez espacios que 
"hacen dos mil quinientas millas." 

Con estos datos el cálculo es muy simple. 
Por testimonio de Marco, solo se contaban: 

De Quinzai al Océano 25 millas 

Del Océano á Cipango 1500 " 

Toscanelli pone de Cipango á la An- 
tilla 2500 " 

Luego de Quinzai á la Antilla 4025 " 

Ahora bien, de Lisboa á Quinzai 

según Toscanelli 6500 " 

De Antilla á Quinzai 4025 " 

Luego de Lisboa á Antilla 2475 " 

Tal era el prodigioso itinerario que Toscanelli trazaba 
sobre el Grlobo y la apreciación errónea de su longitud, 
que no podía ser rectificada, desde que solo podía apre- 
ciarse la longitud de las tierras que se extendían al 
Oriente, por los inciertos datos de Polo, que hicieron 
creer que entre Lisboa y la costa Oriental del Asia, 
debía existir una extensión casi de dos terceras partes de 
la esfera y solo una tercera parte de mar, debiéndose aun 
encontrar en ese mar la célebre Atlántida ó Antilla de 
que tanto hablaron los antiguos. 



10 AMÉRJCO VESPUCIO. 

La situación y aun la existencia de esa Isla era tan 
incierta como aquel Cabo ó puerto de Catigara que tanto 
nombró Tolomeo en su Geografía* que tantos descubridores 
creyeron quimérico y que mucho después creyó hallarse 
con el nombre de Caitagora, en el pais de Sin. 

En cuanto al mar que baña esas costas orientales del Asia 
que hoy conocemos con el nombre de Océano Pacífico, 
era designado por Tolomeo con el nombre de Seno Mag- 
no y aun asi se llamó por ürtilio en 1587 en su Tesoro 
Geográfico y hasta en 1618, en la edición de Tolomeo 
hecho por Pedro Best, y como el Cabo de Catigara se 
situaba al Oriente del Seno Magno el cosmógrafo Munstero, 
lo situó al Oriente del Pacífico. 

Había en todo esto una adivinación que asombra por 
mas que se creyese en una extensión espantosa del con- 
tinente Asiático y se desconociese por lo mismo la grandeza 
del Océano Pacífico. 

En cuanto á la época de estos trabajos de Toscanelli 
puede fijarse por la data de la carta que dirigió al Canó- 
nigo Martínez de Lisboa, sobre las Tierras Incógnitas 
en 1474. 

Para el estado de la ciencia en aquellos tiempos el 
sistema de Toscanelli era muy adelantado y puede decirse 
que en la apreciación longitudinal de la misteriosa An- 
tilla había hecho ya el descubrimiento teórico de la 
América y como para este descubrimiento poco importaba 
la extensión del Océano Pacífico y la distancia de Lisboa 
á la costa Oriental del Asia, los errores tremendos en esos 
cáleulos no debían tener fatales consecuencias. 



AMÉRTCO VESPÜCIO. 11 



CAPITULO II. 



Cristóbal Colon — Su residencia en Lisboa — Correspondencia con 
Toscanelli sobre las tierras incógnitas — Época en que resolvió 
llevar á la práctica esas teorías — Viaje á los mares septentrio- 
nales — Proposición al rey de Portugal — Rechazo — Partida á 
España. 



Debe aparecer ahora el mas poético de los personajes 
de la gran revolución del descubrimiento de América, 
aquel que llevaba el nombre simbólico de su colosal 
empresa, Cristóbal Colon, Cristo ferens, portador de la fé 
de Cristo y mensajero de la civilización; personaje legen- 
dario que, por su constancia, por su heroísmo, por las 
visiones de su imaginación, por su esplendorosa fortuna 
y por sus grandes infortunios, por lo brillante de su estrella 
y por lo tormentoso de su ocaso, debía atraer la atención 
de todos hasta olvidar los demás actores del drama. 

Podemos fijar la época del nacimiento de Colon en 
1447. En una carta que escribió á Don Fernando de 
Aragón fechada en 1504, decía:-»-" Y hoy pasa de cuarenta 
años que ando navegando" —En la historia escrita por su 
hijo Fernando, con la autoridad de otra carta suya, se vé 
que empezó á navegar de catorce años de edad; luego 
nació en la época que hemos designado y no en la que 
suponen otros historiadores. 

En cuanto al lugar de su nacimiento es hoy fuera de 



12 AMÉRICO VESPUCIO. 

duda que fué Genova — la soberbia — por mas que se 
hayan disputado su cuna varias ciudades y principal- 
mente Placencia y Cuccaro del Monferrato; pero él 
mismo héroe de la disputa habia fallado la causa de 
antemano llamándose hijo de Genova (1). 

Era Colon de esbelta estatura., de bien formado cuerpo, 
de rostro encendido, de azulados ojos, de rubios cabellos, 
que por las inquietudes del alma bien pronto encanecieron, 
y de expresión altiva y modesta al mismo tiempo. 

El origen de Colon, que ha querido llevarse á la mas 
alta aristocracia, no aparece sino en la mas humilde clase 
del pueblo; pero poco importa saber si el padre de Colon 
tejia paños ó escardaba lanas, basta saber que siendo 
pobre no podia haber dado al hijo esa educación brillante 
que algunos historiadores le atribuyen. Es inverosímil 
también que hubiese estado en la Universidad de Pavía y 
que allí hubiese aprendido letras, cosmografía y náutica^ 
pues habiendo empezado á navegar de catorce años, no 
podia haber tenido el tiempo necesario para adquirir 
tales conocimientos. 

Es indudable que Colon empezó á navegar sin cono- 
cimientos cosmográficos y que solo por sus propios 
esfuerzos llegó á instruirse y á desarrollar su inteligencia., 
en los primeros veinte y tres años que navegó consecu- 
tivamente recorriendo todo el levante y el poniente, como 
dice él mismo en una de 'sus cartas. 

(1) Un erudito notario de Genova certificó que de los libros 
bautismales de San Stefano constaba que nació en esa parroquia 
y del registro de otro notario consta que tenia una casa en el 
Vico de Mulcento, que los monjes de San Stefano le habían dado en 
censo. Este documento se ha encontrado en el archivo público 
de Genova. 



AMÍRICO VESPUCIO. 13 

En 1470 (1) fijó Colon su domicilio en Lisboa, llevado 
sin duda por los atractivos que á los marinos debia ofrecer 
un País donde tantas empresas marítimas se proyectaban. 
Allí relacionóse con los principales hombres de su profesión 
y completó sus veinte y tres años de navegación en excur- 
siones sucesivas, haciendo en 1477 su célebre viaje por 
el Océano septentrional mas allá de la latitud conocida, 
según cuenta su hijo Fernando. Sin perjuicio de estas 
excursiones, Colon tenia su domicilio fijo en Lisboa y 
meditaba en los descubrimientos de Polo y en los viajes 
de los portugueses á lo largo de la costa de África. 

Dentro del periodo de catorce años que se comprende 
entre su llegada á Lisboa y su partida de esa ciudad, 
contrajo matrimonio con Da. Felipa Muniz de Pellestrello, 
y aunque la época de este matrimonio no aparezca con 
precisión, es verosímil que fuese al poco tiempo de llegar 
á Lisboa, pues refiere su hijo D. Fernando que en 1484 

(1) Nada hay como la cronología para rectificar los hechos; si 
Colon nació en 1447, entró á navegar de catorce años y navegó 
veinte y tres años seguidos, suspendió sus viajes en 1484, época 
en que, habiendo ya perdido su esposa y sus esperanzas de pro- 
tección del rey de Portugal, dejó ese país y partió para Castilla. 
Pero si esto se confirma así, se rechaza la pretensión de algunos 
de que en 1475 navegase con la armada Genovesa en el levante 
y aparece mas justificado lo que otros historiadores aseguran, 
esto es; que en 1470 arribó á Lisboa y se estableciese allí, aunque 
desde ese puerto continuase sus excursiones marítimas, para com- 
pletar sus veinte y tres años de navegación. De este modo que- 
dan catorce años de residencia en Lisboa, á lo menos de tener allí 
su domicilio. Esos catorce años son necesarios para que se 
desarrollasen los siguientes sucesos: — I o El matrimonio que 
contrajo — 2 ° El nacimiento de su hijo Diego — 3 ° Su corres- 
pondencia con Toscanelli, y la maduración de sus planes de 
circunnavegación, pues ya hemos dicho que la época de los traba- 
jos del sabio florentino y de su correspondencia con el canónigo 
Martínez de Lisboa y con el padre Ximenez era por el año de 1474. 



14 AMÉRICO VESPUCIO. 

habia ya enviudado, quedándole un hijo llamado Diego, 
eon quien se partió de esa ciudad como en seguida veremos, 
y para poder llevarse consigo al hijo, no podia este ser de 
tierna edad. 

La mujer de Colon era hija de uno de los descubridores 
de las islas Azores y gobernador de Porto Santo, y si á 
esa época este ya no existia, existían su? parientes que 
eran todos navegantes portugueses. 

Es pues probable que Colon aunque ya se hubiera preo- 
cupado antes de llegar á Lisboa con la cuestión de hallar 
él camino marítimo para la India, pensase en ello mas 
seriamente con las relaciones de los marinos portugueses 
con quienes tan íntimamente se hallaba relacionado. Tam- 
bién debía hallarse en relación con el padre Ximenez, 
autor del Qnomone florentino y con el canónigo Martínez, 
hombres doctos en cosmografía y que se hallaban en 
correspondencia con Toscanelli por los años 1473 y 74. 

Este geógrafo dirigió también dos cartas á Colon y copia 
de otra dirigida á Martínez, de modo que es indudable 
que existia comunicación entre todas estas personas y que 
discutían sobre las tierras incógnitas, como se llamaban 
entonces á las islas y costas con las que debia tropezarse 
en el viaje de circunnavegación. 

Cautivóse Colon de las lisongeras demostraciones de 
Toscanelli, apoyadas por los dos sabios expresados, y reco- 
nociendo en esas teorías la fuente de donde emanaban que 
era las relaciones del explorador Marco-Polo, entregóse 
del todo á la lectura de sus viaj es, al extremo que muchos 
considerasen que estas lecturas fuesen la única causa 
impulsiva de sus proyectos. Pero sin las adelantadas 
combinaciones del geógrafo florentino, no hubiese ei 
explorador veneciano despertado en el ánimo de Colon 
sino aspiraciones indefinidas, y su hijo Fernando, mas 



AMÉRICO VESPUCIO. 15 

justo apreciador de los hechos, se refirió á las cartas de 
Toscanelli para rectificar precisamente la decisiva influen- 
cia que tuvierou en la empresa del padre. Cuando 
sigamos la marcha del gran descubridor, haremos notar 
que siguió siempre, como una guia segura, el itinerario 
que le habia sido trazado y que, palpando ya la realidad 
de las cosas, seguia aun con los mismos errores de Toscanelli. 
Otra data imposible de fij ar con certeza es cuando 
Colon dejó de meditar en estas teorías para entrar en la 
resolución firme de emprender sus viajes. Hasta 1474, 
época de la correspondencia con Toscanelli, es decir, 
cuatro años después de su llegada á Lisboa, las tierras 
incógnitas eran aun materia de consultas y discusiones. 
En 1477 emprendió Colon su viaje á los mares septen- 
trionales, apremiado sin duda por necesidades de la vida, 
pero el hecho de lanzarse algo mas allá de lo conocido por 
esos mares, deja sospechar que al mismo tiempo quisiera 
hacer una tentativa de descubrimiento, un examen de 
esas costas, por si existia en esa altura el camino que se 
buscaba. El resultado negativo de esta exploración debió 
afirmar sus convicciones y no es aventurado decir que en 
1478, es decir, á los treinta y un años de edad, Colon 
resolvió definitivamente emprender su viaje y con esa 
actividad que le era característica, se presentase sin mas 
demora á implorar la protección del rey D. Juan II de 
Portugal — Desacuerdan los autores sobre si Colon imploró 
la protección de la empresa primero al monarca portugués, 
á la Señoría de Genova ó al rey de Inglaterra, pero á 
mas de lo ocioso que es esta cuestión, la circunstancia de 
tener su domicilio en Lisboa, con el objeto de tomar parte 
en las empresas marítimas, pone fuera de duda lo que 
hemos asegurado. 



16 AMÉRICO VESPUCIO. 

El historiador portugués Barros, después de hablar de 
las teorías de Colon, dice : — " Tanto importunó al rey que 
" este ordenó fuese examinado su proyecto por Monseñoi 
" Diego Ortiz asociado con algunos pilotos, todos los que 
" hallaron quimérica la empresa ". 

Como las instancias á la Corte van despacio y como 
algún tiempo debiera ser necesario para que Colon ¿m- 
portunase al rey, es verosímil que recien en 1480 tuviese 
este sublime importuno su desengaño y no teniendo ya 
ningún vínculo que le ligase á Portugal, habiendo perdido 
ya su esposa, resolviese partir para Castilla, llevando con- 
sigo á sü hijo. 

De Lisboa (1) siguió Colon directamente á España, 
pues carecía de medios para hacer mas largos viajes, 
valiéndose de su hermano Bartolomé para que fuese á 
implorar la protección del rey de Inglaterra y sin duda 
se serviría de algún otro intermediario ó de misivas epis- 
tolares para entenderse al mismo tiempo con la Señoría 
de Genova. 

Temeroso Colon de que se reprodugese en otras partes 
el rechazo del Rey de Portugal, quiso asegurarse el éxito 
tentando simultáneamente en varias partes su negociación 
reservándose aceptar la mas ventajosa oferta, si mas de 
un gobierno la hiciese. 

(1) Pudro Martire, era un sabio italiano que. como muchos otros 
fué á España en tiempo de los Reyes Católicos; fué historiador 
contemporáneo de Colon y mas de una vez tendremos que con- 
sultarle, pero en este caso nos suscita una duda en vez de 
darnos una luz. Dice que Colon fué á Genova á los cuarenta 
años de edad á ofrecer el descubrimiento al gobierno de esa Re- 
pública; pero habiendo nacido en 1447 tendría 40 años en 1487 r 
cuando se hallaba en España, de donde no consta que saliese 
aiiió para los mares del Occidente. 



AMÉRTCO VESPUCIO. 17 



CAPITULO III. 

Situación de la España — Reinado de Don Fernando y Doña 
Isabel — A narquía — Guerra civil — Fanatismo — Restablecimien- 
to de la Inquisición — Influencia del Clero — Expulsión de los 
judíos y moros — Odios entre España y Portugal. 



Nos es necesario echar una ojeada sobre el País á que 
se dirigía Colon y sobre los sucesos de la época en que 
debía llegar. 

El reinado de Enrique IV, llamado el impotente, ha- 
bía sido funesto para Castilla; él mismo había abierto 
las puertas de la mas escandalosa anarquía rebelándose 
contra su padre. No eran mejores los ejemplos de su vida 
privada; había agotado las fuerzas de su juventud en la 
mas desenfrenada crápula. Sin mas sucesión que su hija 
Juana y aun su legitimidad desconocida al extremo de 
llamarla el pueblo y los nobles la Beltraneja, á causa de 
las intimidades ostensibles de Don Beltran de la Cueva 
con la Reyna, fué este desgraciado vastago en vez de so- 
lución de las cuestiones de sucesión, causa de trastornos 
y de guerras. 

De ánimo débil, pasó por sucesivas humillaciones que 
despretijiaron su autoridad y hacían que tomase colosales 
proporciones la anarquía. Hizo primero reconocer á su 
hermano Don Alfonso como sucesor al trono, cediendo á 
las imposiciones de la nobleza y desconociendo los derechos 
de su hija. 

4 



18 AMÉRICO VESPUCIO. 

Muerto Don Alfonso á los quince años de edad, se hizo 
por las mismas imposiciones, el pacto llamado de los To- 
ros de Guisando, en que fué reconocida su hermana 
Doña Isabel con derecho á la sucesión del trono preten- 
diendo salvar su autoridad, con una clausula por la cual 
esta no se casaría sin asentimiento del monarca. Todos 
estos resultados venian precedidos de intrigas, asonadas y 
crímenes. 

Llegó el descontento al extremo de quererse destronar 
al monarca para levantar á Doña Isabel, como ya una 
facción había proclamado á Don Alfonso, pero la futura 
soberana de España tuvo la discreción de no prestarse 
al movimiento. 

El matrimonio de la simpática princesa con su primo 
el infante de Aragón, Don Fernando, Rey de Sicilia, es 
un idilio que pocas veces ocurre en la crónica de los 
reinos. Don Enrique pretendió que la princesa se casase 
primero con el principe de Francia, después con Pedro 
Girón, altivo y rebelde noble que puso esa condición á su 
sometimiento y por último con el Rey de Portugal. La 
princesa resistió con energía todas estas imposiciones por- 
que amaba á Don Fernando de Aragón y solo con él 
consentiría en un enlace. 

Para evitar las persecuciones é intrigas de la Corte hi~ 
zose venir al Infante secretamente, corriendo serios peligros 
y con la protección de los nobles que le eran adictos en 
Castilla, celebráronse las nupcias que unian por lo pronto 
dos ardientes corazones y que mas tarde debían unir dos 
reinos, formando uno tan grande que en él jamas el sol 
tendría ocaso. 

Muerto Don Enrique IV en Diciembre de 1474 fué, en 
la ciudad de Segovía, proclamada Reyna de Castilla Doña 



AMÉRICO VESPUCIO. 19 

Isabel, no sin que al mismo tiempo ambiciosos viniesen á 
disputarle el trono, so pretesto de sostener la causa de 
Doña Juana. La actividad que en esta lucha demostró 
la nueva Eeyna, probó que ambicionaba ardientemente 
el poder y que tenia grandes aptitudes para sobrellevarlo. 

Doña Juana habíase esposado con Don Alfonso V Bey 
de Portugal y este invadió á Castilla, sostenido por los 
nobles adictos á ella y trabóse una guerra de sucesión 
que probó la impericia militar de unos y otros. Por 
último, vencido el Portugués, retiróse á su Corte y la 
infeliz Doña Juana, después de haber sido heredera de un 
trono, novia de tantos ambiciosos y desposada de un Rey, 
concluyó por buscar la paz del alma en un Monasterio. 

Fallecido en Enero de 1479 el Rey de Aragón Don Juan 
II, fué elevado al trono Don Fernando y produjose así la 
unidad Española. 

En todo este movimiento vése por único actor á la 
casualidad. A Don Enrique sucederle debía su hija 
Juana y en defecto de ella, su hermano Don Alonso, 
joven sensato, que apesar de su corta edad tuvo bastante 
carácter para rechazar mas de una infamia; hubiese sido 
un buen Rey y no llegó á ser sino una esperanza fustrada 
sin que falten historiadores que atribuyan al veneno su 
prematura muerte. En tal caso Doña Isabel hubiese sido 
otra monja como Doña Juana ó hubiese optado por ser 
Reyna de Portugal, casándose con el viejo monarca que 
la pretendía. Entonces la unión de los Reinos de Aragón 
y Castilla efectuado ipsofacto por su matrimonio con el 
Príncipe, no se hubiese realizado, sin que hubiesen tenido 
lugar muchos de los sucesos que vamos á referir. 

Prescott en la historia de los Reyes Católicos, dá al 
reinado de Doña Isabel un origen electoral, cosa que en 



20 AMÉRICO VESPCJCIO. 

verdad no es asi, pues toda la autoridad de Doña Isabel se 
derivó del célebre pacto de los Toros de Guisando, 
infringido no obstante por la misma agraciada en la 
cláusula que exigía la intervención de Don Enrique en 
su matrimonio. Si casualidad fué todo, pocas veces ha 
dado origen á tanto bien y á tanto mal. 

A situación tan espantosa, como la dejada por el reina- 
do que caducaba, requeriase un gobierno enérgico y justo, 
que salvase el principio de autoridad, desconocido por la 
terrible anarquía que destrozaba la Península Ibera y los 
Reyes Católicos, que muchos y muy grandes errores debían 
cometer, eran no obstante justos y enérgicos. 

Todos los historiadores están contestes en el ¿étrico 
cuadro que ofrecía la España al morir Don Enrique. 
La seguridad de las personas y de las cosas era mayor 
entre las hordas salvajes que en. sus campos y aun en sus 
ciudades; los mismos nobles mandaban desde sus castillos 
robar y asesinar á los viajeros; el feudalismo estaba en 
su apojeo; los tribunales por prevaricaciones escandalosas 
ó por miedo no servían sino para alentar la injusticia y 
y el crimen; la industria decaída, el comercio abatido; 
una crisis espantosa á causa de que cada noble acuñaba 
la moneda á su antojo, depreciándose esta al extremo 
de que las transaciones se hacían, como en los tiempos 
primitivos, por trueque ó cambio. 

El Clero era un poder, el único poder, la única autoridad, 
al extremo de que criminales vestían el hábito sin profesar 
para escudarse y quedar impunes. Los maestrazgos de las 
órdenes religioso-militares, recibían del Papa su autoridad; 
no se sometían al Gobierno y acumulaban grandes riquezas. 
En fin, si se quiere una imagen del caos, busquese en esa época 
de la historia de España, sobre todo en Castilla y Andalucía» 



AMÉRICO VESPUCIO. 21 

Los Reyes Católicos acometieron la tarea de domar esa 
anarquía y ya con rigor, ya con blandura; ya confirmando 
fueros y derechos á las ciudades, ya despojando á los nobles 
de sus derechos feudales, ya reconciliando los magnates 
enemistados, ya sometiendo á los que gobernaban por su 
cuenta incluso al altivo conde de Cádiz, ya prestigiando 
los tribunales de justicia, ya reformando los procedimientos 
y leyes civiles; en pocos años, la misma admiración que 
nos ha causado el desquicio del gobierno de Don Enrique, 
nos asalta al ver las reformas obtenidas por los Eeyes 
Católicos. Apesar de su energía, Doña Isabel nada hubie- 
se conseguido sin la unión del Reyno de Aragón ; habíase 
allí refugiado lo mas sensato y patriota de la nación 
Española; su constitución liberal, su riqueza de que era 
emporio el puerto de Barcelona, todo eso reflejaba pres- 
tigio sobre ella y era un contrapeso poderoso; los nobles 
y el pueblo mismo de Castilla, sabían que en un caso 
dado, un ej ército Aragonés vendría á apoyar á la Soberana 
y veasé en esto una demostración de como la anarquía, 
hija siempre de la desmembración social, cesa cuando la 
unidad se restablece. 

Dos episodios citaremos para demostrar que estos So- 
beranos si bien dotados de grandes cualidades, no eran 
aptos para mejorarla situación del Pais. 

Los obispados de España se proveían sin anuencia del 
Soberano, y si los Reyes Católicos reivindicaron ese de- 
recho, no se descubre en ello sino la influencia del Clero 
Español, interesado en esa reivindicación porque era pos- 
puesto por prelados de Roma. Los Reyes estaban sometidos 
á esa influencia al extremo de que el confesor de Doña 
Isabel, nuevamente nombrado, Fray Fernando de Tala- 
vera, cuando por primera vez fué á ejercer su ministerio, 



22 AMÉ RICO VESPUCTO. 

permaneció sentado para escuchar la confesión: — La cos- 
tumbre es — dijo Doña Isabel — que ambos permanezcamos 
arrodillados. — Nó — exclamó el confesor — yo soy ministro 
de Dios y este su tribunal y V. A. debe permanecer de 
rodillas y yo sentado. La Keyna se arrodilló. 

Doña Isabel tenia, no hay duda grandes condiciones 
pero no era superior á su época, estaba muy á su nivel. 
La España debía permanecer siempre con los gérmenes 
de la anarquía, contenidos pero no extirpados; el fanatismo 
debia acrecentarse tanto mas cuanto mas quisiese hacerse 
de la religión elemento social. 

Es asi que el restablecimiento de la Inquisición hizo á 
este poder mas irresistible que en las épocas anteriores. 
Algunos historiadores para disculpar á Doña Isabel dicen 
que fué á requisición del Papa que se hizo este restable- 
cimiento; no hay tal, existen aun los documentos que 
prueban que fué á petición de la misma Doña Isabel que 
se dio la bula que debia levantar en Torquemada, el 
déspota, el tirano mas cruel de los tiempos pasados y 
futuros. 

Estos dos episodios prueban que, ó los Reyes Católicos 
no eran tales como los representa la historia, sino crueles 
y sanguinarios ó que estaban tan dominados por el Clero 
como Don Enrique lo estaba por los nobles rebeldes. 
Destruido un feudalismo, levantaban otro cien veces peor; 
quitada á los nobles la horca y cuchillo, ponian en manos 
de los Inquisidores la tea para encender las hogueras del 
martirio. 

No faltan historiadores que fascinados por el prestigio 
de los grandes acontecimientos que la casualidad hizo 
producir en el reynado de Doña Isabel, quieran atenuar 
esta mancha, echando la culpa á la época. Nó, la moral 



AMÉRICO VESPUCIO. 23 

y la justicia son eternas y no tenemos otra regla para 
juzgar los hechos de cualquier tiempo. No fueron menos 
graves otros errores cometidos por los Reyes Católicos; 
la expulsión de España de los Judios y de los Moros, las 
persecuciones inhumanas contra esos desgraciados, el 
saqueo de sus propiedades, son hechos que bastan para 
borrar la poca gloria que se les atribuye en la unidad 
de España y en el descubrimiento de América. 

La misma guerra contra los Moros refugiados en Gra- 
nada, no se llevaba con tanto celo al principio; fué nece- 
sario que algunos nobles por si y ante si la iniciasen con 
la toma de Alhama, para decidir al Monarca á ponerse en- 
campana y en toda esa guerra cuesta discernir el fanatismo 
del amor patrio. 

Ni faltaron tampoco los estragos de la guerra civil en 
este Reynado. bastando para comprobarlo que citemos el 
movimiento separatista que inició en Galicia el mariscal 
Pardo de Cela, siendo necesario que se enviase allí un 
ejército que sufrió un revez y que no pudo triunfar sino á 
merced de una traición por la cual, aprisionado el separa- 
tista, fué ahorcado sin piedad. 

Tal era la situación en que Cristóbal Colon debia hallar 
á la España, agregando que los antiguos odios entre esa 
Nación y Portugal habian recrudecido con la guerra de 
sucesión de Doña Juana, á causa de la invasión a Castilla 
por el Rey Don Alfonso, en protección de esas pretensiones. 



AMÉRICO VESPUCIO. 25 



CAPITULO IV. 

Los Conventos — Llegada de Colon á él de la Eávila — Opinión de 
algunos autores — Colon en la Corte — Examen de su proyecto 
• — Su rechazo — Nuevas tentativas— Proyecto de marcha — Carta 
del Rey de Francia — Aceptación de su proyecto en principio 
— Inconvenientes en la práctica — Aceptación definitiva del 
proyecto. 



En aquellos tiempos de miseria y de barbarie, trope- 
zábase frecuentemente en España y en Italia con altos 
muros entre los cuales se incrustaba iglesia gótica y en el 
interior de ese recinto hallábase almacenada la abundancia 
y refugiada la ilustración, por lo general teológica, casuí- 
tica, fanática, pero á veces en una celda apartada, como 
un punto luminoso, se escondia bajo el hábito del fraile, 
un sabio ó un artista, único principio vital del porvenir, 
única chispa que algún dia restituyese al mundo los res- 
plandores de la luz. 

Allí se absorbia el sudor de los labradores y de los artesa- 
nos distribuyéndose en cambio á los vagamundos, algunos 
bocados de sopa, ostentación de caridad calculada para 
que se redoblasen las limosnas. 

A la puerta de uno de estos edificios del Monasterio 
de la Rávila, á corta distancia del puerto de Palos, un dia 
canicular en 1484 detúvose un peregrino que conducia un 
niño de la mano. Ni el polvo que cubria su pobre ropaje, 
ni la fatiga retratada en su semblante, ni el dolor que se 
reflejaba en sus ojos, disminuian la nobleza de su porte,— 

5 



26 AMÉRICO VESPUCIO. 

¿Que buscaba ese hombre? — ¿ Era acaso un mendigo? — No 
pedia sino un poco de sombra para reposar y un men- 
drugo de pan para el niño. 

Habia en ese Convento una luz y con ella se descubrió 
lo que buscaba ese viajero en su afanosa peregrinación; 
Fray Juan Pérez de Marchena era uno de esos seres refu- 
giados en el Convento, que vestia el hábito del fraile pero 
que conservaba el corazón y la inteligencia libres del 
fanatismo. Ver al forastero y adivinar en él todo un 
drama interesante, fué la concepción feliz de un momento; 
sin duda pensó que también el Dante, algún tiempo 
hacia, habia buscado igual refugio en Italia. 

El peregrino y el fraile se miraron, se explicaron, se 
comprendieron. 

Ese humilde viajero que hallaba asi hospitalidad y 
apovo, era Cristóbal Colon y el niño, su hijo Diego. 

Algunos historiadores modernos han querido desconocer 
este poético episodio, pretendiendo que Colon desembarcó 
en el puerto de Santa María y que fué hospedado en el 
Palacio del Duque de Medina — Celi, refiriéndose á un 
documento que no citan ni describen. Tal documento 
no puede ser otro que él que se refiere á las relaciones que 
tuvo con dicho Duque mucho después de su llegada á 
España, como mas adelante lo veremos. Por otra parte 
no es verosímil que habiendo salido Colon de Lisboa 
furtivamente, despreciado por la Corte, sin influencia ni 
valimiento alguno, desembarcase en España con el presti- 
gio necesario para hacerse abrir las puertas del Palacio 
del orgulloso Duque y encontrarlo dispuesto a servirlo. 

Todo en el reinado de Doña Isabel debia ser obra de 
la casualidad; Cristóbal Colon rechazado por el Monarca 
de Portugal por importuno, venia á España como vaga- 



AMÉRTCO VESPUCIO. 27 

bundo y como vagabundo llama á las puertas del monas- 
terio de la Kávila donde halla un hombre que lo socorre 
y lo comprende, se encarga de la educación del hijo, lo 
muñe de recomendaciones y lo dirige á la Corte. 

Entre las recomendaciones que llevaba Colon habia 
una para aquel Fray Fernando de Talavera, confesor de 
la Reyna, de que hemos hablado ya y no podia ser mejor 
dirigido el pretendiente que á un hombre que hacia 
arrodillar á sus plantas á Isabel para oir su confesión y 
darle sus consejos. 

Hallábase la Corte en Córdoba y toda la atención era 
absorvida por los cuidados de la guerra contra los Moros 
de Granada. 

El confesor de la Reyna apenas respondió con seca 
urbanidad á la recomendación que se le hacia del marino ; 
ignorante y tan fanático como de cortos alcances, no le 
sirvió como pudo haberle servido. 

Pero Colon estaba ya en camino y supo captarse la 
amistad de otras personas influyentes, entre ellas á Ghe- 
raldoni nuncio del Papa, y á su hermano Alejandro, pre- 
ceptor de los hijos de los Monarcas y por intermedio de 
estos obtuvo una audiencia del Cardenal Mendoza que tanto 
valimiento tenia en la Corte que era llamado la tercer 
potencia. Mendoza debia ser hombre instruido, al menos 
de elevado espíritu, pues escuchó á Colon con atención, 
lo exortó á perseverar en sus planes y obtuvo éste por su 
intermedio una audiencia de los Reyes. 

Colon era elocuente; conocia que para convencer y per- 
suadir es menester hacer vibrar las fibras mas sensibles 
del corazón de su auditorio y halagar sus creencias y aun 
sus preocupaciones. Así pues, á los soberanos de Castilla 
les habló de la gloria de extender sus dominios; excitóles 



28 AMÉRICO VESPÜCIO. 

la avaricia con el acrecentamiento de un comercio riquí- 
simo; pero en lo que insistió mas y con acento profético, 
fué en el triunfo de la fé cristiana, en la conversión de 
millares de idólatras y aun en el rescate del Santo Sepulcro. 
Es probable que Colon creyese en mucho de lo que deeia, 
pero no hay duda que exageraba su fé y su ortodoxismo 
para persuadir. Su larga permanencia en Portugal le 
habia hecho adquirir una pronunciación y un acento mas 
semejante al castellano y su trato con españoles, aun 
antes de llegar á España, le permitia expresarse en ese 
idioma con bastante claridad y elegancia. La impresión 
causada en el ánimo de los Reyes fué favorable, sobre todo 
en Doña Isabel que era mas ambiciosa y mas accesible al 
entusiasmo. 

Pero el proyecto de Colon rozaba con puntos de la fé 
y dado el fanatismo de los Eeyes, no podia ser aceptado 
sin someterlo al examen de peritos. — Pero— ¿Que peritos 
podrian ser en esta materia teólogos y frailes? Compuesto 
este tribunal de esta manera y presidido por el confesor 
de la Eeyna fácil es comprender que el proyecto de Co- 
lon era de ante mano condenado. 

Admitido á exponer y defender su idea ante el areópago 
ortodoxo presentósele otra ocasión de lucir su elocuencia. 
Esta vez expuso todas las teorías de Tolomeo y Toscanelli, 
para demostrar la practicabilidad del viaje y no poco le 
sirvió su erudición en la Biblia para ayudarse á conciliar 
sus errores con los nuevos errores que profesaba. Había 
esta diferencia grandísima entre unos y otros errores; que 
los teológicos cerraban la puerta á todo descubrimiento; 
inmovilizaban, aletargaban, envenenaban la vida como las 
emanaciones de un lago sin corriente, mientras que los 
errores de la ciencia impulsaban al progreso, admitían 



AMÜRICO VESPUCIO. 29 

nuevas hipótesis, se encadenaban con las verdades del por- 
venir. Era una lucha titánica y sosteniéndola Colon era 
ya tan grande y tan digno de la posteridad, como si hu- 
biese realizado ya su descubrimiento. 

Pasaban los meses y los años y el Consejo no expedía 
su dictamen. Entre tanto Colon abría su alma á dulces 
sentimientos y consuelos. Había trabado relación con una 
noble y hermosa dama llamada Beatriz como aquella que 
inspiró al Dante y fruto de estos amores fué Don Fer- 
nando, que mas tarde hizose estimar por sus méritos y 
fué el primer historiador de las hazañas de su padre. Al 
fin en 1491, redoblando Colon sus instancias, obtuvo que 
el Consejo se expidiese, pero éste fallo le fué completamente 
adverso. 

Al recibir esta noticia, experimentó tanta amargura 
que, á no ser los vínculos que lo unian ya á España, la 
hubiera abandonado como abandonó á Lisboa. 

Tentativas infructuosas con algunos grandes personajes, 
entre ellos el Duque de Medina — Celí, lo detuvieron to- 
davía, pero al recibir una carta del Key de Francia que 
lo llamaba, resolvió partirse. Como recordará el lector, 
su hermano Bartolomé gestionaba en Inglaterra la admi- 
sión de sus proyectos y regresando con éxito ó sin éxito, 
había instruido de ellos también al Monarca Francés que 
los aceptó con entusiasmo. 

Partióse pues Colon desandando aquel camino de 
Córdoba á la Rávila que había antes emprendido tan 
lleno de esperanzas. Aquellos para quienes la vida no ha 
sido una continua lucha, que no saben lo que es una es- 
peranza salvadora que se desvanece, que no han contado 
con un recurso único que se pierde, aquellos que no han ido 
á la ilusión y vuelto al descanto por el mismo trayecto, 



30 AMÉRICO VES rucio. 

no podrán hacerse una idea de los tristes pensamientos 
que asaltarían la mente de Colon. 

Por segunda vez llamó á las puertas del convento de 
la Rávila y por segunda vez Fray Juan Pérez reanimó las 
esperanzas del marino. Consiguió que detuviese su via- 
je á Francia, envió á pedir una audiencia ala Reyna, de 
quien habia sido confesor, y una vez obtenida, marchóse 
á la Corte sin detenerse y aun sin esperar el dia para po- 
nerse en marcha. 

Como en todos estos sucesos había algo de providencial, 
la carta del Monarca Francés, vino oportunamente y fué 
sin duda el gran argumento que empleó él de la Rávila 
para convencer á la Reyna. 

El Portugal era odiado por los Reyes y Pueblo Español, 
pero la Francia era mirada con recelo y emulación, sin 
duda desde las guerras de Aragón y de Italia en que Fran- 
cesas y Españoles se disputaban el mas rico girón de aque- 
llos países. Así fué que pensar en que la Francia acogería 
á Colon y podría gozar la gloria de su empresa, despertó 
los celos de Doña Isabel. Se ordenó que Colon regresase 
dándosele seguridad de que sería atendido y adelantándosele 
veinte mil maravedíes para sus gastos. 

Llegó esta vez á la Corte nuestro héroe lujosamente 
vestido y con aire de triunfo y hallándose los Reyes en- 
tonces frente á los muros de Granada, allí se dirigió, 
llegando en el oportuno momento de ser tomada la ciudad 
y estarse celebrando alegremente la victoria decisiva contra 
los Sarracenos. 

Allí tuvo la satisfacción de ver al fin de tantas peripe- 
cias aceptarlo, al menos en principio, la proposición de 
su descubrimiento. 

Delegó la Reyna en varias personas el encargo de tratar 



AMÉRICO VESPÜCIO. 31 

las bases y formalizar el compromiso y otra vez Fray 
Fernando Talavera debía presidir el Consejo. Había éste 
ascendido á arzobispo de la recien reconquistada Granada, 
redoblado su influencia pero también su terquedad y su 
fanatismo. Entre Talavera y Colon existia una antipatia 
bien manifiesta y cuando oyó aquél que éste exigía ser 
nombrado Almirante y Virrey de las tierras que descu- 
briese, asi como la décima parte de los productos, no pudo 
contenerse y exclamó : que no era mal arreglo el asegurar 
dignidades y riquezas sin exponerse á pérdidas, A 
esto contestó Colon que se comprometía á cargar con la 
octava parte del costo de la expedición, obteniendo la 
octava parte de los beneficios. 

La Reyna que en este negocio era siempre de la opinión 
de su confesor, no se opuso al dictamen otra vez adverso 
á Colon, y este, ya en el año de 1492, partióse de la nueva 
ciudad de Santa-Fé para dirigirse á Francia como ya lo 
habia antes pensado. 

Tenía proposiciones ventajosas del Rey de Francia y por 
esta razón no cedia de sus pretensiones; esto estaba pre- 
visto por él, como lo hemos dicho antes, esto es: si sus 
ofertas eran acogidas por dos soberanos, aceptaría la mejor 
proposición. No hay duda que prefería servir á la Es- 
paña porqué en ella tenía ya vínculos y afecciones, pero 
no eran tan poderosas que le impidiesen ir á buscar mejo- 
res condiciones. 

En cuanto á la Reyna había confiado á su Consejo la 
negociación y sus consejeros le hacían creer que Colon 
cedería al fin y aceptaría ir al descubrimiento sin pedir 
honores y cuotas de ganancias. Pero viendo la Reyna que 
se marchaba en verdad, envió á detenerlo por segunda vez 
porque no quería de manera alguna, que fuese la Francia 



32 AMÉRICO VESPÜCIO. 

la que tuviese la gloria de una empresa que aunque no la 
reputase tan colosal corno resultó, creia sin embargo fue- 
se de gran importancia. Así pues todo lo relativo á nobles 
trasportes de parte de Isabel y á la resolución de vender 
sus alhajas si faltasen fondos para la expedición, no es si- 
no fábula inventada para engrandecer á la Keyna, y hacer 
mas decoroso este período de la historia. 

Los fondos de la expedición se sacaron del tesoro público 
de Aragón y del particular de Don Fernando. 

Aceptado en definitiva lo que exigía Colon, firmóse el 
convenio en la ciudad de Santa-Fé, en la Vega de Granada 
en 17 de Abril de 1492. 

Sino fué la Francia la iniciadora del descubrimiento de 
América es debido á dos nobles sentimientos que detuvie- 
ron á Colon, el amor á Doña Beatriz y la amistad de Fray 
Juan Pérez de Marchena, sin lo cual no hubiera regresa- 
do á Córdoba á reanudar sus negociaciones. Sin que des- 
conozcamos la grandeza del Pueblo Español, no hay duda 
que la Francia pudo llevar en el descubrimiento y población 
de la América, elementos sociales mas constitutivos que 
los que llevó aquel Pueblo que se hallaba en esa época, 
en condiciones nada aparentes para la colonización y en 
el cual era constitucional la anarquía y arraigado estaba 
el fanatismo. Tampoco hubieránse reproducido en las 
nuevas colonias de la América del Sur el odio entre Por- 
tugueses y Castellanos y las cuestiones de límites y de 
predominio, hubieránse resuelto con otro espíritu, y otras 
consideraciones. 



AMÉRICO VESPTTCIO. 33 



CAPITULO V. 

Aprestos para la marcha — ¡Á que poco costo adquiría la Espa- 
ña un mundo! — Partida de la expedición — Derrotero — Des- 
cubrimiento — Asombrosos errores — Des nación de la brújula — 
Verdadero descubrimiento de Colon. 



Señalóse el puerto de Palos para armarse y partir la 
expedición que debía lanzarse ai Océano á realizar los en- 
sueños de Colon. Dictáronse todas las providencias ten- 
dentes á facilitar la partida, y aprovechándose la obliga- 
ción en que estaban los habitantes de ese puerto de 
facilitar como tributo embarcaciones y gentes de mar al 
Estado, ordenóse el secuestro de dos embarcaciones y su 
correspondiente tripulación. Los gastos de la Corona pues, 
debian ser bien insignificantes, reduciéndose á la compra 
de víveres y pago de cuatro meses adelantados á los tri- 
pulantes. ¡Á tan poco costo iba la España á adquirir 
un Nuevo Mundo! 

El armamento del tercer buque corría por cuenta de 
Colon y según afirman casi todos los historiadores, sin 
que sepamos la fuente de donde han sacado esto, Martin 
Alonso Pinzón, rico armador del mismo puerto de Palos, 
facilitó los fondos necesarios para tal objeto, resolviéndo- 
se él y su hermano á acompañarle en el viaje, toman- 
do el mando de los buques que debian seguir al Almi- 
rante, nombre con el cual se designó desde entonces á 
Colon. De los tres buques aprestados, solo el que mon- 
taba este: la Santa María tenia cubierta; los otros dos: 
la Pirita, mandada por Martin Alonso Pinzón y la Nina 

6 



3l& AMÉltICO VESPÜCIO. 

por Vicente Yanez Pinzón eran carabelas, no ascendien- 
do todo el personal de la escuadrilla sino á ciento vein- 
te hombres, reclutados por cierto con indecible trabajo. 

El viernes 3 de Agosto de 1492, antes de la salida 
del Sol, zarparon los buques que debian navegar al rum- 
bo que Colon indicase, con la condición de no tocar en 
las islas Azores, de Cabo Verde, costa de Guinea ó cual- 
quier otra colonia portuguesa. 

Desde el primer dia de la navegación el Almirante 
abrió un diario para llevar cuenta de las ocurrencias de 
ella, de modo que esta parte de la historia tiene fuen- 
te segura. En la introducción de ese diario hallamos 
de notable que llamase á los Reyes Católicos Reyes de 
España y de las islas del Mar. — ¿De que islas que- 
ria hablar? — La Antilla según la creencia de la época 
estaba poblada: Cipango y demás islas imaginadas eran 
dependencias de la India y era de suponer que ese gran 
Kan, emperador poderoso, no había de estar muy dis- 
puesto á ceder sus dominios á un puñado de aventureros. 

Tal vez Colon adivinaba la existencia de algunas tier- 
ras inhabitadas ó las suponía tan solo para excitar la 
codicia de los reyes; pero si se recuerda el empeño con 
que exigió ser nombrado Gobernador de dichas tierras, 
es forzoso admitir la primera de esas hipótesis. Sin em- 
bargo poca importancia acordaba á dichas tierras pues 
decía que el objeto principal de su viaje era llevar una 
embajada á aquel poderoso monarca de la India y tra- 
tar de la conversión de los infieles. En corroboración 
de lo dicho, veremos como, al llegar al termino de su 
viaje buscaba mas á aquel Monarca que las tierras in- 
cógnitas. 

Dejando á un lado estas dudas sigamos la narración 



ÁMÉRICO VESPUCIO. 35 

de su viaje. Llegada la escuadra á las Canarias, repa- 
radas las averías de uno de los buques, corregidos los de- 
fectos de la arboladura de otro, hecha abundante provi- 
sión, zarpó de la Gomera el dia 6 de Septiembre con 
rumbo al Sud y no al Poniente como algunos dicen. 

Dejemos á un lado las minuciosidades de este viaje 
y fijemos nuestra atención en su derrotero y escalas para 
convencernos que la conducta, las disposiciones y los 
conceptos de Colon se ajustaban á la carta geográfica 
que le trasmitió Toscanelli y al sistema de longitudes 
que este gran hombre había, bajo la fé de Marco Polo, 
monstruosamente alterado. De la Gomera navegó Colon 
casi derecho al Sud y acercándose al Trópico de Cán- 
cer, dobló de improviso al Occidente, es decir: al rumbo 
hacia el cual nadie había navegado y conservó la mis- 
ma dirección hasta que no le indujo á cambiarla el in- 
dicio de una tierra cercana. 

Con esto Colon trataba de alcanzar el paralelo que le ha- 
bía designado Toscanelli. Allí creía hallar después de 
dos meses mas ó menos de navegación como le decía aquel 
en la segunda de sus cartas, ó la tierra incógnita de To- 
lomeo ó algunos de aquellos lugares, en la parte de la 
India, donde podría refugiarse en algún contra-tiempo 
imprevisto y en verdad resultó que después de treinta y 
siete dias de viaje solo le faltaban cincuenta y cinco grados 
para completar los ciento veinte grados determinados en 
aquella carta. La provisión de víveres que hizo, según 
dice Gonzalo de Oviedo, era suficiente solo para ese tiempo. 

El nombre de India que Colon dio á la America y la 
pretensión que las islas eran del mar Indiano, fué con- 
secuencia de la promesa que le hizo Toscanelli de condu- 
cirlo directamente al Asia> d los lugares fértilísimos de 



36 AMÉRICO VESPÜCIO. 

toda clase de especería y piedras preciosas; por cuanto 
todo el que navegase al Poniente siempre encontraría 
esos lugares al Poniente, Así también el nombre Cu- 
banacan pronunciado por los habitantes de Cuba, le hi- 
cieron creer que se hallaba en los dominios del gran Kan 
y la palabra Cibao repetida por los de la Española le 
hicieron también creer que había llegado á Cipango. 

Había dado Colon orden de conservar siempre rumbo 
al Occidente y de navegar hasta setecientas leguas, dete- 
teniéndose en esa distancia pues átal altura debia hallar 
tierra. De Europa á la Antilla, como lo hemos dicho, 
resultaban del cálculo de Toscanelli, dos mil cuatro cien- 
tos setenta y cinco millas que hacen algo menos de las 
setecientas leguas expresadas, luego pues la tierra que 
creía Colon hallar en esas inmediaciones era la Antilla 
de Toscanelli. 

El viernes 12 de Octubre de 1492 descubrióse por la 
tripulación de la escuadra la tierra Americana. Era es- 
ta tierra la isla llamada por los naturales Guanahami 
y por Colon, San Salvador. 

Aquí se nos presenta en toda su grandeza el error de 
Toscanelli, la temeridad de Colon y el peligro en que 
estuvo su flota. 

Sin las varias islas de la América que pusieron término 
á su viaje precisamente á la altura en que se le pro- 
metía la India, su pérdida hubiese sido segura. En el 
paralelo que navegó no habría visto tierra sino cerca de 
la China y esta, situada por Toscanelli á ciento veinte 
grados de Lisboa, distaba en verdad doscientos treinta 
grados. Así pues, aun suponiendo que los vientos y el 
mar le hubiesen sido propicios en un trayecto tan lar- 
go. — ¿Donde hubiera podido proveerse y como subsistir 



AMÉRICO VESPUCIO. 37 

por mas de dos meses, con falta absoluta de víveres? — 
Cuando se considera que Colon se engañó por ciento diez 
grados asombra tanto riesgo y que errores tan enormes 
hayan sido coronados de los mas felices sucesos. 

En vanóse ha dicho en disculpa de Toscanelli que sos- 
pechaba la existencia de un continente intermedio, ó al 
menos de una vasta isla entre la Europa y el Asia. 

Pero de tal sospecha no se observa vestigio alguno 
en sus cartas, escluyendo por otra parte esta hipótesis, 
su única y absoluta longitud de ciento veinte grados. 
Ciertamente lo estravió la aparente simetría de su nue- 
vo sistema; asi se comprende que después de haber, con 
el testimonio de Polo, agregado cerca de ciento diez gra- 
dos de longitud á la parte conocida de la tierra, de- 
bia llegar necesariamente á disminuir la misma longi- 
tud á la parte desconocida del Océano. 

En este viaje habia sido Colon muy feliz; los vien- 
tos aliseos llevaron sus bajeles por un mar bonancible 
con deliciosa rapidez. Pero un fenómeno desconocido 
hasta entonces debía presentarse y dejar perplejo afcAl- 
mirante. Como no era conocida la desviación de la brú- 
jula ni se creia en otro Norte que en el Norte del 
Mundo, sin pensarse en la atracción magnética que de- 
bía hacerse sentir al separarse de los paralelos septen- 
trionales, el fenómeno tenía que ser alarmante é ines- 
perado. 

Los pilotos que iban en la expedición ocurrieron al 
Almirante sobresaltados para que este les explicase la 
causa de lo que observaban. Hallábase él tan ignoran- 
te á este respecto como ellos, pero por no desconsolar- 
los les dio una explicación sofística, como hizo Galileo 



38 AMÉRICO VESPUCIO. 

la primer vez que fué consultado respecto á la presión 
atmosférica sobre la columna de agua. 

No está el mérito de Colon en haber descubierto la 
América, pues jamas pensó él ni sus contemporáneos en 
la existencia de un nuevo continente. 

Las 'tierras incógnitas se suponían agregaciones del 
continente Asiático y nada nuevo se creía descubrir. 
Pisando ya la tierra Americana, hacía esfuerzos por re- 
ducirla á las informaciones de Marco Polo. 
. Ei mérito de Colon está en haberse puesto denodadamen- 
te al servicio de la ciencia tal cual se hallaba en aquellos 
tiempos, en haber aceptado de los sabios una teoría 
científica y en haberse lanzado á practicarla sin arre- 
drarse ante la necesidad de surcar mares desconocidos y 
de alejarse de la tierra como nadie se habia alejado. Colon 
mas que la América ha descubierto el Océauo; reveló 
el misterio de su camino y los mil viajeros que tras 
él se lanzaron y descubrieron mas tierra que él, no tie- 
nen tanto mérito, porque él abrió los horizontes que se 
creían impenetrables. 



AMÉRICO VESPUCIO. 39 



CAPITULO VI. 

Divagación por el archipiélago de las Antillas — Pérdida de la 
nave principal — Deserción de la "Pinta" — Viaje de regreso — 
Escala en Portugal — Felonía de Pinzón — Coincidencias favo- 
rables para la España- -Célebres doctrinas respecto á las tierras 
de infieles — Bula xle demarcación — Triunfos de la diplomacia 
portuguesa. 



Hallábase Colon entre el Archipiélago descubierto lle- 
no de admiración al ver tan lujosa naturaleza. Los 
bosques, las praderas, los rios, los lagos, la infinita va- 
riedad de las aves, las faldas de las montañas, la suave 
ondulación de las llanuras, todo brillaba con los rayos 
de un sol esplendoroso y la vejetacion exhalaba el per- 
fume mas embriagador. 

Pero al mismo tiempo hallábase indeciso; descendía en 
una Isla y tornaba á las naves para visitar otra y al 
mismo tiempo iba designándolas con los nombres de Isa- 
bella, Española, Concepción etc., lo que prueba que ape- 
sar de no abandonar sus creencias de hallarse en las 
proximidades del Asia, reconocía que aquellas islas no 
eran las señaladas en la carta de Toscanelli y en la que 
él mismo dibujó para guia de su viaje. 

Entretanto que asi vagaba Colon por el ancho piéla- 
go de las Antillas, dos contratiempos le sobrevinieron; 
uno fué la deserción de la Pinta á causa de querer su 
comandante Pinzón adelantar por su cuenta los descubri- 
mientos y recoger las codiciadas riquezas. Otro de los 
contratiempos y el mas irreparable fué la pérdida de 



40 AMÉRICO VESPÜCIO. 

la Santa María, arrastrada por una corriente y encallada 
violentamente en un banco. Fueron inútiles los esfuer- 
zos que se hicieron para salvarla quedando la escuadri- 
lla privada del mejor buque. 

No decayó por esto el ánimo de Colon y aprovechó 
el tiempo en tomar informaciones de aquellos pacíficos 
y nobles habitantes de las islas para quienes habia lle- 
gado la época de la esclavitud y del martirio. Todos 
estaban contestes en señalar al Sud la existencia de un 
vasto y poderoso Imperio á cuyo Soberano obedecían mi- 
llones de subditos y que poseía inmensas riquezas. 

Es indudable que estos indios aludían al Imperio Meji- 
cano, pero Colon entendía que tal Soberano debia ser el 
Gran Kan y el Imperio, el Oriente. 

Mas veíase en malas condiciones para proseguir el des- 
cubrimiento, reducido á una sola carabela y rodeado de 
gente rebelde y mal dispuesta. 

Kesolvióse por tanto regresar á España, dejando en la 
Española, Isla en la cual se hallaba el mas simpático de 
los caciques indios, llamado Guacanajari, un fuerte cons- 
truido con los despojos de la Santa María y una guarnición 
de treinta hombres. 

Construyóse el fuerte cerca ala ensenada que llamó de 
la Navidad, así como el fuerte mismo, primer ensayo de 
colonización que tan desgraciados frutos debía producir, 
dándose fé desde entonces de que el pueblo que descubría 
y poblaba la América era el que en peores condiciones 
se hallaba para hacerlo. 

En cuatro de Enero del año siguiente al descubrimien- 
to, esto es de 1493, diose Colon á la vela sin esperar á 
la Pinta que creía ya perdida; un fuerte viento le hizo 
derribar hacia el promontorio y ensenada que llamó de 



AMÉRICO VESPÜCIO. 41 

Monte-Cristi. A poco de hallarse en este refugio avistó 
á la Pinta que venía buscando el mismo puerto. 

Pinzón defendió su rebeldía con pueriles excusas y acep- 
tándolas Colon, tuvo la primera debilidad que había de 
serle tan funesta á él y á las colonias. Pensó que casti- 
gar al rebelde sería provocar á sus adictos y hacer tal vez 
imposible su regreso á España; mas de este modo quedó 
quebrada su autoridad y dispuestos al mal los elementos 
anárquicos con que contaba para sus futuras expediciones. 
Así pues, apesar de la llegada de la Pinta, persistió Colon 
en su designio de regresar á España. 

El 9 de Enero se dieron los buques á la vela dejando 
su refugio y poniendo rumbo al Oriente. Este viaje de 
regreso fué tan borrascoso como bonancible había sido él 
de venida. Colon creia perecer y que las noticias de su 
descubrimiento perecerían con él; en previsión de tan triste 
suceso, escribió sucinta ralacion de su viaj e y con las pre- 
cauciones del caso, la colocó en un tonel que abandonó 
á las olas y otro ejemplar hizo colocar en el castillo de 
popa de su buque. 

La Pinta sehabia separado y otra vez Be creyó perdida, 
no ya por la rebeldía de su comandante, sino por el fu- 
ror de la tempestad. 

En fin el 15 de Febrero se avistó tierra. Era la Isla 
Santa-María, la mas meridional de las Azores pero á causa 
del temporal, no pudo la Niña dar fondo hasta el 17. 
. Los Portugueses recibieron mal á Colon y á sus su- 
balternos, al extremo de quererse apoderar del buque y 
aprisionar á estos. Esta hostilidad se atribuye por al- 
gunos á que el Rey de Portugal, en la creencia de que 
la expedición de los Castellanos menoscababa sus descu- 
brimientos, habia dado órdenes á los gobernadores de sus 

7 



42 AMÉRTCO VKSt'ÜCIO. 

posesiones, que tratasen de apoderarse de los viajeros, 
pero la conducta que posteriormente observó el mismo 
Monarca, desmiente esta suposición. 

El 24 de Febrero prosiguió Colon su marcha y no 
sin nuevos temporales y peligros consiguió el 3 de Mar- 
zo dar fondo en Eastello, cerca de la desembocadura del 
Tajo. De este punto escribió á los Reyes de España 
anunciándoles su llegada y pidió permiso á él de Por- 
tugal para llegar á Lisboa, por no ser el punto en que 
se hallaba seguro fondeadero. 

Hallábase á la sazón don Juan II con su Corte en 
Valparaíso á nueve leguas de Lisboa y aunque los des- 
cubrimientos de Colon le debieron causar sumo despe- 
cho por no haberlos él aprovechado, mostróse con altura 
y ordenó fuese aquel socorrido de todo cuanto necesita- 
se. El cronista portugués Rui de Pina refiere que no 
faltaron consejeros que incitasen ai Rey á ordenar la muerte 
de Colon para apoderarse de su secreto; no basta el tes- 
timonio del cronista para creerlo, pero fuese de esto lo 
que fuese, trató el Rey al Almirante con distinguida con- 
sideración. Cabía en el ánimo del Monarca una sospecha 
y era si el descubrimiento afectaba sus posesiones Afri- 
canas, pero Colon explicó claramente que las tierras vi- 
sitadas por él estaban fuera de todo lo conocido hasta 
la fecha y en rumbo distinto á él de los descubrimien- 
tos de los portugueses. 

Después de esto se partió el Almirante para España, 
llegando al puerto de Palos el 15 de Marzo á medio dia. 
No bien habia fondeado la Niña cuando apareció la Pin- 
ta que habia sido arrojada á la costa de Cantabria y 
desde allí habia Pinzón escrito á los Reyes que Colon 
habia naufragado y que á él se debia el descubrimien- 



AM&UCO VESPUCIO. 43 

to. Había pues cometido dos injustificables felonías; su 
rebelión en el archipiélago de las Antillas y su impos- 
tura al llegar á España, faltas que si no se disculpan 
se atenúan por haber auxiliado á Colon al principio de 
su empresa y porque su arrepentimiento fué tal, que mu- 
rió de pesadumbre. 

Encontrábanse los Reyes Católicos en Barcelona don- 
de Don Fernando habia salvado de una tentativa de ase- 
sinato; acababa de firmarse el tratado de paz con la 
Francia en que esta cedia los condados de Rosellon y 
Cerdeña. Coincidía este triunfo diplomático con la con- 
quista definitiva de las Canarias empezada por Betacourt 
y concluida ahora por Alfonso Fernandez de Lugo. 

Por último habia fallecido el marquéz de Cádiz y co- 
mo no habia dejado sucesión, quedó la Ciudad y Puerto 
definitivamente anexados á la Corona. Á completar tal 
número de felices coincidencias llegaba pues Colon con 
las nuevas de su descubrimiento, cuya grandeza no era aun 
ni sospechada. 

Desde el puerto de Palos hasta Barcelona hay un tra- 
yecto regular, debiendo atra vezarse por pueblos y ciu- 
dades; ese trayecto fué una marcha triunfal para Colon, 
que iba á caballo y precedido de las muestras de los 
productos, de los' animales y de los indios que habian 
sido llevados de las tierras descubiertas. Todas las po- 
blaciones salian á victoriar á aquel viajero afortunado 
que no hacia mucho se habia presentado como un men- 
digo. Ignoraba Colon, entonces en el apogeo de su glo- 
ria, cuantas amarguras tenia que sufrir y como habla 
de eclipsarse el brillo de su estrella. 
t> f)j H Los Reyes recibieron cariñosamente á Colon y oyeron 
de sus labios la relación de sus viajes con interés y 



44 AMÉRICO VESPUCIO. 

aun con entusiasmo y agregaron á bus privilegios otras 
mercedes, entre ellas que pudiera llevar escudo con el 
símbolo del descubrimiento y la inscripción siguieñle: 

Para Castilla y León í loq fíi 

Nuevo mundo halló Colon. 

Al mismo tiempo pensaron los Monarcas asegurar para 
su dominio los nuevos paises descubiertos. El Derecho de 
Gentes en aquel tiempo ni estaba muy adelantado ni se con- 
sultaba siempre. Entre los medios de adquirir las tradic«* 
clones romanas no ofrecían sino la conquista; pero el ad- 
venimiento de los Papas y su jurisdicción espiritual sobre 
todos los reyes católicos trajo otra doctrina bien original: 
— Según ella los infieles no tenían derecho á poseer do- 
minios y cualquier principe cristiano podia desapoderar 
de sus tierras y sustituir á todo principe hereje. La 
propiedad del mundo era para los católicos, quienes po- 
dían reivindicar toda tierra de infieles y en su virtud 
el Papa podia distribuir las tierras como arbitro. Asi 
fué que Martin V y sus sucesores concedieron á la Corona 
de Portugal todas las tierras que se descubriesen por 
sus subditos desde el cabo Boyador á las Indias y los 
Eeyes Católicos por un tratado celebrado con el Monarca 
"Portugués en 1479, habíanse comprometido á respetar esos 
derechos. ' 7< i 

Ocupaba entonces el trono de San Pedro el crapuloso 
Borgía con el nombre de Alejandro VI. Fácil fué con- 
vencer á este de que los descubrimientos de los Castellanos 
tenían otro rumbo que log que habían sido asegurados 
á los portugueses y al fin, en Marzo de 1493, expidió 
una bula concediendo á la Corona de España para sus 
descubrimientos, las mismas seguridades que habían sido 
concedidas á Portugal. 



AMÉRICO VfcSPUCIO. 45 

Agregóse á esta bula la célebre demarcación por la 
cual se adjudicaba á la España omnes ínsulas et térras 
firmes, inventas et invenien<Las y detectas et detejendas 
versum occidentem et meridiem. Hacíase esta demar- 
cación por una línea imaginaria que desde el polo Ártjoo 
bajase al Antartico, cien leguas al Occidente de las Azores 
y de las islas de Cabo Verde. 

Entretanto preparábase una segunda expedición á las 
tierras descubiertas; pero los portugueses á pesar de la 
célebre demarcación, estaban recelosos de ella. Empeaó 
entonces una lucha de astucia y de intrigas en que se 
empleaban el cohecho y los mas viles recursos para des- 
cubrir los secretos de este negocio. La corruptora diplo- 
macia portuguesa que debia tener digna sucesión en Amé- 
rica, salió triunfante en este caso, con el célebre tratado 
de Tordesillas, celebrado en 7 de Junio de 1494, por el 
cual la línea divisoria se modificó, debiendo tirarse tres 
cientas leguas al Occidente* 

No se explica esta concesión que debia ser funesta á la 
América Española. Con esta modificación los portugue- 
ses mas tarde alegaron derechos para ocupar el Brasil 
y enseñorarse de una de las mas importantes regiones de 
la América. 



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AMÉRICO VESPÜCIO. 47 

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capitulo vn. 

fi *1 

Segundo viaje de Colon — No fué de descubrimiento sino de 
colonización —Crueldad de los Españoles — El Padre Las Casas — 
Licencia para hacer nuevos descubrimientos — Su modificaoion 
— Tercer viaje de Colon — Su conjetura de que la tierra des- 
cubierta fuese un continente — Ojeda, y su expedición en 149W 
— Pedro Alonso Nuñez — Vicente Yañez Pinzón — Diego Lope — 
Rodrigo Bastidas — Pedro Alvarez de Cabral — Cuarto viaje de 
Colon-Américo Yespucio. 

i 

b h ama oi 

El segundo viaje de Colon, emprendido el 25 de Ser 
tiembre, partiendo del puerto de Cádiz, con diez y siete 
buques entre los que iban tres de alto borde, nada no- 
table contiene respecto al descubrimiento. Fué un viaje 
de colonización, llevándose en escuadra tan poderosa, re- 
lativamente á la que zarpó en la primera expedición, 
pobladores y funcionarios, semillas y animales reproduc- 
tores. 

Coa lo primero que tropezó Colon al llegar á la Es- 
pañola fué con la ruina del fuerte que habia dejado en 
ella y con los vestigios de una sangrienta catástrofe. 
Los españoles que babian quedado de guarnición, lejos 
de seguir los consejos que habian recibido, observaron 
una conducta imprudente, enemistándose con los Indios 
y deseminándose por el territorio en busca de botin. Por 
pacíficos que fuesen los indígenas, al verse tratados tan 
desconsideradamente habian reaccionado y aun parece que 
el mismo cacique Guaeanajari, sino fué cómplice en la 



48 AMÍftICO VESPUCIO. 

muerte que dieron á los colonos, fué impotente para de- 
fenderlos. 

Los que nuevamente llegaban al ver la triste suerte de 
los que les habian precedido, sin atender las causas que 
la habian ocasionado, sé inflamaron en deseos de ven- 
ganza y la colonización de la América empezaba asi ba- 
jo terribles auspicios. 

Bien pronto la crueldad de los Españoles empezó á 
manifestarse, no ya por los arranques de la venganza, 
sino por la codicia y el desenfreno; fué decretada la es- 
clavitud y el martirio de los indios que tuvieron su his- 
toriador especial en el Padre Las Casas, el único que 
abogaba en favor de esos seres desgraciados, pues Colon, 
tan osado navegante, y tan intrépido para el descubri- 
miento, demostró gran debilidad de carácter y ningunas 
aptitudes como gobernante. Es verdad que los elementos 
de que disponia eran anárquicos y rebeldes, pero tam- 
bién es cierto que estos elementos hubieran sido refrer 
nados, si desde un principio hubiese el Almirante des- 
plegado enérgia y prestigiado su autoridad. 

No pretendemos escribir la historia de la colonización 
de la América ni indirectamente importan sus detalles 
á lo que nos hemos propuesto en esta obra, asi es que 
prescindimos de desvelar esos cuadros groseros y sangrien- 
tos con que los Españoles inauguraron la vida civilizada 
en este Continente y pasaremos á ocuparnos de lo que 
debe llevarnos á nuestro objeto. 

Regresó Colon á Cádiz de este segundo viaje el 11 
de Junio de 1496* habiendo empleado ocho meses en 
la travesía. 

Mientras habia estado ocupado en sus trabajos de po- 
blación y arreglo del Gobierno de las islas, en Abril de 



AMÉRICO VESPUCIO. 49 

1495, se concedió por el Gobierno Español licencia ge- 
neral para hacer descubrimientos en el Nuevo Mundo 
ó en las Indias, como entonces se le llamaba. En 2 de 
Junio de 1497 se corrigió esa orden, declarándose que 
esa licencia fuese sin perjuicio de los derechos acorda- 
dos á Colon y que las expediciones que saliesen, no de- 
berían tocar en ningún punto de los descubiertos por 
él antes de la fecha de esa licencia general. 

El 30 de Mayo de 1497 salió Colon de San Lucar 
para su tercer viaje, llegando el 27 de Junio á las islas 
de Cabo Verde 1 de donde zarpó el 5 de Julio, haciendo 
rumbo al Sud Oeste. El 1° de Agosto vio tierra al Sud; 
creíase en siete grados pero en rigor se hallaba en los 
diez grados; la tierra que habia divisado era la embo- 
cadura del Orenoco, pero creyéndola isla, la llamó Isla 
Santa. Hizose á la vela y entró al golfo conocido des- 
pués con el nombre de Parias, donde halló que las on- 
das eran dulces, lo cual causaba el caudal de agua de 
aquel gran rio, haciéndole conjeturar que aquella tierra 
fuese un continente, pues tan gran rio no podia nacer 
en una isla, por grande que fuese. 

Hechos estos descubrimientos navegó al Nord Oeste y 
llegó á la Española el 15 de Agosto. 

A consecuencia de la licencia concedida, de que he- 
mos hablado para hacer descubrimientos en el Nuevo 
Mundo, Ojeda en Mayo de 1499 con cuatro buqués bien 
tripulados, zarpó de España é hizo una atrevida expedi- 
ción al Sur del nuevo Continente, visitando doscientas leguas 
al Oriente del Orenoco hasta el Golfo de Parias. Después 
veremos que llegó aun mas adelante. 

Ojeda no era un marino; habia sido un soldado atre- 
vido en la guerra con los Moros; un prodigio de valor 

8 



50 AMÉftlCO VESPUCIO. 

y de fuerza física; amante de las aventuras, habia acom- 
pañado á Colon en su primer viaje y habiale servido 
denodadamente. 

Pero á pesar de todo no era capaz de dirigir una ex- 
pedición marítima tan bien conducida como la que se 
habia llevado á cabo á su nombre; era necesario que 
sus buques fuesen dirigidos por persona entendida en la 
cosmografía y quien fuera esta persona lo hemos de veer 
mas adelante. 

El 5 de Setiembre arribaron los cuatro buques á la 
Española y mas de un conflicto tuvo lugar entre los po- 
bladores y los expedicionarios. 

Después de la expedición de Ojeda, luciéronse muchas 
otras: Pedro Alonso Nuñez zarpó poco después de él, 
llegando á la tierra firme por el Sur de Parias, la cos- 
teó por alguna distancia atravesando el golfo y nave- 
gando desde alli ciento treinta leguas á lo largo de la 
costa de la hoy Colombia. Vicente Yañez Pinzón hizo 
otro viaje en 26 de Enero de 1500 y descubrió el cabo 
de Santa María, hoy San Agustín en la costa del Brasil; 
tomando al Occidente, descubrió el Marañon hoy Amazo- 
nas, continuando por el mar Caribe y golfo Mejicano, 
atribuyéndose haber sido el primero que pasó la Línea. 
Diego Lope y Rodrigo Bastidas de Sevilla en 1504 
hicieron otra expedición sin resultado alguno. Por último 
Pedro Alvarez de Cabral, en 9 de Marzo de 1500, arre- 
batado por una tempestad, pasó los quince grados y de- 
sembarcó en un puerto que llamó Puerto Seguro. 

El 9 de Mayo de 1502 salió Colon de Cádiz para su 
cuarto y último viaje, siempre en busca como los otros 
exploradores, del paso á las Indias. Fué en este viaje 
que después de grandes temporales y contratiempos serios 



AMÉRICO VESPUCIO. 51 

descubrió la costa de Honduras, dobló el cabo y creyen- 
do que debía darle paso para el Oriente, lo llamó Gra- 
dees á Dios. 

Después de estos cuatro viajes hallábase Colon en España 
sin comprender que habia descubierto un nuevo conti- 
nente y reducido á solicitar de la Corte el cumplimiento 
de lo que se le habia prometido. Ayudábalo en estas 
instancias un hombre generoso á quien Colon mismo pre- 
sentaba como digno de mejor suerte, pues habia llevado 
á cabo empresas de grande importancia. 

Este hombre era Américo Vespucio. 



AMÉRIGO VESPUCIO. 53 



CAPITULO VIII. 

Florencia — Monumentos de Vespucio — Obras escritas sobre él — 
Nacimiento y familia de Vespucio — Su relación con Lorenzo 
el Magnifico — Comisionado por este, parte á España — Época de 
esta partida — Como fueron utilizados sus conocimientos. 



El viajero que se haya detenido en esa encantadora 
ciudad de la Italia extendida sobre las orillas del Arno, 
que ha dado inspiración á los poetas, pensamientos á 
los sabios é idealidad á los artistas y que por las selvas 
y jardines que la rodean, bien hicieron en llamarla Flo- 
rencia, habrá notado, casi al fin de la ancha calle de 
Borgo Ognissanti, donde ahora existe un hospital cono- 
cido por de San Juan de Dios, por haber sido convento 
de los religiosos de esa orden, unas armas de nobleza 
sobre la puerta principal del mismo edificio y una lápida 
de mármol en la cual se lee la siguiente inscripción : — - 

Ame'rico Vespuccio Patricio Florentino 

Ob repertam Américam. 

Sui et Patriae nominis ilustratori 

Amplificatori Órbis Terrarum 

In hac olim Vespuccia domo 

A tanto viro habitata 

Patres Santis Joannis de Deo Cultores 

Gratse memoriae causa. 

También habrá notado el viajero que bajo la galería 
que está al frente del Palacio de Uficci, cerca del gran 



54 AMÉRICO VESPUCIO. 

í- 

pórtico que dá al rio, entre las estatuas de I03 mas es- 
clarecidos varones de la Toscana, se encuentra la de un 
hombre esbelto, de rostro altivo que ennoblece su nariz 
aguileña y su espaciosa frente, vestido á la usanza del 
siglo XV y á cuyo pié se lee: — Américo Vespucio. 

Por último cualquiera que frecuente las Bibliotecas de 
Florencia hallará obras apasionadas escritas en elogio del 
mismo Américo y códices que contienen sus cartas, ver- 
daderas unas y tal vez apócrifas otras, en que están 
referidos sus viajes y sus descubrimientos. 

Pues estas demostraciones de un pueblo tan culto como 
el Pueblo Florentino, deben despertar el deseo de inves- 
tigar si son puras exageraciones y si el viajero que 
abandonó sus nobles lares en busca de aventuras, no es 
sino un impostor, como se ha dado en llamarle ó si ha 
desempeñado realmente un papel importante en el des- 
cubrimiento del Nuevo Mundo, mereciendo que su nom- 
bre designase el Continente inmenso que interceptó el 
trayecto que otro Florentino designó al intrépido Colon 
para ir en busca de recto camino á las Indias Orientales. 

La vida, viajes y escritos de Vespucio nos darán la 
solución de estas dudas á las cuales poca atención se ha 
prestado; pero restituir su fama á quien la merece es 
un acto de justicia, una reparación para la cual nunca 
es tarde y que puede vulgarizar un punto poco conoci- 
do de la historia. 

Era la familia de Vespucio noble y antigua en Toscana 
por mas que su aparición en Florencia no date sino del 
siglo XIII, época en que dejó su residencia de Peré- 
tola, aldea situada como á tres millas de aquella ciudad, 
en deliciosa campaña hacia el Poniente. 
Hombres ilustres y algunos no extraños á la poesía 



AMÉRICO VESPUCIO. 55 

y á las letras contó esta familia, de la cual dice Ugo- 
lino Verini: 

Venit et ex isto Sobóles Vespuccia vico 
Egregis ornata viris, nec inhospiti Mussis. 

Muchas obras piadosas fueron llevadas á cabo por miem- 
bros de esta familia, entre ellas un hospital y una Capilla 
sepulcral en la Iglesia de Todos Santos que hoy da fren- 
te á la Plaza Manin sobre la ribera del Amo. 

También cuentan las crónicas florentinas que esta fa- 
milia en 1342, concluyó una paz con la no menos no- 
ble de los Grifón i de San Miniato y como esta época 
coincide con su retiro á Florencia y algunas de sus pro- 
piedades pasaron á esta última familia, parece cierto que 
estos arreglos ó transacciones fuesen la causa de su cam- 
bio de domicilio. 

Mas de un siglo transcurrió entre esos acontecimien- 
tos y el nacimiento de Américo que tuvo lugar el 9 de 
Marzo de 1451 como consta de un libro de registro que 
se conserva en uno de los archivos reales. 

Eran sus padres Anastacio Vespucio é Isabel Mini, sien- 
do el abuelo el primero que aparece en la familia con 
el nombre de Américo y era notario de la Señoria, em- 
pleo en aquellos tiempos de alta consideración. Hallase 
su sepulcro en la base del campanario de la arriba citada 
iglesia de Todos Santos. 

En su adolescencia instruyóse Américo en las letras bajo 
la dirección de su tio Jorge Antonio Vespucio, religioso 
de San Marcos, en compañía de Pedro Soderini, que 
fué Gonfaloniero vitalicio de la República y á quien 
aparecen dirigidas algunas de sus cartas. 

En esta instrucción y ejercicios literarios y científi- 
cos, habiendo también sido discípulo del eélebre Tosea- 



56 AMÉRICO VESPUCIO. 

nelli, pasó sus veintisiete años, en cuya época era ya 
versado en ciencias físicas, cosmografía y astronomía. 

Florecía en esos tiempos la célebre Academia Plató- 
nica, protegida por Lorenzo el Magnifico y frecuentán- 
dola, obtuvo la protección de ese poderoso Medici, sa- 
biéndose de cierto que habitaba con él, pues existen 
varias cartas que le eran dirigidas en esta forma: 

Ad Amerigo Vespucci in casa di Lorenzo di Pier 
Franeesco de' Medici. 

Los Medici tenían casas de comercio en varias par- 
tes del Mundo y sobre todo en España y no satisfecho 
Lorenzo de la administración de esta última, encargó á 
Américo que fuese á inspeccionarla. Trece cartas reci- 
bidas por este en Florencia, felizmente conservadas, sirven 
para demostrar la época, al menos aproximadamente, de 
su partida para España. 

Según esas cartas encontrábase aun en Florencia en 
1492, aunque la última de ellas data del 9 de Marzo 
de 1491, pues es sabido que en aquellos tiempos empe- 
zaba á contarse el año desde el 25 de Marzo, dia de la 
Encarnación y arreglándonos al cómputo actual, aquella 
fecha correspondía al año expresado de 1492. 

La primera carta escrita por Américo desde España, 
carta puramente mercantil, es de fecha 30 de Enero del 
mismo año, esto es: según el cómputo actual, de 1493. 
Su partida de Florencia debe colocarse pues entre esas 
dos fechas, es decir cuando Colon estaba por hacer su 
primer viaje de descubrimiento. 

El abate Bandini, autor de la vida de Vespucio, comete 
un anacronismo al fijar esa partida en 1490 y un error' 
al suponerle otros motivos. 

Al partir Américo á España, á mas de los estudios 



AMÉRICO VESPUCIO. 57 

literarios y científicos que hemos visto habia hecho, llevaba 
una firme vocación al comercio y á los viaj es, que ha- 
bían de proporcionarle las ocasiones de aplicar esos co- 
nocimientos y como dice muy bien el padre Canovai, 
autor de otra Biografía suya, es muy probable que el 
ejercicio del comercio importase para él también el ejer- 
cicio de la marina, pues asi como los grandes artistas 
no toman el pincel ó el buril para hacer obras maestras 
de improviso, asi tampoco podia Vespucio haber hecho 
sus grandes viajes y descubrimientos, sin haberse ejerci- 
tado antes en el arte .práctico de la náutica. 

Como entró nuestro héroe en relaciones con el Rey 
de España, es un punto oscuro; el citado padre Canovai 
lo explica por el poco afecto que aquel Monarca tenia 
á Colon y por el deseo de hallar un hombre que lo 
eclipsara y encontrase antes que él la solución del pro- 
blema deseado, esto es: el paso marítimo para el Oriente. 

El Abate Bandini no explica mas satisfactoriamente el 
asunto; se limita á decir que habiendo presenciado Américo 
los grandes descubrimientos del primer viaje de Colon, 
concibió el deseo ardiente de emprender nuevas y mas 
vastas exploraciones, valiéndose de sus mayores conoci- 
mientos en la Cosmografía. Para explicar el acceso de 
Vespucio con el Rey, no dice sino que este tenia un 
alto concepto de sus aptitudes. Pero esto no satisface, 
pues es poco verosímil que Don Fernando pudiese apre- 
ciar las aptitudes de un comerciante extranjero y hasta 
entonces desconocido. 

En la historia de Colon todo se conoce, hasta los mas 
insignificantes detalles; en la historia de Américo todo 
es duda y misterio; parece que este hombre cayera de 

9 



58 AMÉRICO VESPUCIO. 

las nubes solamente para dar su nombre al mas grande 
descubrimiento de los siglos. 

Si quiera estas dudas no se refieren sino á la parte 
menos importante de este estudio, pero al entrar á la 
historia de sus viajes verá el lector como esas dudas 
se aiggantan y como aumentan esas dificultades. 



AMÉRICO VESPUCIO. 59 



CAPITULO IX. 

Silencio de los autores contemporáneos de Vespucio — Pedro Mar- 
tire — Dacada Mosto — Historia escrita por Don Fernando Colon 
— Gonzalo de Oviedo— Francisco López de Gomara — Antonio 
Herrera — Como considera á Yespucio — delación del viaje de 
Ojeda. 



Nos sorprende ver que en las obras de los primeros 
autores que emprendieron escribir la historia del descu- 
brimiento de América, no se encuentra quien se ocupe 
detenidamente de Vespucio, exceptuando á Pedro Martire 
Italiano, pero empleado al servicio del Key de España 
en el Consejo de las Indias, quien lo clasiíica de hábil 
marino y astrónomo y lo presenta como autor de una 
carta marítima hecha con sus conocimientos adquiridos 
navegando muchos grados mas allá de la Línea, en las na- 
ves Portuguesas, sin decir que hubiese navegado antes 
en las naves Españolas. 

En 1507 fueron publicadas en Italia en dos distin- 
tas ediciones, dos relaciones de los viajes de Américo 
Vespucio, diciéndose escritas por él mismo y otra rela- 
ción inédita fué también publicada por el Señor Canó- 
nigo Bandini, anexa á la Biografía del expresado Vespucio, 
en 1745 y por último otra relación referente á otro de 
sus viajes, fué publicada por primera vez en 1789 por 
Francisco Bartolozzi, en Florencia. 



60 AMÉRICO VESPUCIO. 

Estas relaciones es todo lo que existe de positivo en 
favor de los descubrimientos de Américo Vespucio y la 
historia de Antonio Herrera escritor español, que escri- 
bió mas de cien años después del descubrimiento de la 
América, es todo lo que, ademas del silencio de los pri- 
meros escritores, existe de positivo en contra de esos 
mismos descubrimientos. 

Examinaremos ligeramente lo que refieren esos prime- 
ros historiadores, para pasar después á ocuparnos de las 
cartas y relaciones del mismo Américo. 

Pedro Martire, nativo de Anghiera en el Lago Ma- 
yor de la Lombardia, era, como hemos dicho, uno 
de los que componían el Consejo de Indias y escribió 
en diversas cartas, una relación de los primeros descu- 
brimientos de Colon, á medida que éste los hacia, la 
que suspendió cuando aquel cayó en desgracia, agregando 
después los posteriores descubrimientos de los Castellanos, 
por lo cual llamó Decadas á las tres partes de su obra 
[De rehus Occeanis Decades tres). 

Refirió los tres primeros viajes de Colon agregando 
los que hicieron Alonso Nuñez y Pinzón, no hablando 
del cuarto viaje sino al fin del décimo libro de la pri- 
mera Decada, que escribió diez años después. 

Existe por lo tanto una interrupción bien notable en 
esta obra y un vacio precisamente en la época, en que no 
podia menos que hablar de Vespucio y de Ojeda por su 
llegada á la Española y como dice muy bien Bartolozzi, 
debía esto haber hecho mas cautos á aquellos que kan 
fundado sus objecciones contra Vespucio, en el silencio 
de este historiador. La causa de esta interrupción en 
la obra de Martire, se sabe que fué la de haber sido 
enviado á la Legación de Venecia. 



AMÉRICO VESPUCIO. 61 

Sin embargo, este es el solo entre los historiadores origi- 
nales y de la época del descubrimiento que hable de 
Américo Vespucio, pues las relaciones del Piloto Vene- 
ciano Dacada Mosto, que descubrió las Islas de Cabo 
Verde cuarenta años antes, las rebate el mismo Martire 
negándoles originalidad, por no haber viajado dicho Piloto 
con los Españoles, en cuyos viajes no era permitido ir á 
ningún extranjero, refiriendo que para conseguir que fuese 
un compatriota suyo, tuvo que obtener un despacho espe- 
cial, no concediéndose licencia después de esto sino á algu- 
nos pocos Grenoveses, por gracia del hijo del Almirante, 
Hablando también de la expedición de Pedro de Arias 
á la que se refiere el relato de Dacada Mosto, dice que 
era Piloto de la nave principal Juan Vespucio, sobrino 
de Américo, á quien este dejó en herencia la pericia 
del arte náutico y del cálculo de los grados. 

Hacemos esta cita para demostrar que si bien Martire 
niega originalidad á Decada Mosto por no haber podido 
como extranjero, enrolarse en las expediciones de los Es- 
pañoles, no dice que fuese absoluta esta prohibición y 
mucho menos que se refiriese á los extranjeros que se ha- 
llaban en servicio de la España, como el citado sobrino 
de Vespucio y como este mismo. 

Hemos demostrado que el silencio de Martire respecto 
de los viajes de Vespucio por cuenta de la España, no es 
prueba de que estos viajes no se hiciesen y ahora queda 
igualmente evidenciado que si negó que Dacada Mosto 
pudiese hacer parte de las expediciones por ser extranjero, 
no puede aplicarse el argumento por analogía á Vespucio 
de cuyo sobrino nos habla presentándolo como heredero 
de las habilidades del tio. Además en el mismo libro de 
Dacada Mosto, se lee que Américo habia hecho dos vía- 



62 AMÉRICO VESPUCIO. 

jes por mandado del Serenísimo Rey de España hacia 
el Occidente y es claro que conforme combatió al autor 
por pretenderse original, pudo haber también desmentido 
esa aseveración que, aunque contenida en aquel libro, era 
transcripta de la relación del mismo Américo. Su celo 
en combatir al autor, no se conciliaria con su indolencia 
en tolerar una tal impostura si lo hubiese sido: por eso 
dice muy bien Bartolozzi que el silencio de Martire res- 
pecto de Vespucio, mirado como argunento en contra, apa- 
rece ahora como argumento favorable. 

Don Fernando Colon escribió una historia ó mas bien 
una biografía de su padre Cristóbal Colon, primer des- 
cubridor del Nuevo Mundo. Dice que este mismo habia 
empezado á escribirla, y que él modificó algunas cosas que 
le parecieron ó muy engrandecidas ó muy disminuidas, 
confesión que en verdad hace un poco sospechosa la obra. 
Sinembargo débese considerar como un historiador original 
porque tenia á su disposición los mas auténticos docu- 
mentos, esto es: las cartas de su padre y también por haber 
ido con él en su tercer viaje. 

Calla los viajes de todos los otros descubridores hablan- 
do solo de Alfonso de Ojeda que iba con cuatro buques 
para descubrir, habiendo llegado el 5 de Setiembre d« 
1499 al puerto que los cristianos llamaron del Brasil 
y los indios llamaban Taquino. En seguida pasa á des- 
cribrir todas las aventuras que Ojeda tuvo en la Isla la 
Española, donde llegó en seguida; ningún otro historiador 
contemporáneo habla de esto y recien Herrera que escri- 
bió un siglo después, copió al pié de la letra todo lo 
que se refiere á Ojeda; por lo demás Don Fornando ni 
menciona á Vespucio. 
Gonzalo Fernandez de Oviedo en su historia general 



AMÉRICO VESPUCIO. 63 

de las Indias, no habla del viaje de Ojeda ni de Vespucio. 

Nos llama la atención en este autor que al describir 
el tercer viaje de Colon diga que partió de Cádiz en 
Marzo de 1496, cuando es auténtico que partió en Mayo 
de 1498, en lo cual concuerdan Pedro Martire y Fer- 
nando Colon, ambos testigos oculares del hecho. 

Francisco López de Gomara tampoco habla de Ves- 
pucio, solo se refiere á Ojeda cuando fué soldado de Colon 
en los primeros viajes, pero no cuando fué al mando de 
la expedición descubridora. 

El Padre Las Casas no hizo la historia del descubri- 
miento, sino la historia de la destrucción de las Indias 
por los Españoles, y del suplicio y esclavitud de los Indios, 
no es extraño pues que no hallemos en él algo relativo 
á Vespucio. 

Antonio Herrera, historiógrafo mayor de su Majestad 
Católica publicó en Castilla, La Historia General de los 
Castellanos en las Islas y Tierras firmes del war 
Océano, un siglo y nueve años después del primer des- 
cubrimiento de Colon. Apesar de ese lapso de tiempo, 
tiene algo de original, porqué ha podido extraer de los 
archivos las memorias que los diversos procesos por los 
negocios de la India, le han suministrado, como se vé 
en su obra. Este autor que ha sido la fuente en que 
todos los posteriores escritores han bebido, se hizo de 
gran reputación por la gran copia de noticias que pre- 
sentó al público y que no se encontraban en los otros 
autores. 

Habla mucho y en varios lugares de Américo Vespucio 
y aun parece que buscase artificiosamente las ocasiones 
de hacerlo. Es el primero y parece que el único autor 
Español entre los de aquel tiempo, que acusa de mala 



64 AMÉRICO VESPUCIO. 

fé á Américo y sobre sus acusaciones está fundado todo 
lo que contra él se ha esparcido. 

Herrera conocia las relaciones de los viajes de Amé- 
rico Vespucio, ya en aquel tiempo publicadas en varias 
ediciones, puesto que las copió literalmente. 

Discrepó de esas relaciones en cuanto á la fecha del 
primer viaje que lo hace pasar en 1491), en la misma 
expedición de Ojeda, de que hablamos antes, siendo Piloto 
Juan de la Costa y yendo Américo Vespucio en calidad 
de Cosmógrafo. Machos datos sacó Herrera para esto del 
proceso que se hizo en España sobre las sediciones y re- 
vueltas que tuvieron lugar en la Española y en las que 
tomó parte Ojeda. Parece que en este proceso no figu- 
ra Américo, porque Herrera que busca lacerarlo en su 
reputación, no hubiese por cierto desperdiciado esa ocasión. 

Lo único que deduce de tal proceso, es una contradic- 
ción en la duración del viaje, que dice ser de veinti- 
cinco meses, mientras que Vespucio parece darle una du- 
ración menor. 

Pero refiere todas las aventuras que referido habia 
Américo aun en su primer viaje, de modo que las di- 
vergencias no están sino en las datas. 

Es indudable pues, apesar del silencio de Pedro Mar- 
tire y de los demás escritores contemporáneos, apesar 
de los cargos y de las contradicciones de Herrera, que 
Américo Vespucio viajó al Nuevo Mundo en las naves 
españolas. Lo que debemos averiguar ahora es la data 
cierta de su primer viaje. 



AMÉRICO VESPUCIO. 65 



CAPITULO X. 

Américo Vespucio, único historiador original de sus viajes — Su 
mas antiguo documento — Carta dirigida á Lorenzo de Medici 
— Juicio sobre eila — Comparación con la carta dirigida á Pedro 
Soderini — Antedata de este documento — Inocencia de Vespucio 
en esa antedata. 



Américo Vespucio es pues el solo historiador original 
de sus propios descubrimientos, puesto que lo que los 
otros historiadores de las demás naciones dijeron respecto 
de ellos, no fué sino copiado ó sacado de las relaciones 
que él mismo escribió» 

Su mas antiguo documento que conozcamos es de fecha 
18 de Julio de 1500 y consiste en una carta dirigida 
á Lorenzo de Medici que se encontró en la Biblioteca 
Ricardiana de Florencia. Es un precioso monumento por 
qué sin él se ignoraría lo mas grande que alcanzó en la 
ciencia astronómica, como tendremos ocasión de examinar. 

El segundo escrito es una carta dirigida al mismo 
Lorenzo de Medici relativa á su tercer viaje. 

El tercer escrito es otra carta dirigida al mismo Lo- 
renzo de Medici en que describe mas circunstanciada- 
mente ese tercer viaje. 

En cuanto á su cuarto viaje no puede haber carta al- 
guna dirigida al mismo Lorenzo de Medici, que muíió 
en la época en que Américo partia de Lisboa para em- 
prenderlo, esto es en Mayo de 1503 según la fecha de la 
carta ó poco antes, como nosotros lo demostraremos; pero 
aparece con fecha 4 de Setiembre de 1504, una carta di- 

10 



66 AMÉRICO VESPUCIO. 

rígida á Pedro Soderini, Gonfaloniero de la República 
Florentina, que comprende la relación de sus cuatro viajes. 
Esta carta misma se vé en otras colecciones, dirigida á. 
Renato Rey de Jerusalem y de Cicilia, alteración ridicula, 
pues en esa carta se hace mención de haber sido condiscí- 
pulo de nquel á quien se dirige, cosa que no puede ser 
aplicable sino á Soderini, como lo hemos visto en el ca- 
pítulo octavo. 

La primera carta dirigida á Lorenzo de Medici, se ha 
publicado con un epígrafe, puesto p'or agena mano, pa- 
ra hacer creer que es la relación de su segundo viaje; 
comparada con el capítulo segundo de la dirigida á So- 
derini que habla del mismo segundo viaje, es muy difí- 
cil coordinarlas. 

En primer lugar, la introducción de esa carta supone 
que Vespucio estaba en correspondencia con Medici, pero 
en correspondencia puramente mercantil, ó almenos agena 
á sus viajes ó á otra cosa de tal importancia, lo que con- 
cuerda con lo que hemos dicho en el Capítulo primero 
de que desde España le instruía del estado de los ne- 
gocios, como que era su agente mercantil. 

Dice en esa introducción que hace tiempo que no le 
escribe y que esto aviene por ru> haber ocurrido co a 
digna de mención. Pero no es presumible que dejase 
de considerar digno de mención á su primer viaje, r! 
menos tan digno de mención como el segundo y es 
inadmisible que entrase á hablar de este viaje sin hace: 
la menor referencia del primero, á lo menos para reanr- 
dar su relación. — ¿Habría ya escrito al mismo Medici 
sobre ese viaje?— Pero en este caso se habría encontrado 
la carta como se han encontrado las otras. Ademas dice 
Vespucio que la presente carta tiene por objeto darle 



AMÉ RICO VESPUCIO. 67 

á conocer su llegada á España de su viaje, que no llama 
primero ni segundo y porque supone que tendrá placer 
en saber estas noticias, con cuyas palabras dá á entender 
claramente que abre recien una serie de epístolas sobre 
este asunto y no que continúa una relación empezada con 
anterioridad. 

Por otra parte, el punto de partida para el Océano 
desconocido aparece en esta carta tomado de la Isla de 
la Gomera, la mas Occidental de las Canarias, mientra? 
qua en el segundo capítulo de la carta á Soderini, apa- 
rece este punto de partida, tomado de la Isla de Fuego 
al Sud de las del Cabo Verde. En una se dice haber 
navegado cuarenta y cuatro dias al Sud y en la otra 
solo veintitrés dias en la misma dirección. 

Ademas el punto principal y mejor descrito del Con- 
tinente Americano, es en la carta dirigida á Lorenzo de 
Mediei, el Golfo de Paria-*, punto que condice con el 
punto descrito en el capítulo, primero de la carta á So- 
derini con el nombre de Puerto y Provincia de Lariab, 
palabra que los autores interpretan por Parias, siendo 
causa de la variante los errores de copia. 

Así pues, es nuestra persuacion que la referida carta 
dirigida á Mediei no se refiere al segundo viaje de Ves- 
pucio, sino al primero á pesar de lo que se dice en el 
epígrafe que se le ha puesto. 

Mas nos afirmamos en esta creencia al considerar que 
dicha carta es escrita 4esde la ciudad de Sevilla, como k 
comprende por la3 siguientes palabras de su introducción: 
"Y la presente tiene por objeto daros noticia como hace 
" cerca de un mes que vine de la parte de la India 
44 por la via del mar Océano á esta ciudad de Sevilla 

fcC." De modo que, aunque en la fecha de la carta no 



68 AMÉllICO VESPUCIO. 

se expresa el lugar desde donde se dirige, es indudable 
que la dirigió desde aquella ciudad de España. En la 
conclusión de la misma carta se leen las siguientes pa- 
labras: "Aquí me están armando tres naves para que 
"nuevamente vaya á descubrir etc." Y como nadie ha 
pretendido que Vespucio hiciera mas de dos viajes por 
cuenta de España, ni aun que proyectase un tercer viaje, 
no cabe la menor duda de que su carta dirigida á Medi- 
ci se refiere al primero y no al segundo de sus viajes. 

Pero esta marca la fecha de su partida en 18 de Mayo 
de 1499 y no 1497 como se lee en la carta dirigida á 
Soderini. Estando a la primera data ella concuerda con 
el viaje de Ojeda y con lo referido por el historiador 
Herrera y un documento que concuerda así con otros tes- 
timonios, debe ser mas creído que un documento que no 
tiene concordantes. No dejaremos de mencionar también 
lo que dice Vespucio en un párrafo de su carta referi- 
da que, hallándose después de su descubrimiento cerca 
de una Isla llamada la Española, descubierta por el 
Almirante Colon seis anos hace acordamos de ir á ella. 
Estas palabras son un dato precioso para convencernos 
de la verdad de la fecha de este viaje, pues habiendo des- 
cubierto Colon esa Isla a fines de 1492, la data de 1499 
tiene otra concordancia á mas de las expresadas, y el haber 
arribado á la Española, otra coincidencia con lo referido 
por Herrera. Por otra parte la carta á Soderini se co- 
noce porqué ha aparecido publicada, sin que aparezca cier- 
tamente donde lo fué primero, mientras que la carta á 
Medici ñié extraída de un códice existente en la Biblio- 
teca Kicardiana de Florencia. 

No queremos decir que aquella carta sea apócrifa, pero 
si que ha sido antedatada tan poco razonablemente como 



AMÉRICO VESPUCIO. 69 

se puso en la otra aquel epígrafe que indica ser la relación 
del segundo viaje. 

La causa de haber antedatado aquella carta y de haber 
puesto tal epígrafe en ésta, es fácil demostrar. Colon 
partió para su tercer viaje en 1498 y fué la primer vez 
que tocó en el Continente Americano; en aquella anteda- 
ta se hacía llegar primero á Vespucio, resolviéndose asi 
la disputa de quien había sido el primero en descubrir 
el Nuevo Mundo, como sino hubiese gloria sino para el 
que consiguiera pisar por primera vez la tierra firme. 

Que no fué Vespucio el autor de la antedata es bien 
fácil demostrarlo. La fecha de la carta á Medici es an- 
terior cuatro años á la dirigida á Soderini y no puede 
suponerse que quisiera verse desmentido tan fácilmente 
y que habiendo tenido la intención de cometer tal impos- 
tura, no hubiese antedatado las dos cartas. 

Y como la publicación de esas relaciones se hizo cuando 
surgió la polémica de quien habia llegado primero al Con- 
tinente Americano, si Colon ó Vespucio, parece fuera de 
duda, que la antedata ha sido hecha por los mismos pole- 
mistas, parciales del segundo. 



AMÉRICO VESPUCIO. 71 



CAPITULO XI. 



Obra del Sr. Varnhagen — Error en que ha incurrido — Expli- 
cación que dá á los viajes de Vespucio — Aceptación de la 
carta dirigida á Soderini — Error de la latitud — Se demues- 
tra este error — Supone que Vespucio hiciera un quinto y 
sexto viaje — Se rechaza esta suposición. 



Entre los modernos no conocemos otro autor que se 
haya ocupado de estas cuestiones, sino el señor F. A. de 
Varnhagen, hoy barón de Porto Seguro diplomático brasi- 
lero, que escribió dos opúsculos, el primero titulado: Le 
premier vayage d'Amérique Vespuci, définitivement 
expliqué, dans ses details, y el segundo: Amérique 
Vespuci, son caracíére, ses ecrits, méme les moins 
authe ■) diques, sa vie et ses navigations, ambos escritos 
en idioma francés. 

Mucho deseábamos conocer esta obra, que al fin hemos 
podido ver en la Biblioteca de esta Provincia, porqué 
creíamos hallar en ella muchos datos relativos al segundo 
y tercer viaje de Vespucio, por la facilidad que necesa- 
riamente debía tener para encontrarlos, persona tan alta- 
mente colocada como el autor, cuya residencia ha sido y 
es desde mucho tiempo, en las cortes Europeas. Pero nos 
hemos equivocado; el Señor Varnhagen no ha tenido 
á su vista mas datos que los que tenemos nosotros, por 
mas que los haya buscado, como lo dice. 

Sin, poder utilizar su obra en ese sentido, nos ocu- 
paremos de las apreciaciones que hace respecto de los 



72 AMÉRICO VESPUCIO. 

viajes de Vespucio. El Señor Varnhagen es partidario 
caluroso de éste, al extremo de que sus obras mas que una 
historia, son un elogio del descubridor Forentino. No es 
extraño; se necesita mucha frialdad, mucha despreocu- 
pación para no dejarse cautivar por los escritos de los 
autores Toscanos y el Señor Barón de Porto Seguro, 
hizo un viaje a Florencia expresamente, para estudiar estas 
cuestiones, como el mismo lo dice en una de sus obras. 

Pero antes de hacer este viaje había leído y estudiado 
la relación que Vespucio dirigió á Pedro Soderini, en la 
qué, en cuatro capítulos, refiere sus cuatro viajes; los dos 
primeros en las naves Españolas y los dos segundos por 
orden del Rey de Portugal. 

Aceptó esa relación en todas sus partes como auténtica, 
la estudió detenidamente, hizo esfuerzos para conciliar sus 
contradicciones, se valió de toda su erudición cosmográfica, 
lingüistica y aun orientalista y tan seguro estaba de sus 
conclusiones que no vaciló en poner por título á su obra: 
— explicación definitiva. — Después de estos estudios, des- 
pués de creer hallada esta verdad definitiva, hallarse en 
Florencia con nuevos datos, entre ellos, la carta dirigida 
por Vespucio á Lorenzo de Medici en la Biblioteca Ri- 
cardiana de aquella ciudad, era una contradicción insufrible 
para un carácter como el del autor. 

Así es que, contra la opinión, aun de los mas apasio- 
nados en favor del explorador Forentino, calificó esa carta 
de absurda; la tachó de indigna de crédito por no ser 
original, pero no ha hecho una demostración crítica de 
las absurdidades y contradicciones que atribuye á ese do- 
cumento. 

Cierto es que dicha carta hallada en la arriba expre- 
sada Biblioteca, no es original: pero es cierto que es un 



AMÉKÍCO VESPITCIO. 73 

códice reputado auténtico por todos los que han escrito 
en favor de Vespucio y que sus datas y su contenido 
concuerdan con la relación del historiador Herrera; mien- 
tras que la carta dirigida al Soderini no concuerda con 
ningún otro documento, ni existe en Italia códice alguno 
con quepod*r confrontarla. Todos los razonamientos que 
hemos hecho para demostrar la tesis contraria de la que 
sostiene este autor, no se debilitan con los calificativos 
que él emplea, por lo cual no nos detendremos en estas 
consideraciones. 

Pretende que Vespucio en su primer viaje llegó al ca- 
bo Gracias á Dios en Centro América y que la Vene* 
z neía de que habla debe ser un punto cerca de Coatza- 
coalcos. Cree que no es error ó alteración la voz: — Lariab- 
nombre que atribuye Vespucio al puerto y provincia en 
que tocó en su primer viaje; la tiene por pura voz Huaxteca, 
porqué en el número de los quince ó diez y seis nombres 
de aldeas Huaxtecas de los que Orozco ha podido recoger, 
tres acaban en ab y tienen sílabas con la letra ¿, son: 

Tanlayab) Tancwayalab, Tancuallalab ; concluyendo 
por decir que tal vez la sílaba ab tiene en la lengua Huax- 
teca un sentido análogo á aquel de Taba 6 Tyba en Gua- 
raní ó como otras designaciones que se encuentran en el 
Céltico y en otras lenguas Orientales en los nombres de 
Estados ó Naciones. 

Pero en primer lugar sería necesario que estuviese ad- 
mitido que Vespucio en su primer viaje llegase al cabo 
Gracias á Dios y no á las bocas del Orénoco y que las 
provincias que visitó, fuesen en realidad Huaxtecas; en 
segundo lugar nos parece que el existir en diez y seis nom- 
bres de aldeas, tres que concluyan en ab no es bastante 

11 



74 AMÉRTCO VESPUCIO. 

prueba para que se concluya que la voz Lariab no es 
adulteración de la voz Parias. 

El lector verá en el capítulo siguiente queVespucio llegó 
en sn primer viaje á las bocas del Orénoco y al Golfo 
de Parias y que las razones cosmográficas que convencen 
de esto, destruyen la erudita hipótesis de tí te autor. 

En resumen, sienta él las conclusiones siguientes : 

I o . Que Américo hizo su primer viaje en 1497 y 98, 
aceptando por verdadera la data de la carta dirigida á 
Soderini. 

2 o . Que en este viaje no estuvo en el Golfo de Parias 
ó Venezuela, pero sí en las costas de Honduras, de 
Yucatán, del Golfo Mejicano y Florida. 

3 o . Que tocó al Sur y al Norte de las fronteras del 
imperio Mejicano y navegó sus costas sin tocar en él. 

4 o . Que esta expedición concluyó en el Cabo Cañaveral 
en veintiocho y medio grados de latitud Norte. 

5 o . Que Vespucio circunnavegó en este viaje las penín- 
sulas de Yucatán y Florida. 

6 o . Que de este modo adquirió en 1498 la certidumbre 
de que Cuba era Isla. 

7 o . Que en este viaje iban Vicente Yañez Pinzón y 
Juan Diaz de Solis. 

8 o . Que de regreso descubrió las islas Bermudas. 

El error de estas conclusiones nos parece demostrado 
ante todo en el anacronismo que comete el autor respecto 
del viaje de Vicente Yañez Pinzón que tuvo lugar recien 
en 26 de Enero de 1500 y en el cual no consta que fuese 
Vespucio. 

Por lo demás, en cuanto á la primera conclusión no 
es cierto que Américo hiciera su primer viaje en 1497, 
pues consta que recien en 1499 se hizo la primera expe- 



AMÉRICO VESPÜCIO. 75 

dicion haciéndose uso de la licencia general que se concedió 
en 1495 y fué modificada en 97 para que los nuevos des- 
cubrimientos no afectasen los derechos adquiridos por 
Colon. 

En cuanto á la segunda conclusión, seria necesario que 
se hubiese resuelto la cuestión á que dá lugar la variante 
que resulta de la comparación de varias ediciones de la 
carta dirigida á Soderini, respecto al grado de latitud 
del punto de llegada que se designa en esa carta, pues 
en unas ediciones se marcan diez y seis grados y en otras 
seis grados de latitud Norte. — Para dar por cierta esta 
conclusión del Señor Varnhagen, esto es que Vespucio 
llegó á las costas de Honduras, sería necesario dar por 
cierta la primera de esas latitudes que es la que corres- 
ponde al puerto de Honduras. 

Pero el padre Canovai en su Disertación Justificativa 
■sobre Vespucio, Cuestión, IX, demuestra que el haberse 
puesto el grado diez y seis como punto de llegada, no ha 
sido sino un error de copia : " Con estos datos (esto es 
" con lo expuesto por el mismo Vespucio en el princi- 
" pió de esta carta) y con el solo fin de hacer comprender 
" cuan diferente fué la dirección de Américo de la de 
" Colon, expuse ya que la de este hacía con el Norte un 
"ángulo de trece grados, seis minutos, mientras que la 
" de Vespucio hacía un ángulo de cincuenta y seis grados, 
** quince minutos. Por consiguiente, si se hace extensivo 
"el resultado y se aplica á fijar el punto de América 
"donde llegó Vespucio en su primer viaje; esto es: si 
" sobre un Globo Terrestre se traza una línea entre el 
" Occidente y el Mediodía que empezando de las Canarias 
" haga con el Meridiano el ángulo dado de cincuenta y 
"seis grados, quince minutos, se verá que, prescindiendo 



76 AMÉRICO VESPUCIO. 

" de la desviación marítima, se encontraría Orange ó 
" Cayena en cuatro ó cinco grados al Norte del Ecuador, 
"pero dada alguna importancia al abatimiento del mar, 
" el punto de llegada podrá establecerse con seguridad en 
" la Guayana, por los seis grados de latitud septentrional. 
" Encuentro que en la Imprenta hacen escribir á Amé- 
" rico, no seis grados, sino diez y seis grados, y es esto 
" un nuevo error de los números que fácilmente se 
" enmiendan. Con esos diez y seis grados, el ángulo de 
" la dirección vendría á ser mucho mayor de los ya 
" definidos cincuenta y seis grados, quince minutos, por 
" lo cual sin el desastre de una tempestad ó el volunta- 
" rio cambio de derrotero, no se separa tanto un buque 
"regular; por otra parte la nueva tierra que en su 
"segundo viaje descubrió Vespucio, mas allá de la Línea, 
"era continua 6 contigua á la ya descubierta en el pri- 
" mero, y esto no podría decirse en una distancia, de la 
" una á la otra, de diez y seis grados ó de mas de mil 
" mullas: observo aun, que con esta latitud se hubiera en- 
" contrado Américo entre varias islas ya conocidas como 
" Santo Domingo, Santa María, Galante, La Guadalupe, 
" islas ni tan nuevas, ni tan habitadas, ni tan vastas, 
" para poderlas juzgar tierra firme: en fin, aquellos siete 
" y medio grados que solamente habría debido recorrer 
" para encontrarse en el Trópico de Cáncer, no importan 
" mas de ciento veinticinco ó ciento treinta leguas, siendo 
" así que asegura haber hecho mas de cuatrocientas ó 
"quinientas El error fué pues ocasionado por aquellos 
" códices de que fué sacada la relación ; he descubierto 
" en las cartas de Américo dos errores semejantes y con 
" el cálculo y con la inspección ocular de los manuscri- 
" tos, he revelado la habitual costumbre de transformar 



AMÉRJCO VESPUCIO. 77 

" en la cifra 1 aquella pequeña línea, á veces mas corta 
fci y mas gruesa, que en ciertas escrituras separa los nú- 
" meros de las palabras; por esto fué leído quince por 
" cinco, quince mil cuatrocientos sesenta y seis, por cinco 
" mil cuatrocientos sesenta y seis y aquí la misma causa 
" induce á leer diez y seis, por seis. Establezco pues 
" de nuevo que á seis grados al Norte del Ecuador, esto 
"es: no muy lejos del Orénoco, dio fondo el Vespucio." 

Esto coacuerda también con las referencias del histo- 
riador Herrera y demuestra que el Señor Varnhagen para 
hacer ir á Américo á la costa de Honduras, de Yucatán 
y del golfo Mejicano ha tomado la latitud equivocada 
de diez y seis grados. 

En otro error incurrió el Sr. Varnhagen y en este 
habia incurrido aun el padre Canovai — Ambos sirviéndo- 
se del mismo texto, suponen que Vespucio subió hasta el 
grado veintitrés, latitud Norte, fundándose en las siguien- 
tes palabras, que transcribimos en el mismo italiano 
españolizado del viajero Florentino: — " Questa térra stá 
" dentro de la Tórrida Zona giuntamente ó di basso del 
"paralello che describe il Trópico de Cáncer, dove alza 
" il Polo dall' Orizonte veintitrés grados, nel fine del 
" secondo clima. " — Estas palabras han sido interpretadas 
por ambos autores, como si Vespucio dijese que la tierra 
á donde saltó, estaba en veintitrés grados. Sin embar- 
go, fijándose bien en el sentido de la frase, se vé que 
respecto de la tierra no se dá latitud precisa; se dice 
que ella está en continuación ó juntamente bajo el parale- 
lo del Trópico de Cáncer, cuyo paralelo está á vein- 
titrés grados. Estos autores han tomado pues el grado 
del Trópico, que es ese en verdad, por el grado de la 
tierra ó del punto donde fondeó la expedición, y del cual 



78 AMÉ RICO VKSPUCIO. 

solo se dice que está dentro de la Zona Tórrida — Así 
pues, este soñado grado veintitrés sirvió para llevar á 
Vespucio al golfo de Méjico y á Yucatán. 

Ademas, de este punto navegó todavía ochocientas setenta 
leguas que se suponen hacia N. O. y del grado veinti- 
trés todavía esa distancia nos llevaría, siguiendo á Ves- 
pucio, casi á los hielos del Polo Norte. Esta interpre- 
tación es pues absurda. 

Del mismo modo es alterada en esta carta la direc- 
ción N. O. por la sencilla razón de que tal dirección de la 
costa Americana no existe, — del grado veintitrés, ni de 
otro grado de latitud Norte. Habiendo llegado Vespu- 
cio al grado seis latitud Norte, descendió al Sud-Este por 
la diagonal de la costa que va en esa dirección hasta 
el Cabo de San Roque; dobló este y llegó al grado tam- 
bién seis latitud Sud. En su segundo viaje hizo el mismo 
trayecto en sentido contrario y entonces sí, tomó la direc- 
ción N. O. desde el Cabo San Roque. 

Así pues, en este documento está mal interpretado el 
grado veintitrés y alterada evidentemente la dirección del 
viaje. 

Demostrados estos errores, caen por tierra todas las 
demás conclusiones de este autor, que no se basan en 
otros fundamentos. 

Supone también que Vespucio hizo un quinto y sexto 
viaje, fundándose en un documento que dice haber ha- 
llado en la Biblioteca de San Marcos de Venecia, cuyo 
documento consiste en una relación de G-erónimo Viane- 
11o que supone dicho viaje practicado en 1506. 

Semejante referencia no combina con ningún otro do- 
cumento y es en contradictoria con los hechos posteriores á 
los viajes de que dio cuenta el mismo Vespucio. 



AMÉPJCO VESPUCIO. 79 

Ni en los archivos de Florencia ni en los de España 
hay constancia alguna de que volviese Vespucio á haoer 
exploraciones después de su cuarto viaje. 

Concluida esa expedición, regresó á España donde apa- 
rece empleado como Piloto Mayor del Reyno, en cuyo 
empleo murió en 22 de Febrero de 1502, como consta 
de un asiento del libro de caja de la Tesorería de la 
Casa de Contratación de Sevilla en la siguiente refe- 
rencia, que copiamos textualmente: — "Pagado el 24 de 
"Febrero de 1512 á Manuel Catano Canónigo de la Santa 
" Iglesia de esta ciudad de Sevilla, como ejecutor testa- 
"mentario de Américo Vespucio Piloto Mayor de Su Alteza, 
" ahora difunto, 10,937 maravedíes, resto que el dicho 
" Américo Vespucio debía de haber por el estipendio que 
" gozaba de Su Alteza, en cada año, desde el I o de Enero 
" de este año, hasta el 22 de este dicho mes de Febrero, 
" en que murió dicho Américo, á razón de 75,000 ma- 
u vedi es al año." 



AMEÍIICO VESPUCIO. 81 



CAPITULO XII. 

Por que no se hicieron descubrimientos hasta 1499 — Vcspucio 
en la expedición de Ojeda — Partida de la expedición — Pun- 
to de llegada y punto de conclusión de este viaje — La Línea 
Equinoccial -Método de Vespucio para tomar la latitud y 
longitud — Error en que incurrió — Resultados de este pri- 
mer viaje. 



Una vez restablecidas las datas de los documentos que 
únicamente podemos consultar, en este caso, pasaremos 
á la narración de los viajes que emprendió Améiico Ves- 
pucio. 

Fué sin duda á causa de la licencia general, que die- 
ron los Eeyes de España en 1495 para hacer descubri- 
mientos en el Océano, de que hemos hablado ya, que se 
organizó la expedición de que debia hacer parte Améri- 
rico Vespucio. 

Nos llama la atención que estando abiertas las puertas 
de los descubrimientos desde aquella fecha, nadie osase 
emprenderlos,' hasta que en 1499 el ánimo audaz del 
aventurero Ojeda iniciase la serie de expediciones que 
completaron el descubrimiento del Continente America- 
no. Solamente puede explicarse este período de inacción 
por los resultados negativos, en cuanto á riquezas y co- 
mercio, que habían dado los dos primeros viajes de Colon, 
siendo así que el único aliciente de estos viajes, era 
para la mayor parte, la codicia de fortuna. Como el 
tercer viaje de Colon no, se efectuó hasta 1497, llevando 
á España noticias exageradas de un vasto Continente* 

12 



82 AMÉRICO VESPUCIO. 

cuyas costas estaban cubiertas de perlas y de piedras pre- 
ciosas, se explica que fuese después de esta fecha que 
los descubridores se afanasen por organizar y llevar á 
cabo sucesivas expediciones. 

Hasta ese tiempo Américo Vespucio, según él mismo 
lo dice en una de sus cartas, había experimentado los 
trances de las variaciones de la fortuna y fué entonces 
que resolvió retirarse de los negocios y hacer uso de sus 
conocimientos cosmográficos en los descubrimientos que 
iban á emprenderse. 

Aunque sus historiadores lo nieguen, es fuera de duda 
por todo lo que hemos expuesto en uno de los capítulos 
anteriores, que se alistó en la expedición que organizó 
Ojeda, como lo dice el historiador Herrera. 

Por muy audaz que fuese aquel aventurero, por mas 
que hubiese estado con Colon en su primer viaje en las 
Antillas, no podía lanzarse en una expedición de esta cla- 
se, sin llevar personas inteligentes, que la dirigiesen, aun 
que le fuese impuesto por las autoridades de España ó 
aun que este se hubiese entendido libremente con él, no 
se explica de otro modo la presencia de Vespucio en esta 
expedición. 

Apesar de que Colon había dado noticia de haber hallado 
la costa de un Continente, recordarán nuestros lectores que 
tales noticias eran muy inciertas, al extremo que la creen- 
cia de ser tal Continente la tierra visitada, no provenía 
sino de una conjetura que hizo aquel al observar la de- 
sembocadura de ríos tan grandes que no podían nacer 
en una isla. 

Esta circunstancia prueba la confianza que Vespucio te- 
nía en sus conocimientos cosmográficos, pues aunque iba 
en la flota un piloto, ya se sabe lo que eran estos eB 



AMÉ RICO VESPUCIOi 83 

aquellos tiempos, hombres puramente prácticos en la na- 
vegación. 

Partió la expedición del puerto de Cádiz en 18 de Ma- 
yo de 1499, haciendo rumbo hacia las islas Canarias, donde 
hecha la conveniente provisión y demás aprestos, zarpó de 
la (romera y después de veintitrés dias de viaje con vien- 
to fresco y con rumbo al S. O. se avistó una tierra, reco- 
nociéndose haber hecho un trayecto de mil trescientas 
leguas desde la ciudad de Cádiz. 

Poco puede interesar el relato de las dificultades que 
ocurrieron para el desembarque y exploración de la tierra 
descubierta; la circunstancia de haber reconocido en ella 
dos grandes ríos, uno que corria de Oriente á Poniente 
y que debía ser el Orénoco y otro de Sur á Norte y que 
debía de ser uno de los brazos del mismo rio, que forman 
sus deltas sobre el Océano, nos dan el punto de llegada, 
concordando esta descripción que hace el Vespucio con 
la de Herrera del viaje de Ojeda, on que asegura que lle- 
gó á las bocas del Orénoco. De este punto la exploración 
descendió hasta seis grados al Sud de la Línea Equinoccial 
según lo afirma Vespucio, de modo pues que es una gran 
extensión de costa la que aparece explorada en este viaje, 
habiendo visitado en ese trayecto el Grolfo de Parias, 
doblado el Cabo San Roque hasta el punto de la costa 
del Brasil que hoy se llama Natal cerca de Parahiba. 
Esta explicación concuerda con lo que dice Vespucio al 
final de su carta, de que en este viaje navegaron mas 
de cinco mil leguas. 

Resulta de esto también que fué en esta expedición la 
primer vez que se cruzó la Línea Equinoccial y no como 
lo pretende Herrera, en la que Pinzón hizo con posterio- 
ridad. 



B4 AMÉ RICO VESPÜCIO. 

Pertenece á Vespucio la gloria de estas observaciones 
como pasaremos á demostrarlo. 

En la carta primera dirigida á Lorenzo de Medici, que 
publicamos en el Apéndice, refiere que navegando hacia 
el Sud entraron á la Zona Tórrida dentro del Trópico de 
Cáncer y á los pocos días de navegar por esa Zona, es- 
tando el Sol en el zenit á medio dia, no tenían sombra 
alguna, siendo así que á otras horas, se veía la sombra á 
unos ú á otros de los puntos del horizonte, hasta encontrar 
que tenían uno y otro Polo equidistantes, siendo iguales 
los dias y las noches, esto es: que se hallaban ba^o la 
Línea Equinoccial. En seguida dejó de ver la estrella 
del Norte y apenas divisaba las estrellas de la Osa Menor, 
reconociendo que había pasado la Línea seis grados al Sud. 

Los únicos instrumentos de que podía valerse eran, el 
cuadrante y el astrolabio, así es que tuvo gran trabajo para 
poder determinar la longitud, recurriendo al medio de 
observar de noche las oposiciones de un planeta con otro, 
sobre todo de la Luna qué es de mas rápida marcha; 
comparando estas observaciones con el Almanaque de Juan 
de Monterregio, compuesto para el meridiano de la ciu- 
dad de Parrara, acordándolo todo con las tablas del rey 
Don Alfonso, que en aquel tiempo habíanse acercado 
mucho á la verdad; aprovechóse de la circunstancia de 
la conjunción de la luna con Marte que debía tener lugar 
el 23 de Agosto de 1499, que para aquel meridiano de 
Ferrara debía ocurrir á las doce de la noche ó media 
hora después y en este hecho basó sus observaciones, que 
le dieron ochenta y dos grados y medio del meridiano de 
Cádiz ó sea una distancia de mil trescientas sesenta y 
seis leguas. 

Es en estos cálculos, tan adelantados para aquellos tiemv 



AMÉRICO VESPUCIO. 85 

pos, que mostró Vespucio su superioridad sobre todos los 
descubridores del Nuevo Mundo, incluso Colon. 

Debe notarse que Vespucio refiere la Longitud que ob- 
servó, al meridiano de Cádiz y no á aquel para el cual ha- 
bían sido hechos los cálculos de Monterregio, pero debe tam- 
bién notarse que la conjunción de la Luna con Marte que 
debía tener lugar á la media noche en el meridiano de 
Ferrara, debía ocurrir á las once y veintiún minuto en 
él de Cádiz, que es mas Occidental cerca de treinta y 
nueve minutos; observó pues en el meridiano en que se 
encontraba á las siete y treinta y cuatro minutos, que 
la Luna estaba un grado y algunos minutos mas al Oriente 
de Marte, y á media noche tres grados treinta minutos, 
de lo cual resulta por movimiento horario relativo de 
los dos planetas, dos grados, veinticinco minutos en el 
intervalo de cuatro horas, veinte y seis minutos; por con- 
secuencia un grado, cinco minutos (suponemos que sean 
cinco esos minutos) en la primera observación, respon~ 
den á una hora, cincuenta minutos aproximadamente; de- 
duciéndose de las siete horas, treinta y cuatro minutos, 
en que hizo la observación, resulta que tuvo lugar la 
conjunción á las cinco horas, cuarenta y cuatro minutos 
en el meridiano que Américo se encontraba. 

Y si la misma conjunción debia ocurrir en el meridiano 
de Cáliz á las once horas y veintiún minuto, resulta 
que la diferencia de tiempo para todos los meridianos 
es de cinco horas, treinta y siete minutos, ó sea cinco 
lloras, treinta minutos, pequeña diferencia con lo expresado 
por Vespucio. Haciendo uso de la analogía; si veinti- 
cuatro horas dan tres cientos sesenta grados, cuantos darán 
cinco horas y media? Tendremos ochenta y dos grados, 
treinta minutos, como distancia entre los dos Países. Con 



86 AMÉRICO VESPUCIO. 

todo Vespucio erró en este cálculo que rectificó en ob- 
servaciones posteriores. 

Sin embargo, no demuestra Vespucio haber sido un 
astrónomo perfecto; el mismo lo dá á entender en las 
expresiones que usa relativamente á las estrellas fijas que 
observó y mas que todo, en haber hecho una observación 
de la Luna, al comparecer esta sobre el Horizonte, sin 
corregir el error de la paralaje, y de una paralaje hori- 
zontal, que es la mayor de todas, lo que sin duda fué 
la causa del error á que nos hemos referido. Pero por 
la misma razón, nos admira que hubiese hecho la me- 
dida del tiempo confrontándolo con las distancias ce- 
lestes, método que en la Historia de la Astronomía se 
atribuye á Guillermo IV de Asia y que, perfeccionado 
después, debia ser la base de esta ciencia. 

Este primer viaje de Vespucio dio por resultado en 
primer lugar la confirmación de la conjetura de Colon 
de que la tierra visitada era un Continente. "Después 
"de haber navegado, dice él, cerca de cuatrocientas le- 
"guas continuamente por la costa, concluimos que esta 
"era TIERRA FIRME, que juzgué el confín del Asia 
"por la parte del Oriente y el principio por la de Occi- 
dente." 

En segundo lugar determinó Vespucio con este viaje 
la corriente del Golfo de Méjico, respecto de la cual dice, 
que son las del estrecho de Gibraltar y del Faro de Me- 
silla, como un tranquilo estanque. 

En tercer lugar halló un método para el cálculo de 
las lougitudes desconocido por todos hasta entonces. 

Con este solo viaje, Américo Vespucio aparece como 
uno de los que han desempeñado mas importante misión 
en los descubrimientos del Océano, del arte de navegar, 
y del Continente Americano. 



AMÉRICO VESPUCIO. 87 

Antes de él, Colon no pudo decir, refiriéndose á dicho 
Continente, sino: Esa tierra debe ser un continente, Ves- 
pucio fué, el primero que pudo decir: — Esta tierra es 
un Continente. Si Toscanelli determinó la teoría del 
descubrimiento, si Colon inició denodadamente la prác- 
tica de esa teoría, Vespucio ha segundado dignamente á 
uno y otro y sino ha merecido que su nombre señale los 
mas grandes continentes del mundo, sería también in- 
justo que no figurase entre los primeros descubridores. 

Encuanto á la creencia de que el Continente descubierto 
era el confín del Asia, era el error de Toscanelli y del mismo 
Colon, error que debía conservarse aun por mucho tiempo. 



AMERICO VESPUCIO. 89 



CAPITULO XIII. 



Segundo viaje de Vespucio — Dificultades para establecer su data 
— Fué un viaje de rectificación — Explicación — Invitación del 
Rey de Portugal — Tercer viaje — Punto de llegada — Explo- 
ración hasta los treinta grados — Cuarto viaje — Fué también 
de rectificación — Babia de Todos Santos — Primera coloniza- 
ción Brasilera — Bahia de Cabo Frió — Regreso á España — 
Nombramiento de Piloto Mayor del Rey no— Muerte de Vespucio. 



Para determinar el segundo viaje de Vespucio nos ha- 
llamos con mayores dificultades que las que dejamos ven- 
cidas en los capítulos anteriores. No se ha encontrado 
como respecto á su primer viaje, carta alguna dirigida 
á Lorenzo de Medici ó á otra persona, carta que revis- 
ta carácter auténtico y que no tenga las sospechas de 
antedatas y de adulteraciones que tiene la carta en cua- 
tro capítulos dirigida á Soderini, y que como hemos di- 
cho, ha aparedido publicada fuera de Italia sin hallarse 
en sus archivos original ó Códice con que confrontarla. 
Cierto es que comparando la carta dirigida á Lorenzo 
de Medici con esta otra, se encuentra semejanza de esti- 
lo y el mismo empleo de españolismos y cierto es también 
que no habiendo sido conocida la primera sino mucho 
después de aparecer publicada la segunda, los que adul- 
teraron esta no pudieron tener á aquella por modelo para 
componerla del todo. 

De esto nos es dado inducir que la carta de Soderini 
no es del todo apócrifa, ' por mas que no nos merezcan 
fé sus datas y sus referencias y á falta de otro documento 

13 



90 AMÉRICO VESPUCIO. 

podremos servirnos del segundo capítulo de dicha carta, 
para lo relativo á este segundo viaje. 

En la carta dirigida á Medici respecto al primer via- 
je, se leen al final estas palabras: — " Están armando- 
" mé tres naves para que vaya nuevamente á descubrir 
" y creo que estarán prontas á mediados de Setiembre 
" próximo." Esto decia Vespucio en 18 de Julio de 1500, 
así pues, por mucho que se demorase el armamento de 
las naves, no dejarían de estar prontas á fines del mis- 
mo año. Esta referencia nos autoriza á fijar la fecha 
de su segundo viaje en esa época. 

Partieron las tres naves referidas del puerto de Cádiz 
llegando á las islas del Cabo Verde después de haber pa- 
sado á la vista de la isla de la Gran Canaria, yendo á 
hacer provisión á la ( 1 ) Isla del Fuego. 

De ella se hizo rumbo al S. O. y en cuarenta y cua- 
tro dias llegaron á una tierra nueva que juzgaron ser 
tierra firme y continua á la de que se hizo mención en 
el primer viaje, la cual está situada dentro de la Zona 

( 1 ) El Señor Yárnh'agen observa con razón que esta ex- 
pedición no pudo salir de la Isla de Fuego, que ha sido y 
es posesión portuguesa porque' los buques españoles que iban á 
los descubrimientos llevaban orden de no tocar en ninguna tierra 
que hubiese sido descubierta ó estuviese poseída por el llcy de 
Portugal. Asi supone que en vez de esa Isla debió ser la Isla 
de Fierro; pero esta isla es una de las Canarias y en la re- 
lación de Vespucio se dice que pasaron á vista de estas islas 
y fueron á las del Cabo Verde, lo que escluye la posibilidad 
de un simple error le palabra. 

Esto nos convence mas de las alteraciones que ha sufrido 
esa carta dirigida á Soderini, que el Sr. Varnhagen supone tan 
digna de crédito y justifica mas el recelo con que la admiti- 
mos nosotros, no aceptando de ella sino lo razonable y con- 
cordante con los demás documentos. 



AMERICO VESPUCIO. 91 

Tórrida, á los cinco grados de latitud Sud. Si el lector re- 
cuerda que en el primer viaje llegó Vespucio á la boca del 
Orenoco y de allí navegó al S. O. hasta seis grados la- 
titud Sud, reconocerá como se armoniza aquella relación 
con esta y cuan justas han sido nuestras observaciones 
críticas sobre estos documentos, pues lo que elejamos re- 
ferido es tomado, casi textualmente, del capítulo segundo 
de la carta al Soderini, salvo la fecha ele la partida y 
de la llegada, que se conoce que es aquí lo único que 
ha sido alterado. 

Llegó pues Vespucio en su segundo viaje al mismo 
punto, ó un grado menos, donde concluyó su primer viaje, 
por lo cual dice: — llegamos á ana, tierra nueva que 
juzgamos tierra firme y continua con la arriba men- 
cionada. 

Pero es tal la deficiencia de datos que nada mas po- 
demos decir con seguridad respecto de este segundo viaje. 
En cuanto al primero, hemos podido confrontar las rela- 
ciones del mismo Vespucio con las del historiador Herrera, 
que siéndole notoriamente contrario, no puede ser mejor 
apoyo para sus afirmaciones. Pero Herrera, y al decir 
Herrera, decimos Muñoz, Charlesbois y todos los que lo 
han copiado, nada dicen de este segundo viaje y nos ha- 
llamos con un solo documento que si bien no nos deja 
duda de que tal viaje tuvo efecto, porqué concuerda con 
referencias déla carta relativa al primer viaje, cuya auten- 
ticidad es indudable, no nos dá luz alguna sobre los deta- 
lles de esta expedición, tal es la confusión y las alteraciones 
que en él se han hecho. 

Sin embargo, podemos asegurar por el estudio profun- 
do que hemos hecho de este, documento, que desde los 
cinco grados de latitud Sur, donde llegó Vespucio en su 



92 . AMÉRICO VESPUCIO. 

segundo viaje, no fué á explorar la tierra nueva y con- 
tigua á la anteriormente descubierta, sino que navegó 
hacia el Ñor Oeste y este rumbo, que sus historiadores 
no han podido conciliar, nos demarca precisamente que 
en vez de seguir hacia el Sur la costa Americana, dobló 
el Cabo San Koque y siguió la diagonal del perfil de 
esa costa que va hasta el mar de las Antillas, es decir que 
hizo en sentido contrario, el mismo trayecto que hizo en 
su primer viaje, rectificando los puntos que ya habia 
descubierto hasta el golfo ó ensenada de Venezuela. Fué 
pues este segundo viaje no de nuevos descubrimientos, 
sino de rectificación. 

Asi se explica que, al referir este segundo viaje, repita 
en la carta dirigida á Soderini, muchas cosas de las ya 
dichas á Lorenzo de Medici, pues debiendo refeiirse á 
las mismas tierra?, las particularidades que omitiese en 
la relación del primer viaje, pudo bien referirlas en el 
segundo, sin ser fuera de propósito. 

En resumen, Vespucio recorrió, en su primer y segundo 
viaje, la costa Americana desde el Orénoco hasta el gra- 
do seis latitud Sur y desde este mismo punto, hasta el 
mismo Orénoco, á cuya costa le dio el nombre de Cos- 
ta de las Perlas. 

Regresó Vespucio á Cádiz, de este viaje, en 8 de Se- 
tiembre de 1501 ( 1 ) Hallándose en Sevilla reposando 
de sus fatigas, recibió un mensaje del Rey de Por- 

(1) Bueno es advcrür que hemos tenido gran cuidado <:n 
establecer ciertamente la fecha del primer viaje, porque ella 
debe ser la clavo pava corregir las demás fechas. Así, siendo 
evidente que emprendió su primer viaje en Mayo de 1499 y 
que regresó en Junio de 1500, su segundo viaje que según el 
mismo lo dice duró cerca de un ano y que termino en el raes 



AMÉRICO VESPÜCIO. 93 

tugal invitándolo á que se pusiera á su servicio para 
nuevos descubrimientos y después de algunas vacilaciones 
aceptó la invitación, según nos lo refiere en una de sus 
cartas. 

Ya por este tiempo el Piloto Portugués Pedro Alva~ 
rez Carral, navegando á poca distancia de las islas de 
Cabo Verde, fué sobrecojido por furiosa tempestad que lo 
lanzó gran distancia dentro del mar; después de haber 
corrido largo tiempo la tormenta, hallóse á vista de una 
tierra y de un puerto en que se refugió, por lo cual 
llamóle Puerto Seguro. Ignorante en la Cosmografía, no 
supo determinar la situación precisa de ese punto, ni 
era capaz de volver á él, pero habia encendido su relato 
en el Monarca el deseo de su descubrimiento, ya que 
el nuevo pacto de demarcación permitíale hacer explora- 
ciones hacia ese rumbo. 

Con ese objeto habia hecho aparejar la escuadra en 
la cual debia ir Vespucio para ayudar á los descubri- 
mientos. 

En cuanto á la fecha de este tercer viaje, debemos 
observar que nos parece inverosímil el mes de Mayo, es- 
tablecido en la carta á Soderini, pues el lapso d© tiempo 
transcurrido entre Setiembre y este mes, es demasiado 
largo, para el solo efecto de trasladarse Vespucio de Se- 
villa á Lisboa y de salir la expedición que ya estaba 
preparada, habiendo urgencia en que saliese. 

Es de suponer pues, que no se demorase mucho en 

Setiembre, debió haber empezado, como lo hemos explicado, 
fundándonos en lo que él mismo dice al final de su carta á 
Medici. que los buques estarían prontos á mediados de Se- 
tiembre, debia haber empezado decimos, en Setiembre de 1500, 
debiendo necesariamente concluir en Setiembre de 1501, 



94 AMÉRICO VKSPUCIO. 

Lisboa y que este tercer viaje, empezase á fines del mis- 
mo año de 1501. Por último diciendo en su carta que 
esta jornada duró quiñón meses, debemos suponer tam- 
bién que concluyó á fines del año siguiente ó, cuando 
mas tarde, á principios de 1503. 

Después de una navegación muy contrariada y tormen- 
tosa, arribó la flota á un punto contiguo al mismo en 
que Vespucio concluyó su primer viaje y del cual em- 
pezó su segunda exploración que, como recordará el lector, 
era el quinto grado de latitud Sur. Por eso dice : " Esta 
'• tierra firme empieza del otro lado de la Línea Equi- 
" noccial, ocho grados hacia el Polo Antartico, navegando 
" cerca de esta costa hasta pasar el Trópico de .Ca- 
" p ricor nio hacia dicho Polo por diez y siete y medio 
"grados, hasta donde teniamos el horizonte á treinta 
" grados." Debemos advertir que decimos treinta y no 
cincuenta como está en el texto, por que esa es una equi- 
vocación notoria habiendo tomado el tres por un cinco. (1) 

Tenemos pues que en este tercer viaje exploró Vespucio 
desde el puerto de Pernambuco hasta Porto Alegre, re- 
sultando que en estos tres viaj es Ámérico habia reconocido 
desde las Bocas del Orénoco, mas de las dos terceras partes 
de la gran extensión de la costa Oriental de la Amé- 
rica del Sur, siendo de notar que estas exploraciones las 
iba haciendo sucesivamente, empezando una donde pre- 
cisamente concluía la otra. 

El cuarto viaje, fué para las tierras descubiertas en 
el tercero, lo que el segundo para las exploradas en el 
primero; esto es: un viaje de pura rectificación, pues llegó 
al mismo punto y recorrió la misma costa. Sea dicho 

(1) Yéasc el apéndice, Observaciones. 



AMERICO VESPUCIO. 95 

en verdad que Vespucio no se proponía tanto hacer esta 
rectificación, cora o el seguir buscando los puntos soña- 
dos por los Cosmógrafos antiguos y por supuesto, reci- 
biendo á cada paso sorpresas y desengaños. Kecien después 
de este cuarto y último viaje aparece Vespucio conven- 
cido de que no eran sino sueños esos itinerarios de To- 
lomeo y de Toscanelli,- pues llama Nuevo Mundo á las 
tierras últimamente conocidas. 

Debió empezar este viaje, inmediatamente después de 
concluido el anterior, es decir en 1503 para que conclu- 
yese en 1504, pues en 1505, se hallaba Vespucio nueva- 
mente en España. 

Refiere que fué muy desgraciado este viaje en su prin- 
cipio, habiendo perdido la nave Capitana, por haber 
cometido el gefe de la expedición la imprudencia de ir 
primero á la Sierra Leona, tierra de la Etiopía Austral. 
En cuanto á la navegación al S. O. no hallamos otra 
novedad que el tropiezo con una isla que podría tener 
como una legua de largo y poco distante de la Costa 
Americana, por lo cual suponemos fuese la Isla de San 
Fernando de Noronha. 

Como aste viaje era de rectificación, ibanse reconociendo 
prolijamente los punto? de la costa. Descubrieron así 
un puerto que le pusieron por nombre Bahia de Todos 
Santos, que es el mismo en que actualmente existe la 
ciudad de este nombre, segunda en importancia del Bra- 
sil. De este puerto, donde habían esperado en vano al 
Capitán por mas de diez y siete dias, salió la expedi- 
ción al mando de Vespucio y después de navegar doscientas 
sesenta leguas, arribaron á otro puerto, donde levantaron 
una fortaleza, dejando en ella veinticuatro hombres que 
se habian salvado de la nave Capitana. Cual fuese este 



96 AMÉRJCO VESPUCIO. 

puertoj en que tuvo principio la primer colonización del 
Brasil, lo explica un documento que hemos visto trans- 
cripto en la obra del Señor Varnhagen, del cual resulta 
que el Cosmógrafo Mayor Alonso de Santa Cruz, en su 
Islario ofrecido al Emperador Carlos V, que se halla ma- 
nuscrito en la Biblioteca Imperial de Viena, dice: 4fc Junto 
"áesta Babia (de Cabo Frió) fué donde Américo Bes- 
"pucho, Piloto Mayor de Castilla, en el último viaje 
44 que hizo, fundó una casa donde dejó veinticuatro cris- 
tianos." Por otra parte la distancia de doscientas y 
tantas leguas que dá Vespucio por recorridas desde Ba- 
hia á este punto, condice con el referido documente. 

Antes de concluir debernos llamar la atención sobre 
la referencia que hace el mismo documento de haber 
sido este el último viaje de Vespucio, ya que el mismo Señor 
Varnhagen, pretende, tan sin razón, que hiciese un quinto 
y sexto viaje. 

Como hemos dicho, á principios de 1505 hallábase Ves- 
pucio nuevamente en España, nombrado Piloto Mayor 
del Eeyno, lo que consta, primero: de su carta de na- 
turalización expedida en Toro en 24 de Abril de 1505 
y segundo: de la carta que Cristóbal Colon escribió en 
Febrero del mismo año á su hijo Diego, refiriéndole que 
Vespucio, que debia ir á la Corte por sus propios asun- 
tos, estaba dispuesto á servirlo en la instancia que tenia 
entablada para recuperar sus regalias. 

En 1512 murió Vespucio en Sevilla, como ya hemos 
tenido ocasión de decirlo, refiriéndonos á un asiento de 
la Casa de Contratación, en que consta el pago de los 
últimos sueldos que devengó en su empleo y que dejó 
como legado á la Iglesia Metropolitana de aquella ciudad. 



AMÉRICO VESPUCIO. 97 



CAPITULO XIV. 

Quien merecía haber dado su nombre al Nuevo Mundo — Ino- 
cencia de Vespucio— Cuando apareció el nombre de América 
— Opiniones sobre este nombre — Carácter de Vespucio — No- 
bleza de sus sentimientos — Paralelo entre Colon y Vespucio. 



Ha dicho un gran poeta francés que hay hombres des- 
graciados respecto á sus descubrimientos; Cristóbal Colon 
no pudo dar su nombre al Continente que descubrió y 
Guillotin no pudo quitar el suyo á la máquina que inventó. 

Pero, bien miradas las cosas, ni Colon ni Américo te- 
nían un derecho perfecto á cubrir con sus nombres la 
inmensa extensión de los Continentes Americanos, sí este 
derecho derivar debiese de la prioridad del descubrimiento 
ó de la exploración completa de sus costas. 

Colon recien en su cuarto viaje tuvo evidencia de que 
era un Continente la tierra que tenia delante, pues en 
su tercer viaje, como lo hemos dicho, no hizo sino con- 
jeturarlo. 

Vespucio exploró muchísima mas extensión de costa y 
tuvo antes que aquel la evidencia de que eran las de 
un Continente. Ninguno de los dos exploró un palmo de 
terreno en la América del Norte, de modo pues que el 
fallo de la posteridad no puede pronunciarse en favor de 
uno ni de otro nombre. 

A lo que Colon tiene incuestionable derecho es al Océano, 
pues aun admitiendo como verdaderas las expediciones 
anteriores de los Escandinavos á la América del Norte, 

U 



98 AMÉRICO VESPÜCIO. 

Colon fué el primero que se lanzó cien ti ricamente por el 
anchuroso piélago, buscando la solución del mas gran- 
dioso problema económico de los tiempos modernos. Así 
pues el Atlántico debiera llamarse Océano de Colon. 

La conciencia universal prescindiendo de estas consi- 
deraciones, ha querido honrar á Américo sirviéndose de su 
nombre para señalar la tierra de promisión que debe 
resolver mejor que las que se buscaban, aquel gran pro- 
blema de la humanidad. 

Sí hay en esto injusticia debe reconocerse que Américo 
no contribuyó á ella, no usurpó derechos ajenos, no lanzó 
imposturas, como se ha pretendido, para conseguirlo. 

Ya hemos dicho que en sus últimos viajes, convencido 
de que las tierras que habia descubierto, no eran el confín 
del Asia como lo habia creído en los primeros, las llamó 
Nuevo Mundo. 

En España esas tierras eran conocidas con el nombre de 
Indias; sus Eeyes se llamaban Hispaniarum Indiarum- 
que; los códigos que dictaban para ellas se llamaban: 
Leyes de Indias; todas las provisiones y documentos lle- 
vaban ese título de Indias. 

El nombre de América no aparece en carta geográfica 
alguna publicada antes del año 1535. Encuéntrase una, 
en una edición de Tolomeo impresa en aquel año en 
Lyon; r la fecha de la carta, sin embargo es anterior y 
su título es: Orbis Typus Univer salís Juxta Hidro- 
cfrapkarum tradictionem exactissime depicta — 1522. 
En esta, carta hacia el Polo Antartico se vé una lengua 
de tierra que no puede discernirse si sea Isla ó Conti- 
nente, y en un vacio cerca del Brasil se lee — América. 
Pero es de notarse que del otro lado de la Línea Equi- 
noccial se lee también Caput 8. Cru, debiéndose tener 



AMÉRICO VESPUCIO. 99 

presente que el Brasil era llamado Terra Sancta Cruois y 

que esta es una carta de navegar, por lo cual debe suponer- 

( se que ha sido sacada de las cartas dibujadas por Vespucio. 

En cuanto á las opiniones sobré el origen del nombre de 
América, hay muchas y muy variadas. La mas antigua 
de todas es la de Natalio Conté que en su historia de 
las turbulencias de Francia habla de la emigración de 
Villegagnon con los Hugonotes á un rincón del Brasil 
y asegura que esos deportados franceses llamaron á aquel 
pais América, por haberla descubierto Américo Vespucio. 
Pero esta emigración tuvo lugar en 1555 y el nombre 
de América estaba ya en uso desde 1512. 

La segunda opinión pertenece á Tiraboschi, que á este 
respecto dice lo siguiente: "El empleo dado á Vespucio 
" le dio ocasión de inmortalizar su nombre, aplicándo- 
lo á las provincias nuevamente descubiertas. Así pues 
"debiendo dibujar las cartas para navegar, comenzó á 
"indicar á aquellos países llamándolos América; este 
" nombre usado por los navegantes llegó á ser universal. " 
Antonio Herrera dice solamente: "Porqué era necesa- 
" rio que uno quedase en Sevilla para hacer los marcas, 
" pareció que de esto era mas práctico Américo Vespu- 
" ció, y se mandó que se le encomendase con título de 
"Piloto Mayor.... y de aquí tomaron aquellas partes de 
" las Indias del Medio dia el nombre de Américo. etc." 
Es indudable pues que al principio no se dio el nom- 
bre de América sino á la costa del Brasil que este habia 
descubierto, á las que hemos visto que habia llamado 
Nuevo Mundo. Por lo demás, la opinión de Tiraboschi, no 
se funda sino en la afirmación de Herrera, pero este no 
afirma que Vespucio diese su nombre á las tierras descu- 
biertas. 



100 AMÉMCO VESPUCIO. 

Prévost, mas. bien parcial contra Vespucio, dice lo si- 
guiente: " Diaz de Solis y Yañez Pinzón recibieron orden 
" de ir á la Corte con Américo Vespucio y Juan de la 
" Casa... .y fué ordenado que los descubrimientos conti- 
" nuasen hacia el Sud á lo largo de la costa del Brasil 
" ....el Rey hizo equipar dos carabelas, que fueron con- 
" fiadas á tan famosos pilotos. Pero se juzgó necesario 
" retener uno de ellos en Sevilla para que hiciese los 
"itinerarios y Vespucio fué nombrado para este oficio. 
" De esta elección y ele las cartas patentes dadas en Burgos 
" confirmando esto, ha tomado el Nuevo Mundo el nom- 
" bre de America. La justicia y la razón exigían, según 
" Herrera, que hubiese tomado el nombre de Cristóbal 
" Colon á quien se debia su primer descubrimiento, pero 
" la declaración del Rey de España llegó á ser una ley 
" para toda la Europa etc. " 

Y cualquiera que sea el documento que se consulte, 
cualquiera el autor que se estudie, por enemigo que sea 
de Vespucio, no se hallará una razón que justifique que 
haya querido atribuirse la gloria de dar su nombre al 
Nuevo Mundo descubierto, siendo desautorizada, cualquiera 
opinión, que como la de Tiraboschi, se pueda presentar 
en contra. 

La tacha que también se le ha hecho de haber ante- 
datado su primer viaje, aparece desmentida por la carta 
que él mismo escribió á Lorenzo de Medici y que per- 
maneció ignorada hasta mediados del siglo XVIII en 
que se descubrió uno de sus códices y en la cual aparece 
la verdadera data de ese viaje. 

En sus relaciones resalta la modestia de su carácter 
presentnádose como que iba simplemente á ayudar- á 
descubrir, mientras que de los hechos mismos resulta que 



AMÉRICO VESPUCIO. 101 

esos descubrimientos no se hubieran llevado á cabo sin 
sus conocimientos astronómicos y cosmográficos. 

No es de suponerse que un hombre semejante hubiese 
concebido el plan de apropiarse glorias ajenas. 

Su mérito fué bien apreciado por los Soberanos de 
España al extremo de hacerles olvidar que se hubiese 
puesto al servicio del rey de Portugal. 

Los motivos en que se basaba su carta de naturali- 
zación eran los importantes servicios que había hecho 
á la Corona de España. 

Por ese tiempo Cristóbal Colon estaha en desgracia y 
Américo con una hidalguía que pocas veces se halla en- 
tre los émulos contemporáneos, tendió una mano amiga 
al caido y se valió de su influencia en la Corte para 
abogar por su causa. 

Esta nobleza de sentimiento no es propia del mez- 
quino corazón del envidioso usurpador de la gloria ajena. 

Entre Colon y Vespucio habia esta diferencia: aquel 
tenia genio, le devoraba una ambición inmensa y á las 
borrascas de su alma respondian las borrascas de su suerte. 
Hoy el apoteosis, mañana las cadenas y la cárcel; hoy 
la embriaguez del triunfo y del mando, mañana la hu- 
millación del motin y la profanación de la canalla; hasta 
en su vida privada se alzan y se abaten estas ondas 
de la fortuna: hoy la fatiga del peregrinage, la amar- 
gura de la viudez, mañana el reposo entre los jardines 
de Andalucía y los poéticos amores de una de esas mu- 
jeres de alma ardiente y de seductora belleza. La vida 
de Colon es el drama de la alta vida del genio, seme- 
jante á las calmas y á las borrascas del alto Océano. 

Vespucio no tenía genio ni ambición, por eso no nos 
queda de él sino la historia desmantelada de sus des- 



102 AMÉRICO VESPUCIO. 

cubrimientos. Interroga alas estrellas, sorprende la con- 
junción de los astros y calcula fríamente las distancias, 
graba sobre el papel el perfil de las costas que des- 
cubre y acepta resignado la misión de señalar á los 
nuevos descubridores el itinerario que debian seguir. Por 
eso Vespucio ni sube á las alturas de la gloria ni des- 
ciende á los abismos de la contrariedad. 

Pero nadie puede despojarlo del mérito de ser uno de los 
que mas colaboraron al descubrimiento de la América y su 
nombre aunque no designase los mas grandes Continen- 
tes del Mundo, estaría siempre bien colocado al lado de 
los nombres de Toscanelli y de Colon. 



FIN. 



APÉNDICE 



3 1 



r u 



APÉNDICE— CAKTAS. 105 

APÉNDICE 

CARTAS Y RELACIONES 

DE 

Ainérieo Vespuci© 

( Traducidas del texto Italiano. ) 

i. 

CARTA 

á Lorenzo el Magnífico 
hijo de Pedro Francisco de Medid. 



Magnífico Señor: Hace algún tiempo que no he escrito á 
Vuestra Magnificencia; esto no ba tenido por causa nin- 
guna otra cosa que no haber ocurrido nada de importancia 
y la presente tiene por objeto daros noticia de como, 
hace cerca de un mes, llegué de la India por la via del 
mar Océano á esta ciudad de Sevilla y de las cosas mas 
maravillosas que he observado, por cuanto creo que 
V. M. tendrá placer en conocerlas. Y si soy algo difuso, 
sirvase leerla aunque sea en sus ratos de ocio, como se 
toma el postre después de servida la comida. V. M. 
sabrá como por comisión de este Rey de España, partí 
con dos carabelas el dia 18 de Mayo de 1499 para ir 
á descubrir hacia la parte del S. O. del mar Océano y 



106 AMÉ «ICO VE3PUCIO. 

y tomé mi camino á lo largo de la costa de África, 
navegando hasta llegar á las Islas Afortunadas que hoy 
se llaman las Canarias: y habiéndome provisto allí de 
todas las cosas necesarias, hechas nuestras oraciones, 
hicimonos á la vela de una isla que se llama la Gromera 
y pusimos la proa al S. O. (Libeccío) y navegamos 
veinticuatro dias con viento fresco, sin ver tierra alguna, 
al cabo de los cuales avistamos tierra y reconocimos 
haber navegado ceica de mil trescientas leguas, contadas 
desde lá ciudad de Cádiz, al rumbo S. O. Vista la 
tierra dimos gracias á Dios y largamos los botes y con 
diez y seis hombres fuimos á tierra y la encontramos tan 
poblada de árboles que era una maravilla, no solo por la 
grandeza de ellos, sino también por su verde follaje pues 
jamas lo pierden y por el aroma que exbalaban recreando 
mucho el olfato. Recorrimos lo largo de la costa por ver 
si encontrábamos lugar donde saltar en tierra y como era 
tierra baja, nos afanamos todo el dia hasta la noche sin 
poder hallar desembarcadero, pues nos lo impedia no solo 
lo bajo de la tierra sino también la espesura de los árbo- 
les; de modo que acordamos volvernos á las naves é ir á 
descubrir la tierra en otra parte: y vimos una cosa mara- 
villosa en este mar y fué que antes de atracar á tierra, á 
quince leguas, encontramos el agua tan dulce como la, 
de un rio, tanto que llenamos todos los cascos vacíos 
que temamos. Cuando estuvimos en las naves, levamoi 
anclas é hicimos vela poniendo la proa al medio ; porque 
mi intención era ver si podia doblar un cabo de tierra, 
que llama Tolomeo Cabo de Catigara que da paso ai 
Seno Magno que según mi opinión no estaba muy dis- 
tante de este punto, s^gun los grados de latitud y lon- 
gitud como mas abajo referiré. Navegando hacia el 8tt<* 



APÉNDICE— CAUTAS 107 

á lo largo de la costa, vimos salir de la tierra dos 
grandes rios, uno que venia del Poniente y corria hacia 
el Levante y tenia de anchura cuatro leguas, es decir 
diez y seis millas: y el otro corria del Sud al Norte y 
tenia de anchura tres leguas: y creo que estos dos rios 
hacían que el mar estuviese dulce por causa de su 
grandeza. Y viendo que todavía la tierra era baja, 
acordamos entrar en uno de estos rios con las harcas 
y navegar tanto en él que encontrásemos disposición de 
saltar á tierra ó de hallar alguna población; arregladas 
nuestras barcas y llevando mantención para cuatro dias, 
con veinte hombres bien armados, entramos por el rio y 
á fuerza de remo navegamos por él cerca de dos dias, en 
una extensión como de diez y ocho leguas, habiendo tenta- 
do desembarcar en muchas partes: y siempre encontramos 
que era tierra ba i# a y tan poblada de árboles que apenas 
un pájaro podía volar por ella; y navegando asi por el rio 
vimos señales ciertas de que la tierra era habitada: y 
porqué habíamos dejado las carabelas en lugar peligroso 
si soplaba el viento de travez, acordamos al fin de los dos 
dias volvernos á ellas y lo pusimos en práctica. Vimos 
una infinidad de pájaros de distintas formas y colores, y 
tantos papagallos de tan variadas clases que era una mara- 
villa, unos colorados como grana, otros verdes y amarillos; 
y el canto de los otros pájaros que estaban en los árboles 
era tan suave y de tanta melodía que nos deteníamos 
muchas veces á gozar de su dulzura. Aquellos árboles 
eran tan bellos que nos creíamos en el Paraíso Terrestre, 
. y ninguno de aquellos árboles ni sus frutos tenían seme- 
janza con los nuestros. Vimos á orillas del rio mucha 
gente de extraordinaria figura ocupada en recorrerlas ó 
en pescar. Una vez en los buques nos movimos teniendo 



108 AMÉRICO VESPUCIO. 

la proa siempre á medio dia y hallándonos surtos en el 
mar cerca de cuarenta leguas, nos hallamos en una corrien- 
te de mar de S. E. (Scirocco) al N. O. (Maestrale) que 
era tan grande y venía con tal furia que nos puso en 
cuidado y nos trajo gran peligro. La corriente era tal 
que aquella del estrecho de Gibraltar y aquella del Faro 
de Mesina son como un estanque en comparación de esta: 
de modo que como ella nos venía por la proa no hacíamos 
camino á pesar de tener viento; y asi viendo el poco 
camino que hacíamos y el peligro en que estábamos, 
resolvimos volvernos al N. O. y navegar hacia el Norte y 
puesto que si mal no recuerdo, V. M. entiende algo de 
Cosmografía pienso describirle nuestra marcha por via 
de longitud y latitud; así pues sabrá V. M. que navegamos 
tanto hacia la parte de medio dia que entramos á la 
Zona Tórrida, dentro del Círculo de Cáncer; y habéis de 
tener por cierto que en pocos días y navegando por e^a 
Zona, hemos visto las cuatro sombras del sol por cuanto 
este se hallaba en el zenit á mediodía; esto es estando 
el sol en nuestro meridiano, no teníamos sombra alguna 
y todo esto me acaeció muchas veces é hícelo ver á toda 
la compañía, tomándola por testigo, porque la gente 
ignorante no sabe como la esfera del Sol marcha por su 
círculo del Zodiaco; pues unas veces veía la sombra al 
Sud y otras al Norte, ora al Occidente ora al Oriente y 
algunas veces (una ó dos horas al dia) no teníamos som- 
bra alguna. Navegamos por la Zona Tórrida á la part^ 
Austral hasta hallar que nos encontrábamos bajo la Líne;i 
Equinoccial, y que teníamos uno y otro Polo al fin de 
nuestro horizonte; pasamos la línea en seis grados sin ver 
ya la estrella del Norte y apenas divisábamos las estrella* 
de la Osa Menor y deseoso de determinar la estrella del 



APÉNDICE— CARTAS. 109 

otro Polo, perdí muchas veces el sueño para contemplar 
el movimiento de las estrellas de ese Polo para determinar 
cual de esas tenía menos movimiento y que fuese mas 
fija, sin poderlo conseguir por mas malas noches que 
pasé y apesar de haber usado del cuadrante y del astro- 
labio. No determiné estrella que no tuviese menos de 
diez grados de movimiento al rededor del firmamento: 
y mientras me ocupaba de esto me acordé de un dicho 
de nuestro poeta Dante en el primer canto del Purgatorio, 
cuando finge salir de este hemisferio y encontrarse en el 
otro, pues queriendo describir el Polo Antartico, dice: 

lo mi volsi á man destra e posi mente 
All'altro Polo, e vide quatt-ro stelle 
Non viste mai, ínor che alia prima gente: 
Goder pareva ilCiel di lor fiammelle; 
O settentrionhl, vedovo sito! 
Poiché privato sei di mirar quelle ! 

A mi parecer el poeta en estos versos quiere describir 
por las cuatro estrellas, el Polo del otro firmamento, 
y no desconfio hasta aquí de que aquello que dice sea 
la verdad, por que noté cuatro estrellas que tenían 
poco movimiento; y si Dios me da vida y salud espero 
volver á aquel hemisferio y no regresar sin demarcar el 
Polo. En conclusión digo que nuestra navegación se ex- 
tendió tanto á la parte del medio dia que nos alejamos 
del camino de la latitud de Cádiz sesenta y medio grados ; 
porqué sobre la Ciudad de Cádiz alza el polo treinta 
y cinco grados y medio y nosotros habíamos pasado la 
Línea Equinoccial en seis grados: Esto baste respecto 
á la latitud. Habéis de notar que esta navegación ocurrió 
en los meses de Julio, Agosto y Setiembre, que como 
sabéis el Sol reina mas de continuo en este nuestro he- 



110 AMÉRICO VESPCJCÍO. 

misferio y hace mayor el arco del dia que él de la noche: 
y mientras que estábamos en la Línea Equinoccial ó cerca 
de ella, á cuatro ó seis grados, en el mes de Julio y 
Agosto la diferencia del dia á la noche no se sentía y 
casi el dia con la noche eran iguale^. En cuanto á la 
longit'id, os diré que mucho trabajo me costó saberla 
y que tuve grandísima dificultad en conocer ciertamente 
el camino que habia hecho ; y tanto trahaj é que al fin 
no encontré cosa mejor, que observar de noche las 
oposiciones de un planeta con el otro, sobre tolo de la 
Luna con los otros planetas; por que el planeta de la 
Luna tiene marcha mas rápida que ningún otro; y 
compirabalo con el Almanaque de Juan Monterregio, 
que fué compuesto para el meridiano de la ciudad de 
Ferrara, concordándolo con los cálculos de las tablas 
del Rey Don Alfonso: y después de muchas noches que 
hice espsriencia, una de estas noches, encontrándome á 
25 de Agosto de 1499 (que ocurrió la conjunción de la 
Luna con Marte, la cual según el Almanaque debia tener 
lugar á las doce de la noche ó media hora después) 
encontré que cuando la Luna se alzó á nuestro horizonte 
que fué hora y media después de ponerse el Sol, habia 
pasado el planeta á la parte del Oriente; os digo que 
la Luna estaba, mas al Oriente que Marte cerca de un 
grado y algunos minutos mas y á las doce de la noche 
estaba cinco grados y medio mas al Oriente poco mas 
ó menos; de modo qu? hecha la proporción siguiente: 
Si 24 horas me dan trescientos sesenta grados, que me 
darán 5 horas y media? Encuentro que me darán ochenta 
y dos grados y medio ; y tan distante me hallaba en 
longitul del meridiano d? Cádiz que, dando á cada 
grado diez y seis leguas y dos tercios, me encontraba 



APÉNDICE— CARTAS. 111 

rail trescientas sesenta y seis leguas y dos tercios que 
son cinco mil cuatrocientos sesenta y seis millas y dos 
tercios, mas al Occidente de la ciudad de Cádiz. La 
razón porqué cálculo diez y seis leguas y dos tercios por 
cada grado es, por que según Tolo meo y Alfagrano, la 
tierra mide 24,000 millas, que equivalen á 6,000 leguas 
las cuales distribuyéndolas en 360 grados viene á tocar 
diez y seis leguas y dos tercios á cada grado; y esta 
observación la rectifiqué con los apuntes de los pilotos 
y la encontré verdadera y buena. Paréceme, Magnífico 
Lorenzo, que las razones de la mayor parte de los filósofos 
aparecen desmentidas en este viaje, por cuanto dicen que 
en la Zona Tórrida no se puede habitar á causa del 
excesivo calor; pues yo he tenido ocasión de recocer en 
este viaje todo lo contrario puesto que el aire en esa 
región es mas fresco y templado que en otras; y que es 
tanta la gente que en ella habita que sobrepasa en número 
á la que habita en otras regiones. 

Hasta aquí he referido lo que he navegado hacia el 
mediodía y el Occidente; réstame deciros ahora cual es 
la disposición de la tierra que encontramos y cual es 
la naturaleza de los habitantes y sus costumbres, de 
los animales que vimos y muchas otras cosas que se 
me ofrecieron dignas de recuerdo. Después de «dirigir 
nuestra navegación al Norte, la primer tierra habitada 
que encontramos fué una isla que distaba diez grados de 
la Línea Equinoccial y cuando arribamos á ella aperci- 
bimos gran multitud de gente á la orilla del mar que nos 
miraban como á cosa maravillosa, y desembarcamos con 
veintidós hombres bien armados; viéndonos en tierra y que 
eramos gente de distinta naturaleza á la suya (porqué 
no tienen barba ninguna, ni visten de manera alguna 



112 AMÉItICO VESPUCIO. 

tanto los hombres como las mujeres, y andan como 
vinieron al mundo; y tanto por la diferencia del color 
que en ellos es gris ó leonado) de modo que teniéndonos 
miedo huyeron al bosque y con gran trabajo por medio 
de señas los tranquilizamos y nos pusimos en práctica 
con ellos; y encontramos que eran de una generación que 
se dice de caníbales que (casi la mayor parte de esta 
generación ó todos) viven de carne humana y téngalo 
por cierto V. M. No se comen entre ellos, pero van en 
ciertas naves que tienen y que se llaman canoas á buscar 
presas en las islas ó tierras comarcanas de una generación 
enemiga, de la cual reservan las hembras, y de esto no? 
cercioramos en muchas partes donde encontramos tal gente, 
hallando las cabezas de algunos que se habian comido, 
sin que por otra parte lo nieguen, mucho mas que nos 
lo refirieron sus enemigos que siempre están' por eso 
en alarma. Son gente de gentil disposición y de esbelta 
estatura; andan desnudos; sus armas son flechas que 
llevan consigo y escudos; son de gran esfuerzo y de 
buen ánimo; son grandes tiradores; en conclusión nos 
entendimos con ellos y nos llevaron á una población 
suya que estaba en el interior cerca de dos leguas y nos 
dieron de almorzar; y cualquier cosa que le pediamo? 
nos la daban, creo que por miedo mas que por generosidad : 
después de haber estado un dia con ellos: nos volvimos 
alas naves dejándolos como á amigos. 

Navegamos á lo largo de la costa de esta isla y vimo* 
á la orilla del mar otra gran población; fuimos á tierra 
con las lanchas y encontramos que nos estaban esperan- 
do cargados de vi veres; nos dieron de almorzar muy 
bien de lo que tenian: viendo que eran tan buena? 
gentes que no? trataban tan bien, no osamos apoderarnos 



APÉNDICE— CARTAS. 113 

de nada y nos hicimos á la vela llegando á un golfo que 
se llamó después golfo de Parias; fuimos á salir al frente 
de un grandísimo rio que es causa de ser dulce el agua 
de este golfo; vimos una gran población que estaba 
inmediata al mar y habia tanta gente que era maravilla 
hallándose todos sin armas y en actitud de paz; desem- 
barcamos y nos recibieron con gran cariño y nos lleva- 
ron á sus casas donde tenían preparado muchos víveres. 
Aquí nos dieron para beber tres clases de bebidas hechas 
de frutas como la cerveza que encontramos muy buena, 
aquí comimos muchos mir 'abálanos (1) frescos que es 
una real fruta, y nos dieron muchas de otras clases, 
todas diferentes de las nuestras, de muy buen sabor y 
muy aromáticas. Nos dieron algunas perlas pequeñas y 
y once gruesas; diciéndonos por señas que si queríamos 
esperar algunos dias irian á pescarlas y nos traerían 
muchas de ellas; no nos preocupamos en recibir muchos 
papagayos de varios colores y nos despedimos con mucha 
amistad. 

Por esta gente supimos que aquellos de la isla referida 
eran caníbales y que comían carne humana. Salimos 
de este Grolfo y costeamos la tierra viendo siempre 
mucha gente, y cuando teníamos ocasión tratábamos con 
ellos dándonos de lo que tenían. Todos van desríudos 
como nacieron sin tener vergüenza de, ello; si á este res- 
pecto fuéramos á referirlo todo, sería entrar en deshones- 
tidades que es mejor callar. Después de haber navegado 
cerca de cuatrocientas leguas continuamente por la costa 
concluimos que esta era tierra firme, que juzgué el 

(1) Yoz griega adulterada por los portugueses y españoles que 
de myrobalanos hicieron mirabolano especie de bellota f> fruta 
muy sabrosa que se parece á la ciruela. 

16 



114 AMÉÍÜCO VE3PUCIO. 

confín del Asia por la parte de Oriente y el principio 
por la de Occidente; porqué muchas veces tuvimos ocasión 
de ver varios animales como leones, ciervos, j abalies etc. 
Internándonos un dia con veinte hombres, vimos 
una serpiente de cerca ocho brazos de largo y gruesa 
como mi cintura, Muchas veces pude ver animales 
feroces y grandes serpientes y navegando por la costa 
cada dia descubriamos infinita gente que hablaban dife- 
rentes idiomas, al extremo que, después de haber navegado 
las cuatrocientas leguas, empezamos á encontrar gente 
que no querían nuestra amistad y nos esperaban con 
sus armas que eran arcos y flechas y otras mas : y cuando 
íbamos con las lanchas á tierra nos prohibían saltar á 
ella de modo que nos veiamos obligados á combatir con 
ellos, aunque siempre al fin de la batalla, quedaban 
mal parados, pues como estaban desnudos hacíamos en 
ellos gran matanza, así muchas veces nos sucedió que 
diez y seis de los nuestros combatiesen con doscientos 
de ellos desbaratándolos al fin. Una vez vimos muchí- 
sima gente dispuesta á impedirnos que bajásemos á 
tierra, armamos veintiséis hombres y fuiínos con las 
barcas cubiertas para defendernos de las saetas que nos 
tiraban, pues siempre herían algunos de los nuestros 
antes que pudiéramos saltar en tierra. Apesar de haber 
hecho una defensa obstinada, pisamos la tierra y comba- 
timos con ellos con grandísimo trabajo, pues no habiendo 
esperimentado aun nuestras espadas, estaban envalento- 
nados con su superioridad numérica, cargándonos con 
tal ímpetu que nos hicieron retroceder. Pero uno de 
nuestros marineros dirigió algunas palabras de aliento á 
los otros haciéndolos volver al combate con lo cual pusi- 
mos á los indígenas en fuga, matando ciento cincuenta 



APÉNDICE— CAV.TAS. 115 

de ellos y quemándoles sus casas: como casi todos nos 
hallábamos heridos, nos volvimos á los buques y nos 
refugiamos en un puerto, donde estuvimos veinte dias 
para que el médico pudiera curar á los heridos, que sal- 
varon todos menos uno, cuya herida era en el pecho. 
Volvimos á nuestra navegación y dimos con una isla 
que estaba separada de la tierra como unas quince leguas; 
bajamos á ella y hallarnos un camino por donde nos 
internamos hasta llegar a una población en la cual no 
había sino algunas mujeres d% colosal estatura, que nos 
recibieron amablemente; tentados estuvimos de llevarnos 
dos de ellas para presentar al Eey como cosa sobrenatural, 
pero desistimos de ello al ver llegar algunos hombres 
también de colosal estatura y armados como hasta ahora 
no habíamos visto, á quienes persuadimos que estábamos 
en disposición de paz y nos volvimos á los buques sin 
mas consecuencia. Notamos que la mayor parte de los 
árboles de esta isla son de campeche y tan buenos'" 
como los de Oriente. De esta isla pasamos á otra cer- 
cana en la cual habia de particular que las chozas esta- 
ban construidas sobre el mar como en Venecia y fuimos 
averias: quisieron sus habitantes impedirnos la entrada, 
pero habiendo probado como cortaban las espadas, nos 
dejaron entrar. Hallamos en esas casas mucho algodón 
finísimo ; hicimos provisión de esto y de campeche y vol- 
vimos á los buques. Sin que sea exajeracion puedo ase- 
guraros que estas producciones son aquí tan abundantes 
que podrían cargarse con ellas todas las naves de Europa. 
Continuamos navegando como unas trescientas leguas, en 
cuya navegación notamos que las poblaciones hablaban 
muchas lenguas distintas; admirándome de que se haya 
dicho que en el mundo no hay sino setenta y siete len- 



116 AMKRICO VESPUCrO. 

guas. Hallándonos con los buques muy averiados, la tri- 
pulación cansada y faltos de provisiones, resolvimos arribar 
á la Isla Española, aquella que descubrió Colon seis años 
hace. 

Y como ella está habitada por cristianos esperábamos 
hallar auxilio para reparar nuestras naves, dar reposo á 
las tripulaciones y proveernos de lo necesario, pues de 
esta isla á Castilla hay mil trescientas leguas de mar sin 
encontrar tierra alguna. Allí estuvimos cerca de dos me- 
ses y antes de partir descubrimos todavía muchísimas 
islas todas pobladas de gente pacífica. Se tomaron dos- 
cientos prisioneros y tratamos de regresar á España, ha- 
biendo llegado en sesenta y siete dias á las Islas Azores, 
de donde pasamos á las Canarias y de ellas á Cádiz. 
Empleamos en este viaje trece meses, corriendo muchos 
peligros y descubriendo mucha tierra del Asia y gran 
cantidad de islas, casi todas habitadas, habiendo hecho 
• ki cuenta de haber navegado mas de cinco mil leguas. 
En conclusión, pasamos la Línea Equinoccial en seis y 
medio grados y volvimos á la parte del norte en que la 
estrella polar se alza sobre nuestro horizonte treinta y 
cinco grados y medio y á la parte de Occidente nave- 
gamos ochenta y cuatro grados contados del meridiano 
de Cádiz. Recogimos en este viaje perlas y oro, entre 
ellas dos piedras una color de esmeralda y otra de amatis- 
ta durísima, de un medio palmo de largo y de tres 
dedos de grueso. Estos Reyes han hecho gran aprecio 
de ellas y las han guardado entre, sus joyas: trajimos 
un pedazo de cristal que algunos joyeros dicen que es 
berilo y según decian los indios habia alli gran canti- 
dad de ella. También trajimos catorce perlas encarna- 
das que mucho contentaron á la Reina y muchas otras 



APÉNDICE — CARTAS. 117 

piedras; de todas estas cosas no trajimos gran cantidad 
por no habernos demorado mucho en ningún paraje. En 
Cádiz vendiéronse los esclavos y á pesar de eso muy 
poco fué lo que á cada uno tocó de las utilidades del 
viaje, pero todos se contentaron de haber salvado de los 
peligros que corrimos. En cuanto á mí, cogí unas ter- 
cianas de las que espero salvar porque no tengo escalo- 
fríos. Están armándome tres naves para que vaya nue- 
vamente á descubrir y creo que estarán prontas á 
mediados de Setiembre próximo. Quiera Dios darme 
salud y buen viaje que otra vez espero traer grandes 
noticias y descubrir la isla Trapobana que está entre el 
mar Indico y el mar Gangético, y después espero volver 
á la Patria y descansar pasando allí mi vejez. 

He pensado Magnífico Lorenzo, enviaros dos figuras 
de la descripción del mundo hechas y ordenadas por mi 
propia mano, las que serán una carta en figura plana y 
un Mapa Mundi en cuerpo esférico, las cuales enviaré 
por mar á cargo de Francisco Lotti, nuestro florentino, 
que se halla actualmente aquí y creo que os agradarán, 
pues poco tiempo há, hice uno de estos para S. S. A. A. 
estos Eeyes y lo estiman mucho. Era mi ánimo ser yo 
mismo el portador, pero me lo impide la resolución de 
ir nuevamente á descubrimientos. No falta en esa ciu- 
dad quien comprenda la figura del Mundo y que tal 
vez quiera enmendar alguna cosa en esa obra; pero 
ruego se espere á mi regreso, que podré defenderme. 

Creo que V. M. habrá sabido ya las noticias que ha 
traído la flota, que hace dos años, el Eey de Portugal 
mandó á descubrir por la parte de Guinea. Tal viaje 
como ese no lo llamo yo descubrir sino andar por lo 
descubierto, porque como lo veréis por la figura, su na- 



118 AMÍRICO VESPÜCIO. 

vegacion es de continuo á vista de tierra y recorren 
toda la costa de África por la parte Austral, que es 
andar por una vía de la cual hablan todos los autores 
de la Cosmografía. Cierto es que la navegación ha sido 
de gran provecho, lo que vale mucho en estos tiempos 
de codicia y máxime en este país donde mas desordena- 
damente reina. Entiendo ya que han pasado al Mar 
Rojo y han llegado al Seno Pérsico, á una ciudad que 
se llama Calcuta, que está entre el Seno Pérsico y el 
rio Indico ; nuevamente han vuelto para el Rey de Por- 
tugal doce naves con grandísimas riquezas, habiendo en- 
viado otras naves á las mismas regiones y por cierto 
que harán gran cosa si llegan á salvamento. 

Estamos á 18 de Julio de 1500 y no habiendo mas 
de que hacer mención, Nuestro Señor guarde la vida y 
el magnífico Estado de Vuestra Señoría y Magnifi- 
cencia. 

De V. M. Servidor: 

Américo Vespucio. 



APÉNDICE— CAUTAS 119 



II. 

CARTA DE AMÉRICO VESPUCIO, 
a PEDRO SODERINL 



Magnífico Señor : Después de la humilde reverencia y 
debida recomendación etc. Tal vez V. M. y notoria 
sabiduría se admirará de la temeridad con que oso es- 
cribirle tan minuciosamente, teniendo su atención ocu- 
pada siempre en los consejos y negocios del buen go- 
bierno de esa Exelsa República, y me tendrá por pre- 
suntuoso y vano por ponerme á escribirle cosas imper- 
tinentes á vuestro Estado, que ni tampoco son recreativas 
y que fueron ya referidas á Fernando Rey de Castilla ; 
pero la confianza que tengo en vuestra indulgencia y 
en la novedad de mis noticias, que no se encuentran 
escritas ni por los antiguos ni por los modernos: me 
deciden á hacerlo. La causa principal que me mueve 
á escribiros ha sido el habérmelo rogado el portador 
de la presente, Benvenuto Benvenuti, nuestro compa- 
triota, muy servidor de V. M. y muy amigo mió, que 
encontrándose en esta ciudad de Lisboa me rogó que 
diese parte á V. M. de las cosas vistas por mí en di- 
versas playas del mundo, en cuatro viajes que he hecho 
para descubrir nuevas tierras, dos por mandato del Rey 
de Castilla por el Gran Océano, hacia el Occidente y 
los otros dos por orden del poderoso Don Manuel, Rey 
de Portugal, hacia el Sur, diciéndome que V. M. en- 



120 AMÉRICO VESPUCIO. 

contraria placer en ello y además me he decidido á 
hacerlo porque creo que V. M. ha de contarme en el 
número de sus servidores, recordando como en el tiempo 
de nuestra juventud, era vuestro amigo, aprendiendo 
juntos los principios de la gramática bajo la buena di- 
rección y doctrina del Venerable religioso de San Marcos, 
Fray Jorge Antonio Vespucio, tio mió, cuyos consejos 
y doctrinas pluguiese á Dios hubiera seguido, que como 
dice el Petrarca, seria otro hombre de lo que soy. De 
cualquier modo que sea algo he aprovechado porque 
he practicado siempre la virtud *y aunque estaá mis 
frivolidades no convengan á vuestra seriedad, diré como 
decia Plinio (1) á Mecenas: en algun tiempo solíais 
recrearos con mis chanzas. Aunque V. M. esté ocupado 
en los públicos negocios, alguna hora tendréis de des- 
canso para gastar algún tiempo con las cosas ridiculas 
ó recreativas, y asi como el hinojo (2) se dá después de 
las deliciosas bebidas para disponerlas á mejor digestión, 
asi podréis por descanso de tantas ocupaciones, mandar 
leer esta mi carta, para que os aparte algo del asiduo 
pensamiento en las cosas públicas. 

V. M. sabrá como el motivo de mi venida al Reyno 
de España fué por causa de comercio y como seguí en 
esta ocupación por cerca de cuatro años, en los cuales 
conocí las variaciones de la fortuna y los cambios de 
sus bienes transitorios, teniendo de repente al hombre 
en la cima de la felicidad y ya los priva de esos bie- 
nes que pueden decirse prestados, de modo que conoci- 

(1) Equivocación de Vespucio, habrá querido referirse á Cor- 
nelio Ñipóte. 

(2) Probablemente el hinojo, suplía al cate, en aquellos tiempos 
en que no se conocía en Europa. 



APÉNDICE— CARTAS. 121 

do el continuo trabajo que se pone en conquistarlos 
sometiéndose á tantos disgustos y peligros, resolví dejar 
el comercio y dedicarme á cosa mas laudable como ir 
á ver el Mundo y sus maravillas, para lo cual se me 
ofreció tiempo y oportunidad habiendo el Eey Don Fer- 
nando de Castilla ordenado que saliesen cuatro buques 
á descubrir nuevas tierras hacia el Occidente, habiendo 
sido electo por Su Alteza paia que fuese en esa flota 
á ayudar á descubrir. Partimos del puerto de Cádiz á 
10 de Mayo de 1497 (1) y tomamos nuestro camino por 
el Océano; en cuyo viaje empleamos diez y ocho meses 
y descubrimos mucha tierra firme é infinitas islas, casi 
todas habitadas, de que no hablan los antiguos por no 
haber tenido noticias, pues si bien recuerdo, he leido 
que este mar era tenido por deshabitado y de esta 
misma opinión fué Dante, nuestro poeta, en el Capítulo 
XXVI del Infierno, en que finje la muerte de Ulíses; 
en cuyos viajes vi cosas muy maravillosas, como daré 
cuenta á V. M. 



VIAJE PRIMERO. 



El año del Señor de 1497, á los 10 días de Mayo 
como arriba dije, partimos del puerto de Cádiz cuatro 
naves de conserva y empezamos nuestra navegación de- 
recho á las Islas Afortunadas que hoy se llaman la 
(jran Canaria, que están situadas en el mar Océano, al 
fin del Occidente habitado, en el tercer clima, que alza 
el Polo del Setentrion fuera de su horizonte veinte ¡y 

(1) Esta es la antedata á que nos hemos referido en el texto. 

17 



122 AMÉRICO VESPÜCIO. 

siete grados y medio y distan de esta ciudad de Lis- 
boa, 280 leguas ai rumbo entre mediodia y S. E. don- 
de permanecimos ocho dias proveyéndonos de agua y 
leña y otras cosas necesarias. Hechas nuestras oracio- 
nes, desplegamos velas empezando nuestra navegación 
por el Poniente, tomando un cuarto al S. E., navega- 
mos hasta que al cabo de treinta y siete dias fuimos 
á dar con una tierra que la juzgamos tierra firme, la 
cual dista de las Islas Canarias hacia el Occidente cer- 
ca de mil leguas dentro de la Zona Tórrida, porque 
encontramos que el Polo del Setentrion alza fuera de 
su horizonte seis grados (1) y mas Occidental que la 
Isla Canaria setenta y cuatro grados, en la cual ancla- 
mos á una legua y media de tierra. Largamos los 
botes y tripulados de gente armada, fuimos á tierra y 
antes que llegáramos á ella vimos mucha población en 
la playa, de lo cual nos alegramos y vimos que esa 
gente estaba desnuda. Mostraron tenernos miedo y se 
retiraron á un monte y á pesar de nuestras señas de 
paz y de amistad, no quisieron venir á hablar con no- 
sotros ; de modo que viniendo ya la noche y porque 
las naves estaban surtas en higar peligroso, por ser la 
costa brava y sin abrigo, acordamos al otro dia mover- 
nos de aquí é ir á buscar algún puerto ó ensenada en 
que asegurar nuestras naves. Navegamos por el N. O. 
que en esa dirección estaba la costa, siempre á vista 
de tierra y viendo en ella mucha gente. Habiendo 

(1) En otros códices se lee diez y seis grados, pero hemos expli- 
cado en el Capítulo XI que es un error de copia y nos hemos 
fundado entre otras razones en la demostración que hace el Padre 
Canovai en su Disertación justificativa sobre Vespucio, Cuestión 
novena. 



APÉNDICE —CARTAS. 123 

navegado asi dos dias, encontramos un lugar seguro 
para las naves, yendo á tierra con cuarenta hombres, 
consiguiendo con algún trabajo y por medio de algunos 
dones que hicimos, que la gente viniese á hablar con 
nosotros. Al dia siguiente volvimos á tierra y halla- 
mos la población muy bien dispuesta y cargada de ví- 
veres que pusieron á nuestra disposición. (1) 

Acordamos partir de este punto y andar mas adelan- 
te, costeando siempre la tierra en la que hicimos mu- 
chas escalas y tomamos informes de los habitantes y al 
fin de algunos dias, fuimos á dar á un puerto donde 
estuvimos en grandísimo peligro, del cual salvamos gra- 
cias al Espíritu Santo, fíabia en este puerto una po- 
blación fundada sobre el agua como Venecia ; compo- 
níase de unas cuarenta y cuatro casas grandes, en 
forma de t cabanas, sostenidas sobre palos gruesísimos y 
sus puertas en forma de puentes levadizos, pudiéndose 
asi desde una casa recorrer todas las demás ; viéndonos 
sus habitantes, mostraron tener miedo de nosotros y al- 
zaron al instante todos los puentes. Mientras estábamos 
viendo esta maravilla, vinieron por el mar cerca de 
veintidós canoas (que son las naves que usan, fabricadas 
de un solo árbol) las cuales rodearon nuestros buques, 
manteniéndose lejos de nosotros. Viendo que á # pesar 
de nuestras» demostraciones de amistad no conseguíamos 
atraerlos, fuimos hacia ellos pero huyeron haciéndonos 
entender con señas que esperásemos y que ellos volve- 
rían. Fueron hacia un bosque inmediato del cual re- 
gresaron pronto trayendo consigo diez y seis doncellas, 

(1) Sigue aquí una larga descripción de los indígenas y de sus 
costumbres que suprimimos por que no hace al caso que nos 
proponemos. 



124 AMÉRICO VESPUCIO. 

poniendo cuatro de ellas en cada uno de nuestros bu- 
ques como rehenes; pero bien pronto las mujeres que 
estaban en la costa dieron grandes gritos y demostra- 
ciones de desesperación y los hombres cambiaron sus 
señales de amistad . por señales de guerra, trayéndonos 
un formidable ataque que nos puso en la necesidad de 
defendernos y matar algunos de ellos. Continuamos la 
navegación y al fin de unas ochenta leguas descendi- 
mos en otro punto de la costa, donde vimos que la 
población preparaba su alimento asando unos animales 
que nos parecieron serpientes y haciendo una especie 
de pan ó masa con unos pequeños peces y muchas otras 
clases de alimentos y frutas. Propiciada la amistad de 
estas gentes, hicimos una excursión como unas diez y 
ocho leguas al interior. Volvimos á las naves, si- 
guiéndonos muchos de los habitantes y cuando» estuvie- 
ron en ellas, resolvimos hacer algunos disparos de ar- 
tillería á cuyo ruido nuestros huéspedes se lanzaron ai 
mar con la misma ligeieza que las ranas saltan al 
pantano. 

Esta tierra es muy poblada y muy regada de rios, 
rica en animales que poco se asemejan á los nuestros. 
No tienen caballos, ni mulos, ni asnos, ni perros, ni 
ninguna clase de ganados. Las aves son innumerables 
de varias clases y colores. La tierra es muy amena y 
fructífera, llena de grandísimas selvas y bosques y 
siempre está verde pues los árboles no pierden las ho- 
jas. Muchas son las frutas y todas diferentes de las 
nuestras. Esta tierra está dentro de la Zona Tórrida, 
hajo el paralelo que describe el Trópico de Cáncer, 
donde alza el Polo sobre el horizonte veintitrés gra- 
dos, Partimos de este puerto cuya provincia se lia- 



APÉNDICE — CAIÍTA-S. 125 

ma LARIAB y navegamos d lo largo de la costa 
siempre á la vista de tierra, haciendo unas ocho- 
exentas setenta leguas aún hacia el N. O. (1) 

Habíamos estado ya trece meses en el viaje y los 
buques y sus aparejos estaban muy deteriorados y para 
repararlos ganamos un puerto, el mejor del mundo, en 
el cual estuvimos treinta y siete dias, al cabo de los 
cuales resolvimos volvernos á España, llevando doscien- 
tos veintidós prisioneros tomados en un combate que 
tuvimos últimamente y llegamos al puerto de Cádiz el 
15 de Octubre de 1498. (2) 



VIAJE SEGUNDO. 



En cuanto al segundo viaje y á lo que en él vi mas 
digno de memoria voy á exponerlo del modo siguiente: 
Partimos del puerto de Cádiz con tres naves de conser- 
va el dia 16" de Mayo de 1499 y empezamos nuestro 
camino derecho á las Islas del Cabo Verde, pasando á 
vista de la Isla de la Gran Canaria, hasta llegar á una 
isla que se dice Del Fuego (3) donde hicimos nuestra 
provisión y partimos de ella tomando rumbo ppr el 
S¿ E. y en cuarenta y cuatro dias fuimos á dar con 
una tierra nueva, que la juzgamos tierra firme yconti- 

(1) 8obre esto véase nuestro Capítulo XI, página 73. 

(2) Debemos advertir que en esta traducción hemos omitido el 
detalle minucioso de las costumbres de los indígenas que ningún 
interés tienen hoy y que no dan luz sobre el descubrimiento de las 
tierras Americanas. 

(3) Véase el Capítulo XIII, página 90. 



126 AMÉRICO VESPUCIO. 

tigua con la arriba mencionada, la que está situada den-, 
tro de la Zona Tórrida y mas allá de la Línea Equi- 
noccial por la parte del Sur, sobre la cual alza el polo 
del Meridiano ocho grados y dista de dicha isla por el 
S. E. ochocientas leguas. Encontramos que eran iguales 
los dias con las noches, cuya tierra la reconocimos toda 
anegada y llena de grandísimos ríos, al extremo de no 
poder acercarnos á ella con nuestros botes. Vimos pol- 
las orillas señales de ser la tierra poblada; levamos an- 
clas y fuimos á descubrir un punto mas practicable. En- 
contramos en esta costa que las corrientes del mar eran 
de tanta fuerza que no nos dejaban navegar y todas venían 
del Sur, resolviendo por esta razón, dirigirnos á la parte 
del N. O. por donde navegamos hasta encontrar un be- 
llísimo puerto, que estaba formado por una gran isla 
que protejia la entrada. (1) 

Partimos de aquí y entramos en la ensenada donde 
encontramos tanta gente que era una maravilla é hici- 
mos amistad con ella, obteniendo ciento cincuenta perlas 
en cambio de algunas bagatelas. Aquí vimos que los ha- 
bitantes bebían un líquido hecho con frutas y semillas 
como la cerveza y entre esas frutas pudimos gustar los 
mírabolanos que es una fruta muy gustosa y saludable. 

La k tierra es muy abundante de alimentos y la po- 
blación muy pacífica. Estuvimos en este puerto veinte 
y siete dias viendo mucha población que venia del in- 
terior á vernos, maravillándose de nuestra figura, de 
nuestras armas y vestidos y de la forma y grandeza de 
nuestras naves. Por esta gente supimos como existia 

(1) Se suprime el párrafo relativo al encuentro de habitantes 
y de canoas. 



APÉNDICE— CARTA*. 127 

hacia el Poniente otra población que eran sus enemi- 
gos y que poseian infinitas perlas diciéndonos como los 
pescaban y de qué modo nacían. 

Partimos de este puerto y navegamos por la costa 
viendo de continuo gente en la playa; al cabo de mu- 
chos dias fuimos á dar con un puerto porque necesi- 
tábamos reparar unas de nuestras naves que hacia mu- 
cha agua, pero la población aqui era tan esquiva que 
no pudimos tratar con ella y fuimos á una isla que 
distaba de tierra unas diez y ocho leguas, que encon- 
tramos estar habitada por una gente de feo aspecto, pero 
con la cual pudimos entrar en relación; (1) después de 
haber desembarcado en la Isla de los Gigantes que asi 
la llamo por la alta estatura de sus moradores, resolvi- 
mos volver á Castilla porque habiamos estado en el mar 
ya cerca de un año, carecíamos de víveres y los pocos 
que quedaban estaban perdidos á causa de los grandes 
calores, porque siempre habiamos navegado por la Zona 
Tórrida y atr avezado dos veces la Línea Equinoccial, 
pues como dije arriba, fuimos hasta el grado ocho de 
de latitud Sur y aqui estamos en diez y ocho grados 
latitud Norte. Con esta resolución tuvimos la suerte de 
llegar á un punto donde hallamos una población que 
nos recibió muy amistosamente y obtuvimos dé ella 
gran cantidad de perlas. Detuvímosnos aqui cuarenta y 
siete dias, habiendo sabido cómo y dónde pescaban es- 
tas perlas, habiéndonos dado muchas ostras en las cuales 
estaban aun incrustadas las perlas ; llegando á saber que 
si no están en sazón y no se desprenden por sí mismas, 
no sirven, ni tienen lucimiento alguno. Partimos de 

(1) Se suprime lo relativo á las costumbres de eBta población. 



128 AMÉRICO VESPUCIO. 

aqui y fuimos á dar á la Isla Antilla que es la que 
descubrió Cristóbal Colon algunos años antes, donde hi- 
cimos provisión y estuvimos dos meses y diez y siete 
dias, pasando muchos peligros y trabajos con los mismos 
cristiamos que nos hostilizaban, creo que por envidia. 
Partimos de dicha isla el 22 de Julio y navegamos un 
mes y medio al cabo de los cuales entramos al puerto 
de Cádiz, el 8 de Setiembre. 



VIAJE TERCERO 

Estando en Sevilla reposando de tantos trabajos que 
habia pasado en estos dos viajes, y deseoso de volver á 
la tierra de las Perlas, ocurriósele al Eey Don Manuel 
de Portugal querer servirse de mí ; y vino un mensa- 
jero con letras de S. M. en las que me rogaba que 
fuese á Lisboa, prometiéndome favorecerme. Fui acon- 
sejado para no ir y despedí al mensajero disculpándome. 
Pero en seguida envióme otro mensajero que lo era 
Bartolomeo del Giocondo, con instrucciones para llevarme 
de cualquier modo, y por fin me decidí á venir, lo que 
fué mal visto por los que me conocian, pues en Cas- 
tilla estaba muy considerado y en buena posición y lo 
peor fué que me partí inscdutato hospite ; pero en fin, 
así lo hice y presentándome ante este Rey, mostró te- 
ner placer de mi llegada y me rogó que fuese con 
tres naves que estaban prontas para descubrir nuevas 
tierras, y como un ruego de un Rey es mando, tuve 
que acceder y partimos de este puerto de Lisboa el 10 
de Mayo de 1501 y tomamos nuestra derrota por la 
Isla de la Grran Canaria, pasando á vista de ella y de 



APÉNDICE— CARTAS. 129 

ahi fuimos por la costa de África hacia el Occidente 
en un puerto que se dice Bisenegue en Etiopía, que 
está dentro de la Zona Tórrida á los catorce grados y 
medio de latitud, donde estuvimos once dias haciendo 
nuestras provisiones. Partimos de este puerto y nave- 
gamos por el 8. O. tomando un cuarto al Sur y á los 
sesenta y siete dias llegamos á una tierra que distaba 
de dicho puerto cien leguas al S. O. y en esos sesenta 
y siete dias esperimentamos el peor tiempo posible a 
causa de aguaceros, turbonadas y tormentas ; porque 
estábamos en tiempo contrario, pues casi toda nuestra 
navegación fué por el paralelo de la Línea Equinoccial. 
Plugo á Dios mostrarnos tierra nueva lo que fué el 
día primero de Agosto ; echamos anclas á media legua 
de la costa yendo en nuestros botes á ver la tierra, que 
era muy amena y poblada. Tomamos posesioii de ella 
á nombre de este Serenísimo Rey y encontré que estaba 
cinco grados mas allá de la Línea Equinoccial hacia el 
Sur, (1) 

Partimos de este lugar y seguimos nuestra navega- 
ción entre el Este y el Sur, que asi corría la tierra é 
hicimos muchas escalas. Y asi navegamos hasta encon- 
trar un Cabo que, le pusimos por nombre Cabo de San 
Agustín, distante cincuenta leguas del otro punto en 
que llegamos, cuyo cabo está á los ocho grados latitud 
Sur y de aqui corrimos hacia el Sur hasta el grado 
treinta y dos, donde no veíamos ya la Osa Menor y la 
Mayor quedaba muy baja y casi se mostraba al fin del 
horizonte y nos regíamos por las estrellas del otro Polr> 

(1) Se suprime la relación de las aventuras con la gente de 
tierra que nada tienen que ver con el descubrimiento. 

18 



130 AMÉRICO VESPDCIO. 

que son muchas, mucho mayores y mas lucientes. De 
la mayor parte de ellas dibujé sus figuras con la de- 
claración dfc los círculos que describian al rededor del 
Polo Austral, con sus diámetros y semidiámetros, como 
podrá verse en mis Quattro Giomate. (1) Recorrimos 
esta costa por cerca de setecientos cincuenta leguas ; 
ciento cincuenta del Cabo dicho de San Agustin hacia 
el Poniente y seiscientas hacia el Sur. Y si quisiera 
referir las cosas que en esta costa vi no me bastarían 
otras tantas hoj as ; basta decir que hay infinita canti- 
dad de árboles de campeche y de otros muy apreciados. 
Y habiendo estado ya en el viaje cerca de diez meses, 
resolvimos ir á navegar por otra parte, confiándoseme la 
dirección de las naves; ordené se hiciera provisión para 
sois meses y después empezamos nuestra navegación por 
el S. O. y esto fué el 15 de Febrero, cuando ya el sol 
se acercaba al Equinoccio y tanto navegamos que nos 
encontramos en un punto en que el Polo alzaba sobre 
nuestro horizonte treinta y dos grados. (2) Ya no 
veiamos las estrellas de la Osa Menor ni de la Mayor, 
hallándonos distantes del puerto de donde partimos, 
unas quinientas leguas por el Sur y esto fué el dia 3 
de Abril en que estalló una tormenta tan furiosa que 
nos hizo arriar nuestras velas y correr al palo seco, con 
mucho viento que venia del S. O. (3) Las noches 
eran muy largas, que algunas teniamos de quince horas 
pues en esta región se aproxima el invierno por este 

(1) Este escrito de Vespucio, no se ha encontrado. 

(2) Ya hemos demostrado que no pueden ser cincuenta y dos 
grados como dice el texto. 

(3) Puede decirse que Yespucio fué el primero que esperiment4 
el Pampero que se hace sentir hasta en esas latitudes. 



APÉNDICE —CARTAS. 131 

tiempo. Corriendo esta tormenta, avistamos nuevas tier- 
ras por las cuales navegamos cerca de veinte leguas ; 
siendo las costas muy bravas y no viendo en ellas 
puerto alguno, resolvimos volvernos al camino de Por- 
tugal, y fué muy buen consejo, pues de cierto, si tar- 
damos mas tiempo, nos hubiéramos perdido, y asi 
teniamos el viento de popa. Seguimos cinco días ha- 
llándonos ya cerca de la Línea Equinoccial en mares 
mas templados y quiso Dios escapáramos de tanto peli- 
gro. Nuestra navegación fué por el viento Nord N. E. 
porque nuestra intención era ir á reconocer la costa de 
Etiopía de la cual distábamos mil trescientas leguas, á 
la cual llegamos el dia 10 de Mayo, en el punto que 
se llama la Sierra Leona, donde estuvimos quince di as 
al fin de los cuales partimos hacia la Isla de los 
Azores, que distan de aquel lugar cerca de setecientas 
setenta leguas, en cuyas islas estuvimos otros quince 
dias tomando algún descanso y por último partimos 
para Lisboa de la cual estábamos mas al Occidente 
trescientas leguas, entrando por fin á dicho puerto el 
7 de Setiembre de 1502: habiendo empleado en este 
viaje cerca de diez y ocho meses y once dias. 

TIAJE CUARTO. 



Eéstame decir las cosas que vi en el cuarto viaje y 
por estar ya cansado y además porque este viaje no se 
realizó según me lo habia propuesto á causa de una 
desgracia que nos sucedió en el Atlántico, como tendré 
ocasión de referirlo, trataré de ser muy breve y conciso. 
Partimos de este puerto de Lisboa seis naves de con- 



132 AMJ3RJC0 VESPUCIO. 

serva con propósito de ir á descubrir una isla hacia el 
Oriente que se llama Malaca, de la cual se tiene noticia 
de ser muy rica, y que es como el emporio de todas 
las naves que vienen del Mar Grangético y del Mar 
Indico, como Cádiz lo es de todas las naves que pasan 
de Oriente á Poniente y vice-versa, por la vía de 
Calcuta y esta Malaca está mas al Occidente que 
Calcuta y á mayor altura hacia el Mediodía pues 
sabemos que está á treinta y tres grados del Polo An- 
tartico. Partimos el . 10 de Mayo de 1503 y fuimos 
derecho á las Islas del Cabo Verde, donde hicimos nues- 
tras reparaciones, empleando en ellas trece dias y al fin 
partimos para nuestro viaje hacia el 8. E. Como nues- 
tro Capitán Mayor fuese hombre presuntuoso y terco, 
quiso ir á reconocer la Sierra Leona, tierra de la Etio- 
pia Austral, contra la voluntad de todos nosotros. Na- 
vegando asi, cuando avistamos dicha tierra, fueron tan- 
tas las turbonadas y el mal tiempo, que á pesar de 
haber estado por cuatro dias á vista de ellas, no pudi- 
mos atracar, viéndonos obligados á volver á nuestra 
verdadera navegación, tomando rumbo S. O. Después 
de haber hecho unas trescientas leguas, descubrimos una 
tierra que vimos ser una isla en medio del mar, de 
costa alta y solo de dos leguas de largo por una de 
ancho que no está habitada. En esta isla perdió nues- 
tro Capitán Mayor su nave, dando con ella en im es-' 
eolio no salvándose sino la tripulación. Por orden suya 
fui á buscar un surtidero en esta isla, hallándolo bas- 
tante bueno é hicimos provisión de agua y leña; partimos 
después hacia el S. O. porque teníamos una orden del 
Rey por la cual, cualquiera nave que se perdiese de 
la flota, fuese á las tierras descubiertas en el viaje 



APÉNDICE— CAUTAS. 133 

pasado. Descubrimos alli un puerto que le pusimos 
por nombre Babia de Todos Santos, donde merced al 
buen tiempo llegamos en diez y siete dias pues dicba 
isla distaba como unas trescientas leguas (1) Espera- 
mos dos meses á nuestro Capitán y viendo que no 
venia, acordamos correr la costa navegando adelante 
como unas doscientas sesenta leguas, hasta encontrar un 
puerto donde resolvimos hacer una fortaleza ; la hici- 
mos dejando en ella veinticuatro cristianos que habia 
recogido de la nave Capitana que se perdió. En este 
puerto estuvimos cinco meses ocupados en construir la 
fortaleza y en cargar nuestras naves de campeche, no 
pudiendo continuar la navegación, porque no teniamos 
gente y faltaban muchos aparejos, por lo cual resolvimos 
volvernos á Portugal. Esta tierra está fuera de la 
Línea Equinoccial diez y ocho grados (2) hacia la 
parte del Sur y treinta y siete grados de longitud de 
Lisboa á cuya ciudad llegamos en setenta y siete dias 
el 18 de Junio de 1504. 

Dada en Lisboa á 4 de Setiembre de 1504. 
Servidor: 

Amé rico Vespücio. 



(1) Esta distancia es equivocada pues á trescientas leguas de 
la Baliia de Todos Santos no hay isla alguna. 

(2) Esta latitud está evidentemente equivocada. Del puerto de 
Babia navegó Vespücio dos tientas sesenta leguas, según lo dice 
arriba, que hacen trece grados. La latitud de Bahia son doce 
grado.-! y medio, luego sumando los trece grados hacen veinticinco 
grados que es aproximativamente la latitud de Cabo Frió. 



APÉNDICE — OBSERVACIONES. 135 

III. 

EXTRACTO DE DOS CARTAS 

DIRIGIDAS POR AMÉRICO VESPUCIO 

A LORENZO DE MEDICI, 

RESPECTO A SU TERCER VIAJE, 

CON OBSERVACIONES CRÍTICAS SOBRE ELLAS. 



A mas de estas dos cartas, parece que Vespucio es- 
cribió: — lo La relación de sus dos primeros viajes, di- 
rigidas al Eey de España, según dice en el exordio de 
la carta á Soderini — 2 o Un folleto titulado " Le Quatro 
Giornnate " en que minuciosamente relataba sus viajes 
y sus observaciones astronómicas, de cuyo folleto habla 
con frecuencia en sus cartas — 3 o Un cuaderno ó diario 
de sus dos últimos viajes que dice retenia el xtey de 
Portugal — 4° Una carta dirigida también á Lorenzo 
desde la costa de Guinea, cuando iba para su tercer 
viaje — Ninguno de estos cuatro escritos han aparecido 
hasta la fecha á pesar de los esfuerzos hechos por en- 
contrarlos. 

De las dos cartas dirigidas á Lorenzo de Medici, juz- 
go que fuese la primera la dirigida de la costa de 
Guinea, por las siguientes palabras de la carta publica- 



136 AMÉRICO VESPUCIO. 

da por Francisco Bartolazzi por primera vez en 1789 
y cuyo exordio, dice : 

" La última escrita á V. M. fué de la costa de 
" Gruinea, de un lugar que se dice Cabo Verde, en la 
" cual os instruí del principio de mi viaje y por la pre- 
" senté lo haré de la continuación y fin de ese mismo 
" viaje. " 

Nótese que Vespucio dice : — la última escrita á V. 
M, etc., lo que quiere decir que ya habia escrito su 
carta referente al primer viaje que publicamos al prin- 
cipio de este Apéndice, y tal vez otra referente al se- 
gundo viaje, pero esta no se ha hallado, ni hay datos 
para creer que existiese, sino la conjetura racional que 
escribiendo sobre su tercer viaje, debia haber escrito 
también sobre su segundo, — tanto mas, cuanto que este 
exordio lo concluye can las siguientes palabras: — por lo 
cual determiné dar á V. M. noticia de esta tierra co- 
mo lo he hecho siempre respecto de mis anteriores viajes. 

Debemos pues deplorar también la pérdida de la narra- 
ción de su segundo viaje dirigida á Lorenzo de Medici. 

Esta carta de que nos ocupamos, principalmente habla 
de la Zoólogia, Botánica y Antropología — Respecto a la 
Cosmografía no contiene sino lo siguiente: 

" Corrimos tanto por estas mares, (rumbo S. S. O.) que 
" entramos en la Zona Tórrida y pasamos la Línea Equi- 
64 noccial al Sucl, hacia el Trópico de Capricornio, hasta 
44 que alzaba el polo sobre el horizonte cincuenta grados 
u y navegamos cuatro meses y veintisiete dias, no vien- 
44 do ya la Osa Mayor ni la Menor y por el contrario 
"muchos cuerpos celestes que no se ven jamás al Se- 
w tentrion etc. etc. " 

La otra carta se publicó por el padre Canovai, como 



APÉNDICE -OBSERVACIONES. 137 

la segunda de las halladas con dirección á Lorenzo de 
Medici; segunda es en efecto, en el orden del hallazgo, 
pero debe Ser la última en el orden cronológico, por las 
razón es si guien tes : 

En primer lugar Vespucio empieza la carta diciendo 
que hace poco refirió algo relativo á las partes del mui- 
do donde fué coa las naves del Rey de Portugal: 

M Ai giorni passati pienamento diede avviso alia S. V. 
"del mío ritorno: e si ben mi ricordo, le racontai di. 
" tutte queste parti del nundij nuovo alie qualle io era 
" andato con le caravelle del Serenissimo Ee di Porto- 
4Í gallo etc. " Si esta carta siguiese inmediatamente á 
las referentes al primer y segundo viaje, no diria que 
fué con las navas del Rey de- Portugal sino d^e Castilla. 

Ea segundo lugar, dice Vespucio, en el mismo exordio, 
que de estas tierras hablará ahora mas minuciosamente, 
lo que quiere decir que ha hablado ya de ellas mas so- 
meramente. 

En esta carta ya el navegante Florentino se muestra 
desengañado de que estas tierras fuesen el confín del 
Asia: — " Sicché, dice, non senza cagione l'habiamo chia- 
u mato Mondo JS T uovo, per che gli antichi tuttí non n'ebbero 
" cognizione alcuna e le co:-e che sonó state nuovasnente 
" da noi ritrovate, trapassano la loro openione etc. " 

Concuerda esta carta con el capítulo tercero déla diri- 
gida á Soderini en tocio lo principal, justificándose nuestra 
opinión de que, si bien esta última carta fué antedatada 
y alterada, no es apócrifa y que se antedató y alteró solo 
para hacer creer que Vespucio llegó antes que Colon al 
Continente Americano, de modo que las alteraciones van 
desapareciendo á medida que nos alejamos del primer 
viaje. 

19 



138 AMÉUICO VESPÜCIO. 

Después de referir la partida de Lisboa en 13 de Mayo 
de 1501, dato que no aceptamos y que solo aceptaríamos 
si viésemos el original, por las razones expuestas en el 
capítulo XI, después de referir la escala en la costa de 
Guinea, después de narrar que anduvieron perdidos y 
que hallaron el rumdo gracias á sus observaciones, dice: 

" Esta tierra firme (la hallada) empieza mas allá 
" (al Sud) de la Línea Equinoccial, ocho grados hacia el 
" Polo Antartico y tanto navegamos cerca de esa costa 
" que pasamos el Trópico de Capricornio en diez y siete 
" grados y medio hacia dicho Polo y tu vinos el horizonte 
" levantado á cincuenta grados. " 

Es notable la concordancia de esta carta con las otras 
aun en este error que ya hemos demostrado — Es mate- 
rialmente imposible que hubieren alcanzado los cincuenta 
grados sin tropezar con las islas de Falkenand y sin notar 
las variaciones del clima frió — Por otra parte las leguas 
que se dicsn recorridas no dan esa latitud, ni menos el 
tiempo empleado en el viaje. 

Vespucio arribó en este viaje á ocho grados latitud 
Sud, esto es cerca de Pernambuco, de allí navegó pró- 
ximamente trescientas leguas al Swd, donde halló un 
Cabo, que está vuelto hacia medio día; trescientas le- 
guas dan quince grados que, sumados á ocho, dan veintitrés 
grados, latitud que corresponde á Cabo Frió; de este 
cabo, siguió algo la navegación, pero por mucho que si- 
guiese no podia ser arriba de ciento y tantas leguas, 
es decir siete grados mas; lo que nos dá una latitud 
de treinta grados y no cincuenta — es decir la latitud de 
Porto Alegre, como demostramos en el Capítulo XI — Un 
cinco puede confundirse con un tres, al menos es la 
cifra con que tiene mayor analojía de f^gurabilidad, y en 



APÉNDICE — OBSERVACIONES 139 

la escritura antigua mucho mas que en la moderna. 

En justificación citaremos las palabras textuales de 
Vespucio : 

" Fummo adunque tra noi de concorde parere di na- 
" vigare preso di questa Costa e di non lasciarla mai di 
«vista." 

" Navigamo adunque tanto, que giungemno á un certo 
" Capo di questa térra il quale é volto verso mezzo giorno, 
questo capo, dal luogo clove prima vede mino terrra e 
lontano forse trecente leghe. 

Hasta aqui se combina la razón con los hechos; agre- 
ga Vespucio: — "II capo di questa térra ferma ritrovata, 
" che volge verso mezzo giorno ci misse in magior de- 
" siclerio di cercarla e considerarla diligentemente. Si 
" che di comune consentimento fu deliberato di cercar 
" questo paese é intender i costumi e gli ordine di que- 
" Ha gente. 

" Navigammo adunque presso de la costa quasi seis 
" cientas leguas, bajando con frecuencia en tierra, etc. etc. " 

¿ Como deben entenderse esas seiscientas leguas ? 

Si del Cabo Frió, es decir de veintitrés grados, se 
navegan seis cientos leguas al sud se llegaría á la 
latitud cincuenta y tres, es decir á la altura del Estrecho. 
Pero fijémonos en el sentido preciso de la narración; es 
después de decir que resolvieron navegar adelante del 
Cabo Frío y de expresar el objeto de esa navegación que 
era conocer bien el pais; es después de concluido ese 
periodo, que dice, empezando uno nuevo: — "Nauigammu 
" adunque preso ddla costa quasi seis cientas etc. " 
Esto da á entender que se habla de la suma total de las 
leguas navegadas desde el punto de llegada; el advervio 
adunque indica resumen, conclusión, es advervio de 



140 ALIÉILICO xiiisvucio. 

modo que quiere decir: — por consiguió ¡de: — y tal adver- 
vio no se emplea para enumerar una nueva distancia, 
sino para reanudarla con otra anterior; esa frase quiere 
decir: navegamos por conMg alenté seiscientas leguas. 

En segundo lugar, no dice Vespucio, que esas leguas 
fuesen medidas exactamente, sino que las calculaba apro- 
ximativamente: — Navigammo adanque qnasi etc. — Asi 
pues, desde el grado ocho al veintitrés, van trescientas 
leguas; quedan trescientas mas del cálculo de Vespucio, 
<ie las cuales debe deducirse las que se incluyen por error 
ya que él mismo dice que eran calculados aproximativa- 
mente y deben deducirse tantas, cuantas demuestra la 
relación del clima y del tiempo empleado en este viaje 
que no duró sino quince meses, según el íinal del Ca- 
pítulo III. de la carta á Soderini, tiempo insuficiente piua 
llegar basta el Estrecho. 

Debemos exponer aquí qm en esta carta de Vespucio 
se lee un párrafo que aparentemente se opone á nuestra 
demostración — Ese párrafo es ei siguiente: 

" Adunque, siceome ho predetto, da Lisbona, ('onde 
" ci partimmo, la quale é lontana dalF Equinoziale 
6 - verso tramontona quasi per quaranta gradi, navigammo 
" insino á quel paese che é di la dalP Equinoziale, cin- 
" q nauta* gra li, i quali somati faranno il número di no- 
6Í vanta, il qual número é la quarta parte del grandissimo 
'• cercólo, secondo la vera razione del número insegnataci 
< " dagli antichi. A tutti é adunque manifestó, noi aver 
" misurato la quarta parte del mondo. " 

Según este párrafo parece que el grado cincuenta no 
ha sido error de copia, sino error de cálculo del mismo 
Vespucio, — pero la autenticidad de este párrafo es muy 
poco admisible; — en primer lugar, los grados que aquí 



ape-n'diok— ob ^rvaci'^gs. 141 

aparecen en letras, se leen en cifras en todas las rela- 
ciones del navegante florentino; en segundo lugar, no es 
taatilo cuyo recapitular en párrafos sucesivos lo demostrado 
ea párrafos anteriores; en tercer lugar, Lisboa no está 
oü ios cuarenta grados latitud Norte, sino en treinta y 
ocho grados y cuarenta minutos: en cuarto lugar, si el 
mismo Vespucio empieza el párrafo reconociendo que esa 
latitud no es exacta, no puede concluir diciendo que 
había medido la cuarta parte del meridiano exacta- 
oliente, sino casi la cuarta parte; y si al arco que mi- 
dió Vespucio hay que rebajarle cerca de dos grados, de 
parte de la latitud septentrionaal — ¿Con cuanta mas ra- 
zón deberá bajarse el número de grados de parte de la 
latitud Sud, mucho menos conocida en aquellos tiempos? 

En quinto lugar no se ven en esta carta voces espa- 
ñolas ó españolismos, como en las anteriores, porque el 
editor de este códice, ha reducido el texto á vulgar len- 
gua Toscana, prueba evidente de que ha habido altera- 
ciones en esta edición. 

La mano estúpida de los parciales de Vespucio se ha 
entrometido desde el siglo XVI á hacer alteraciones en 
sus escritos y esta oficiocidad indigna de quien pretende 
escribir la historia, es la que mas ha perjudicado la 
fama del pobre Américo, — que en este párrafo ha querido 
decir, sin escribir en letras el número de grados, que ha 
medido un arco del meridiano, muy cerca del cuadrante 
ó de los noventa grados. 

Por confuso que sea un documento y por mas que 
quiera alterársele, siempre queda un rastro que la sana 
crítica aprovecha, como de la luz extinguida, suele que™, 
dar una chispa que basta un soplo para reanimarla^ 

En este caso, quedó el déficit de la latitud de Lis- 



142 AMÉ RICO VESPUCIO. 

boa y la palabra — quasi — usada al principio del párrafo 
y estos rastros, unidos con la combinación de climas y 
de tiempo empleado en el viaje, nos han traido sin es- 
fuerzo al descubrimiento de la verdad. 

Es pues evidente que Vespucio no navegó sino hasta 
el grado treinta latitud Sur, á la altura de Porto Alegre 
y es evidente también que desde Lisboa, á treinta y ocho 
grados, cuarenta minutos hasta este punto, mensuró un 
arco del meridiano de mas de sesentn y ocho grados -ó 
casi el cuadrante del mismo. 

Tal es nuestra opinión y los que quieran leer todos los 
textos de las relaciones de Vespucio, pueden consultarlos 
en la obra del Sr. Varnhagen que se halla en la Biblioteca 
Provincial de esta Ciudad. 



FIN DEL .\PENDICE. 



ÍNDICE 



pág. 

Advertencia V. 

INTRODUCCIÓN. 

Los mares unen y no separan los Continentes — La navegación 
es tan antigua como la humanidad misma — Europa, tierra de 
promisión de los antiguos — América, tierra de promisión de 
los modernos — Exploración terrestre del Asia — Marco Polo 
— Camino marítimo — Gran problema económico — Grandes 
descubrimientos 1 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Teoría del descubrimiento — Pablo Toscanelli — El descubrimiento 
de América como revolución geográfica y económica — Teoría de 
Toscanelli — Viaje de circunvalación — Itinerario— Cálculo de las 
distancias 5 

CAPITULO II. 

Cristóbal Colon — Su residencia en Lisboa — Correspondería con 
Toscanelli sobre las tierras incógnitas — Época en que resolvió 
llevar á la práctica esas teorías — Viaje á los mares septentrio- 
nales — Proposición al rey de Portugal — Rechazo — Partida á 
España. . » 11 

CAPÍTULO III. 

Situación de la Esparía — Reinado de Don Eernando y Doña 
Isabel — Anarquía — Guerra civil — Fanatismo — Restablecimien- 
to de la Inquisición — Influencia del Clero — Expulsión de los 
judios y moros — Odios entre España y Portugal 17 



— 144 - 

CAPITULO IV. pág. 

Los Conventos — Llegada de Colon á él de la E avila — Opinión de 
algunos autores — Colon en la Corte — Examen de su proyecto 
■ — ¡Su rechazo — Nuevas tentativas—Proyecto de marcha — Caria 
del Bey de Francia — Aceptación de su proyecto en principio 
■ — Inconvenientes en la práctica — Aceptación deíinitiva del 
proyecto 25 

CAPÍTULO V. 

Aprestos para la marcha — -¡A que poco costo adquiría la Espa- 
ña un mundo! — Partida de la expedición — Derrotero — Des- 
cubrimiento — Asombrosos errores — Desviación de la brújula — 
Verdadero descubrimiento de Colon 33 

CAPITULO VI. 

Divagación por el archipiélago de las Antillas — Pérdida de la 
nave principal — Deserción de la '-Pinta'" — Viaje de regreso — 
V Escala en Portugal — Felonía de Pinzón — Coincidencias favo- 
rables para la España— -Célebres doctrinas respecto alas tierras 
do infieles — Bula de demarcación — Triunfos de la diplomacia 
portuguesa 31) 

CAPITULO VIL 

Segundo viaje de Colon — No fué de descubrimiento sino de 
colonización — Crueldad de los Españoles — El Padre Las Casas — 
Licencia para hacer nuevos descubrimientos — Su modificación 
— TercerSúaje de Colon — Su conjetura de que la fierra descu- 
bierta fuese un continente — Ojeda, y su expedición en 1491) 
— Pedro Alonso Nuñez — Vicente Yanez Pinzón — Diego Lope — 
Itodrigo Bastidas — Pedro Alvarez de Cabral — Cuarto viaje de 
Colon — Américo Vespucio 47 

CAPITULO VIII. 

Florencia — Monumentos á Vespucio — Obras escritas sobre él — 
Nacimiento y familia de Vespucio — Su relación con Lorenza 
el Magnifico — Comisionado por este, parte á España — Época de 
esta partida — Como fueron utilizados sus conocimientos. ,33 



— 145 — 

CAPITULO IX. pág. 

Silencio de los autores contemporáneos de Yespucio — Pedro Mar- 
tire — Dacada í£osto — Historia escrita por Don Fernando Colon 
— Gronzalo de Oviedo— Francisco López de Gomara — Antonio 
Herrera — Como considera á Vespucio — Eelacion del viaje de 
Ojeda 59 

CAPITULO X. , 

Américo Yespucio, único historiador original de sus viajes — Su 
mas antiguo documento — Carta dirigida á Lorenzo de Medici 
— Juicio sobre ella — Comparación con la carta dirigida á Pedro 
Soderini — Antedata de este documento — Inocencia de Yespucio 
en esa antedata 65 

CAPÍTULO XI. 

Obra del Sr. Yarnhagen — Error en que ha incurrido — Expli- 
cación que dá á los viajes de Yespucio — Aceptación de la 
carta dirigida á Soderini — Error de la latitud — Se demues- 
tra este error — Supone que Yespucio hiciera un quinto y 
sexto viaje — Se rechaza esta suposición 71 

CAPITULO XII. 

Por que no se hicieron descubrimientos hasta 1499 — Yespucio 
en la expedición de Ojeda — Partida de la expedición — Pun- 
to de llegada y punto de conclusión de este viaje — La Línea 
Equinoccial -Método de Yespucio para tomar la latitud y 
longitud — Error en que incurrió — Resultados de este pri- 
mer viaje \ . . . 81 

CAPITULO XIII. 

Segundo viaje de Yespucio — Dificultades para establecer su data 
— Fué un viaje de rectificación — Explicación — Invitación del 
Rey de Portugal— Tercer viaje — Punto de llegada — Explo- 
ración hasta los treinta grados — Cuarto viaje — Fué también 
de rectificación — Bahia de Todos Santos — Primera coloniza- 
ción Brasilera — Bahia de Cabo Frió — Regreso á España — 
Nombramiento de Piloto Mayor del Royno— Muerte de Yespucio. 89 

20 



— 146 — 

CAPITULO XIV. pág. 

Quien merecía haber dado su nombre al Nuevo Mundo — Ino- 
cencia de Vespucio — Cuando apareció el nombre de América 
— Opiniones sobre este nombre — Carácter de Vespucio — No- 
bleza de sus sentimientos — Paralelo entre Colon y Vespucio. 97 

APÉNDICE. 

I Carta á Lorenzo el magnífico hijo de Pedro Francisco de 

Medice 105 

II Carta á Pedro Soderini 119 

Primer Viaje 121 

Segundo Viaje 125 

Tercer viaje 128 

Cuarto Viaje 131 

III Extracto de dos cartas dirigidas por Américo Vespucio á Lo- 

renzo de Medici con observaciones críticas sobre ellas. 135 



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